El verdadero mensaje de la andanada tuitera
A Puerta Cerrada
Por: Jorge Rodríguez
Que un columnista escriba que el PAN del entonces gobernador Rafael Moreno Valle operó políticamente en favor del PRI y de Enrique Peña Nieto en la elección federal de 2012, es una cosa, solo un trascendido que puede ser acusado de mera especulación, pero que lo diga Fernando Manzanilla Prieto, es otra.
Manzanilla fue titular de la Secretaría General de Gobierno y jefe de gabinete al mismo tiempo que transcurría el proceso electoral federal de 2012.
Al margen de que, con su silencio, haya compartido o no una parte de responsabilidad y complicidad en el hecho, su participación en la zona medular del gobierno morenovallista le otorga un peso especial a sus afirmaciones.
Si Manzanilla acusa que Moreno Valle apoyó a Peña Nieto en ese año, algo de cierto habrá.
Pero ese no es el punto relevante esta vez, que, en efecto, no es nuevo.
Lo sucedido en la red social twitter anticipa aquello que tendrán que enfrentar los dirigentes del PAN en los comicios locales del 2018.
Los panistas que despachan en el Comité Directivo Estatal, con Jesús Giles y Martha Erika Alonso a la cabeza, combatirán a un grupo heterogéneo de viejos y dolidos enemigos del morenovallismo dispuestos a unirse en torno a una causa común: el descalabro electoral de sus próximos candidatos.
Ayer, después de que Jesús Giles difundiera en redes sociales la expulsión que el partido procesa en contra de 73 militantes, por haber apoyado la candidatura independiente de Ana Teresa Aranda en los comicios de 2016, Manzanilla preguntó si esa misma suerte correrían los panistas que en 2012 habían operado por Peña Nieto.
Giles intentó responder pero evadió el cuestionamiento central, lo que llevó al ex secretario general de gobierno, ahora activo de Morena, a lanzar otros tuits, que terminaron por dañar al presidente del partido.
El asunto no paró ahí.
Tras la andanada de Manzanilla llegó otra, de Juan Carlos Mondragón.
Aquí el pleito tuitero se fue a otro nivel.
Giles lanzó una amenaza velada en contra del ex dirigente estatal del partido: “pronto tendrás noticias”, escribió.
Después, Mondragón llamó “Titino” a Giles y Giles llamó “Winnie” a Mondragón.
Se dieron con todo.
Pero otra vez, esto no es lo trascendente.
Que se acusen de traidores, como Giles calificó a Manzanilla, y se burlen unos de otros, quedará solo para el anecdotario.
El fondo de las trompadas tuiteras es lo que anuncia.
Manzanilla, desde Morena, y Mondragón, desde el panismo tradicional, que juega para las aspiraciones personales del ex alcalde Eduardo Rivera Pérez, dedicarán tiempo y esfuerzo a tratar de minar las capacidades electorales de lo que queda del morenovallismo, que aún es mucho, para el 2018.
Eso es lo que desde ayer mismo debieron haber registrado Giles y Alonso en su diario de alertas políticas para la nueva contienda.
El domingo fueron Manzanilla y Mondragón, pero en el camino irán sumándose otros más.
Antiguos aliados que se convirtieron en rivales podrían ser, incluso, más peligrosos, en términos electorales, que el mismísimo PRI.
Twitter: @jorgerdzc
Correo: [email protected]
