De estrategias, estados de ánimo y espejos mexiquenses rumbo al 2018
A Puerta Cerrada
Por: Jorge Rodríguez
Esa es la palabra que parece haber elegido Luis Banck Serrato para conducir su actuación pública en los meses previos a la salida del gobierno del estado de Rafael Moreno Valle y la toma de protesta de José Antonio Gali Fayad.
Si se cuenta usted entre los críticos del presidente municipal de Puebla por el bajo perfil con que ha manejado su imagen personal hasta ahora, reconsidere su postura.
Entre los colaboradores de mayor confianza del alcalde se asegura que eso de restringir la agenda mediática responde a una estrategia cuyos objetivos tienen que ver con el respeto a las investiduras de Moreno Valle y Gali.
Tanto el gobernador en funciones como el mandatario electo han pedido a los aspirantes a un cargo de elección popular, pero principalmente a aquellos que pretenden ocupar Casa Puebla en 2018, que caminen silenciosos hasta el relevo del 1 de febrero.
Banck, que pretende extender su carrera política más allá del gobierno de la ciudad de Puebla, parece haber asimilado bien los mensajes.
En los pasillos del Palacio Municipal se cuenta que, en atención al plazo marcado por los dos gobernadores, el edil planea volcarse a la exposición pública justo después de que Gali asuma la gubernatura el primer miércoles de febrero.
Eso explica el bajo perfil de Banck.
No obstante, las mismas fuentes afirman que el que no sea visto en medios no significa que permanezca inmóvil, sin hacer trabajo político.
Su gente asegura que, mientras llega el cambio de titular en el Poder Ejecutivo, él opera y hace alianzas con grupos y liderazgos de la sociedad civil que más adelante le servirán para recuperar el terreno en apariencia perdido.
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Quien no muestra ningún indicio de aflicción por la ventaja que le llevan Margarita Zavala y Ricardo Anaya en todas las encuestas de posicionamiento preelectoral, con miras a la contienda presidencial de 2018, es Rafael Moreno Valle.
El gobernador poblano luce confiado y hasta entusiasmado con aquello que, cree, le depara el futuro.
Cuentan que, en pláticas privadas, con amigos y colaboradores, Moreno Valle ha llegado a comparar el contexto político de la elección de gobernador que disputó en 2010 con la de presidente de la república que se avecina en 2018.
Si bien ha reconocido que la definición de candidato al interior del PAN es la aduana más compleja que tiene por delante, donde desde ahora compite contra la esposa del ex presidente Felipe Calderón y el dirigente nacional de su partido, considera que la consumación del objetivo, ser el sucesor de Enrique Peña Nieto en Los Pinos, es una tarea menos difícil que la que se planteó para el 2010 aquí en Puebla.
Eso es lo que piensa Moreno Valle y lo que invade de optimismo a sus generales en el frente de batalla.
Se podrá estar o no de acuerdo con ello, pero los integrantes del equipo del gobernador usan dos explicaciones para tratar de argumentar el origen de sus buenos pronósticos.
Una, el evidente desmoronamiento del PRI como opción de gobierno para los electores del país.
Y dos, la relación personal de su jefe, Moreno Valle, con el presidente Peña Nieto, que, aseguran, se encuentra en su mejor momento.
Así es como miran en prospectiva, desde dentro del equipo de precampaña, al gobernador poblano, comenzando por él mismo.
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Aquello que ocurre en el Estado de México, en la antesala de la definición del candidato del PRI al gobierno de la entidad, debería ser observado con lupa por los tricolores poblanos.
De un día para otro, después de meses de no figurar en ninguna de las listas que los analistas profesionales armaban y desarmaban para tratar de adivinar al futuro abanderado del PRI, un poderoso funcionario, amigo de Peña Nieto, apareció en escena.
Francisco Guzmán Ortiz, jefe de la Oficina de la Presidencia, es ahora el puntero en la feria de especulaciones de aquel estado.
Al funcionario federal se le considera hoy el ‘delfín’ de Peña Nieto para suceder a Eruviel Ávila gracias a recientes visitas que ha hecho al Estado de México, en calidad de representante del Presidente, para entregar despensas y tarjetas electrónicas, con dinero en efectivo, a ciudadanos afines al PRI.
No hay que perder de vista el desenlace de la elección en aquella entidad.
Lo que suceda con Guzmán Ortiz podría ser un aviso de lo que podría pasar, un año más adelante, aquí en Puebla.
Solo habría que buscar, hasta en lugares impensables, las ligas de alguno de los colaboradores más cercanos a Peña Nieto con el estado.
Ahí podría radicar un precandidato a gobernador en potencia.
(Eso, claro está, siempre y cuando exista en Los Pinos la intención real de ganar Puebla en el 2018).
@jorgerdzc
