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Hasta el último momento Moreno Valle buscó opacar a su sucesor

Hasta el último momento Moreno Valle buscó opacar a su sucesor

Cuitlatlán

Por Fermín Alejandro García

El evento de sonido, luces, juegos pirotécnicos con que anoche Rafael Moreno Valle Rosas cerró su sexenio es un acto de megalomanía con el que rompió las formas, las reglas no escritas de urbanidad política y de equilibro del poder, ya que tuvo por propósito opacar al nuevo gobernador, Antonio Gali Fayad, y mandar el mensaje entre líneas de que él seguirá mandando en Puebla.

Este día será clave para saber qué tanto Moreno Valle dejará en plena libertad a su sucesor para encabezar el Poder Ejecutivo estatal.

Si Moreno Valle no adopta una actitud discreta, en segundo plano, sin tomar la palabra o robar la atención en el acto de protocolario en que Antonio Gali Fayad rendirá protesta como nuevo titular del Poder Ejecutivo –en un evento programado a las 12 del día en el Auditorio Metropolitano–, estará buscando dejar en claro que ha creado un maximato donde él seguirá tomando las decisiones en la gubernatura del estado.

Y estará rompiendo con las reglas no escritas de las transiciones de poder, en la cual el gobernante saliente se retira discretamente de los reflectores y deja que el nuevo mandatario sea la única voz, imagen y mando que prevalezcan.

A lo largo de sus seis años de mandato, Moreno Valle nunca respetó las reglas de urbanidad política. Siempre que acudió a los informes de gobierno del alcalde de la ciudad de Puebla tomaba la palabra para ser protagónico, ya que era quien daba el discurso más largo, hacía los anuncios más importantes, se movía a los largo de toda la escenografía oficial y minimizaba la participación del edil en turno.

Ese comportamiento era un abuso y una muestra representativa de que era Moreno Valle quien tomaba las decisiones importantes en el ayuntamiento de la capital.

Dicha escena sería inaceptable que se reprodujera en la trasmisión del poder entre Moreno Valle y Gali Fayad, partiendo de un aspecto esencial: le guste o no le guste a Rafael Moreno Valle, desde el primer minuto de este miércoles 1 de febrero dejó de ser el gobernador constitucional del estado de Puebla; ya no es servidor público y no existe ninguna justificación jurídica para que intervenga en un acto oficial.

La actitud de retraimiento de Moreno Valle, como mínimo, tenía que haber iniciado el pasado fin de semana, cuando Gali anunció la conformación de su nuevo gabinete.

Tradicionalmente el anuncio del nuevo gabinete por parte de quien va a tomar el cargo de jefe del Poder Ejecutivo ya era el arranque de su protagonismo como próximo gobernante. Era la primera pincelada llena de realidad que definía cuál iba a ser el matiz, el rumbo, la orientación de su administración.

Y a partir de que se anunciaba el gabinete, el gobernante saliente empezaba a disminuir su presencia, para acabarse de difuminar el día que tomaba protesta su sucesor.

Ahora ese protocolo se ha trastocado.

Empezando por la pobre presentación del nuevo gabinete, que no mereció ni siquiera una rueda de prensa de algún vocero.

Luego Moreno Valle ha buscado realizar todo tipo de eventos para opacar al futuro gobernante.

Su actividad no se ha reducido a realizar inauguración de obras, sino a todavía estuvo tomando disposiciones sobre ayuda a poblanos migrantes en Estados Unidos a pocas horas de que dejara el cargo.

Para mostrar su fuerza, obligó al Congreso a seguir aprobando asuntos que abonan su poder político personal. Como fue el nombrar este martes a dos nuevos magistrados del Tribunal Superior de Justicia que están vinculados con su esposa, Martha Erika Alonso, quien además ya trabaja para ser candidata a la gubernatura en el año 2018.

Para rematar su falta de respeto a las formas estuvo la fiesta de ayer en la noche, la cual se realizó en la pirámide de Cholula, en donde brotó uno de los movimientos opositores más importantes al morenovallismo.

Dicho festejo fue una despedida que el mismo Moreno Valle se organizó para que le rindiera honor la clase política local, que incluyó al priismo poblano que se supone es la principal fuerza de oposición.

Moreno Valle se va de Puebla, pero quiere seguir mandando.

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