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El exceso de confianza también cabe en Morena

El exceso de confianza también cabe en Morena

A Puerta Cerrada

Jorge Rodríguez

¿Se ha preguntado por qué de repente muchos de los personajes políticos del estado quieren convertirse en candidatos del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), cuando apenas el año pasado le juraban lealtad y amor eterno a una camiseta partidista completamente diferente?

¿Será que esos políticos profesionales ven en la figura de Andrés Manuel López Obrador al verdadero salvador del pueblo mexicano, al virtual presidente de la república que combatirá y acabará en solo seis años con la injusticia, la violencia, la pobreza y la marginación social?

¿Compartirán acaso el ideario de Morena, que, al menos en sus escritos, busca crear “un México plural, incluyente y solidario; un México fraterno donde la diferencia sea la virtud y la diversidad riqueza; un México donde el trabajo de todos, a todos beneficie”?

Claro que no.

Ninguno de los personajes que han alzado la mano para sumarse a Morena o que se han parado en los mítines junto a López Obrador lo ha hecho por una causa patriótica, por un motivo distinto al interés personal.

A fin de cuentas políticos profesionales, es decir, que viven de ello, se han acercado al partido del tabasqueño por dos causas fundamentales.

Una, porque se saben sin cabida en sus partidos de origen para ser postulados al cargo de elección popular que buscan, y dos, porque conocen del potencial que hay en Morena para erigirse en el instituto ganador de la contienda electoral del 2018.

A la mesa de un restaurante del corredor gastronómico de la Juárez, un priista de reciente conversión al lopezobradorismo mostraba al autor de esta columna los números de las elecciones federales de 2006 y 2012 conseguidos por el “Peje” en Puebla.

Lo hacía desbordado en optimismo, convencido de que esas cifras eran un claro indicador de lo que ocurrirá en el estado en 2018.

En 2006, recordó el interlocutor del reportero, López Obrador, como candidato a la presidencia de la alianza formada por los partidos PRD, PT y Convergencia, obtuvo en Puebla 639 mil 659 votos, solo 104 mil 172 menos que Felipe Calderón Hinojosa, del PAN, y 179 mil 476 más que Roberto Madrazo, del PRI.

En seis años, agregaba el político tricolor, el fundador de Morena pasó del segundo al primer sitio, con todo y la intentona del entonces gobernador Rafael Moreno Valle para hacer ganar al PRI.

Esa vez, en 2012, López Obrador se hizo de la victoria en Puebla con 859 mil 110 votos. En segundo lugar quedó Enrique Peña Nieto, del priismo, con 854 mil 382 sufragios, y en tercero Josefina Vázquez Mota, del PAN, con 640 mil 977.

Esto explica parte de la exaltación de ánimos que ha invadido a los neomorenistas poblanos, que, sumada al resquebrajamiento del PRI y a la falta de cuadros en el PAN, con excepción de Martha Erika Alonso (de Moreno Valle) y quizá de Eduardo Rivera (de Margarita Zavala), los lleva a dar por sentado el triunfo de su nuevo partido.

Tienen razón, pero a medias.

Olvidan que, con todo y su triunfo de 2012, López Obrador ha sido incapaz de conseguir un voto unificado para todos los candidatos que lo han acompañado en las boletas electorales.

Eso no ha sido culpa del tabasqueño, sino de una mala selección de abanderados.

Salvo el caso del ex gobernador Manuel Bartlett, que como candidato a senador sí hizo campaña y recorrió el estado en los últimos comicios federales, el resto de los abanderados, tanto en 2006 como en 2012, se cruzó de brazos para esperar que la corriente los llevara derechito y sin esfuerzos al Congreso de la Unión.

El resultado fue de un fracaso absoluto.

La soberbia y el exceso de confianza podrían hacer que eso mismo suceda en 2018.

Si ganara el “Peje” la elección presidencial en Puebla, nada garantiza que, en ese hipotético escenario, pueda remolcar a los demás abanderados, entre ellos el candidato a gobernador.

Usted podrá decir que el Movimiento de Regeneración Nacional escogerá a los mejores hombres y las mejores mujeres para ir a la contienda electoral de 2018.

No se fíe.

Ya en 2016 tomó una muy mala decisión al postular a Abraham Quiroz Palacios como su candidato a minigobernador.

El error podría repetirse.

Más todavía si entre sus opciones aparecen cartuchos quemados, o de dudosa reputación, del PRI, del PAN, del PRD y hasta del morenovallismo.

Twitter: @jorgerdzc