De marchas famélicas y mensajes de reconciliación
A Puerta Cerrada
Por: Jorge Rodríguez
Ni la férrea convocatoria realizada por la Iglesia Católica a través de sus sacerdotes ni la instrucción dictada en algunas instituciones educativas de orden religioso para obligar a sus estudiantes a asistir, lograron que la ‘marcha en defensa de la familia’, que en realidad fue una marcha contra la comunidad gay, cumpliera su objetivo.
De las presuntas 100 mil personas que el sábado inundarían las calles del centro histórico para protestar en contra de los matrimonios igualitarios y del derecho a la adopción por parte de estas parejas, llegaron menos de ocho mil.
La escasa asistencia, en relación a las previsiones, representó un descalabro para el autodenominado Frente Nacional por la Familia, pero principalmente para la Iglesia Católica y su máximo jerarca en el estado, el arzobispo Víctor Sánchez Espinosa, que sin éxito intentó hacerse pasar como un simple participante del movimiento.
Durante semanas se dijo que la Iglesia no participaba como organizadora ni promotora, aun cuando todas las señales indicaban lo contrario.
Víctor Sánchez sabe bien de las dificultades de comunicación y conexión que existen entre la institución que encabeza y sus feligreses.
Por eso fue que, una vez instalado en la silla principal del arzobispado, emprendió salidas a pueblos y comunidades con el fin de restablecer la empatía perdida.
La convocatoria del sábado dejó claro que falta mucho por hacer.
Al margen de la cantidad de participantes que se sumaron a la protesta contra la iniciativa presidencial que busca legalizar las bodas entre personas del mismo sexo, vale resaltar que la marcha reunió a unos cuantos integrantes del panismo tradicional.
Hubo pocos liderazgos panistas, pero los hubo.
Ahí estuvieron el regidor Juan Carlos Espina Von Roehrich, el diputado local Pablo Montiel Solana, el dirigente municipal del PAN Pablo Rodríguez Regordosa y la esposa del ex presidente municipal de Puebla, Eduardo Rivera Pérez, y ex directora del DIF municipal, Liliana Ortiz Pérez.
Quizá cuestionables por su formación e ideas conservadoras, pero congruentes con ello.
***
La cena de aniversario de Efekto10 Noticias sirvió para reforzar aquellas teorías que miran en la futura administración de José Antonio Gali Fayad un giro en la relación del gobernador con las fuerzas políticas del estado.
En el discurso de felicitación dirigido a los anfitriones del festejo, el mandatario electo reiteró el mensaje de reconciliación que ha expresado en varias ocasiones y desde distintos foros después de ganar las elecciones del 5 de junio, pero con una variante.
A diferencia de otras ocasiones, esta vez tuvo de frente a militantes y dirigentes del PRI, y hacia ellos se dirigió.
Ofreció dejar atrás cualquier clase de revanchismo y llamó a sus anteriores rivales a hacer lo mismo, a olvidar la disputa electoral.
No había muchos priistas, pero con los que estaban bastaba para mandar el mensaje.
Ahí andaban, atentos a las palabras del gobernador electo, Juan Carlos Lastiri Quirós, Javier López Zavala, Silvia Tanús Osorio, Enrique Doger Guerrero y José Chedraui Budib.
Como para no dejar dudas acerca de la intención de sus palabras, a la hora de los saludos, con micrófono en mano, Gali Fayad mencionó a Doger Guerrero, a quien llamó “amigo”, y al hiperactivo subsecretario de la Sedatu, Lastiri Quirós.
El gesto sorprendió a la concurrencia, que más tarde, un tanto en serio y un tanto en broma, se preguntaba si Gali Fayad habría hecho lo mismo en caso de haber tenido a Jorge Estefan Chidiac entre los invitados.
La recomposición o el rompimiento definitivo de relaciones entre estos dos personajes, Gali y Estefan, que jugaron las contras y de manera muy radical en los pasados comicios, es uno de los temas que más expectativa genera en la clase política, de cara al nuevo gobierno.
@jorgerdzc
