Informe de gobernador con colegas deprimidos
La Quinta Columna por Mario Alberto Mejía
El gobernador Mariano González Zarur se movía desde su asiento en la primera fila.
Estaba incómodo.
Comparaba sin querer el estado tan lamentable de Tlaxcala con el informe del gobernador Rafael Moreno Valle.
Pensaba, inevitablemente, en los años perdidos.
En las quejas de los empresarios.
En la ausencia total de obra en una entidad en la que su hijo, Marianito, es el que tercia en los negocios, el que dice la última palabra.
(Mariano hijo se quedó con la Cheyenne: él la maneja, él la ha llevado al basurero).
Desde su posición de taurino, Mariano padre pensaba también en sus toros de lidia para evadirse del informe.
Y comparaba públicos.
Y se rascaba el bigote.
Su frustración era la mejor fotografía de un priista en tierras poblanas, a unos metros de donde Toyo Ito -premio Pritzker de arquitectura- sembró una metáfora convertida ahora en el Museo Barroco.
A unos asientos, Gabino Cué, gobernador de Oaxaca, prefería platicar para no caer en el desánimo de González Zarur.
Habló y habló buena parte del informe para no pensar en Oaxaca y sus conflictos.
Y cuando no hablaba con un interlocutor mudo, chateaba con alguien.
Y cuando no chateaba, cerraba los ojos y se cruzaba de brazos y piernas: un Houdini local que no quiere recordar lo que dicen de él los empresarios oaxaqueños: "Cinco años perdidos. Y falta uno".
Del otro lado de la sede del informe estaban los hombres de dinero en Puebla y alguno que otro empresario yunquista.
Los mismos que un día antes comieron y dialogaron con el periodista Pascal Beltrán del Río en un privado de Casareyna.
Los mismos que dijeron que a pesar, de sus diferencias con Moreno Valle no dejan de admitir que Puebla cambió brutalmente en estos años.
Los mismos que aseguraron que no quieren regresar al pasado marinista, donde lejos de hacerse obra pública se hizo un grave daño a la imagen del estado.
(Cómo olvidar que en el sexenio perdido las obras las hacían algunos periodistas que hoy detestan a Moreno Valle en la medida en la que extrañan a Marín. Muy malthusianos los señores).
Ahí estaban, con sus diferencias de forma, aplaudiendo el informe del gobernador los Yunques y Asociados.
Ahí estaban también Tony Gali y Blanca Alcalá, quienes se verán las caras el 5 de junio próximo.
Ella llegó con Rosario Robles y un séquito de porristas en el que cabían Víctor Giorgana y Juan Carlos Lastiri.
(Enrique Doger no acudió: prefirió lamerse las heridas vía Twitter).
Tony, en cambio, arribó sólo con su esposa Dinorah.
A la ceremonia de los adioses prematuros no faltaron quince gobernadores, varios senadores, dos dirigentes nacionales de partidos, el Jefe Diego, Santiago Creel, don Melquiades, don Mariano, don Guillermo -tres exgobernadores, tres-, y Rosi Orozco, baluarte en el tema del combate a la trata de personas.
Ricardo Anaya fue de los más asediados.
-¿Habrá alianza del PAN y el PRD en Puebla? -le preguntaban.
-Estamos en eso, estamos en eso -fue la respuesta permanente.
Terminando el informe salió en avión a Colima para apoyar al senador, con licencia, Jorge Luis Preciado.
Desde Colima, por cierto, viajaron la noche del jueves con dirección a Puebla Eukid Castañón y un buen número de diputados federales del PAN.
El viernes muy temprano desayunaron en el Camino Real La Vista y luego llegaron a la metáfora creada por Toyo Ito, en donde antes estuvo un tiradero llamado Valle Fantástico, propiedad, faltaba más, de un compadre de Manlio Fabio Beltrones.
Más tarde, Castañón y Roberto Borge no dejaron de hablar.
Antes y después del informe.
Incluso acompañó al gobernador de Quintana Roo al aeropuerto.
En el ambiente estaba la reciente aprehensión, en Madrid, del exdirigente nacional del PRI Humberto Moreira.
No pasaron tres minutos para que los priistas, fieles a su naturaleza, lo empezaran a negar.
Pronto vomitaron a su exlíder nacional.
(Lo han hecho con otros en el pasado.
No podía ser de otra manera).
En las mesas de la comida con el gobernador, la detención de Moreira fue el tema del día.
Ése y otro que incluye a Yolanda Andrade -conductora de Mojoe-en el clan Chapo-Kate del Castillo.
La gran película de los últimos días.
El informe del gobernador fue breve y novedoso.
Y es que al río de cifras y comparativos, incluyó una parte humana: la de los casos personales de ciudadanos poblanos que atravesaron situaciones críticas -en los temas educativo, laboral y de inseguridad- y que salieron adelante gracias al gobierno.
La familia de una persona secuestrada tiempo atrás acudió al informe junto con la víctima liberada.
Lo mismo hicieron tanto una chica de Ajalpan que está por graduarse vía la universidad a distancia como una comerciante de esferas de Chignahuapan quien ha empezado a ver la suya gracias a diversos programas de gobierno.
Las gráficas eran elocuentes: De color rojo, el sexenio perdido de Marín representado por una barra achaparrada por su propia realidad.
De color azul, la barra de los cinco años de Moreno Valle: elevada por el contraste brutal de obras, números y acciones.
El gobernador se mantuvo de buen humor a lo largo de la jornada, pese al clima de nostalgia que empezó a permear el acto.
No es para menos.
Y es que llegó a la antesala del sexenio: la hora, sí, de bajar la cortina.
Le queda, pues, un año de gobierno.
Ni un minuto más.
Ya en la mesa principal, el gobernador compartió el mole con los gobernadores de Chiapas y Querétaro, y con varios senadores.
Los temas no podían ser otros: Colima, Veracruz, Tamaulipas y Puebla.
Los que Llegaron, los que No El rector Alfonso Esparza, lejos de la frivolidad de los Doger y los Agüera, se mantuvo discreto en el informe y en la comida.
Fiel a su estilo.
Tony Gali no paraba de saludar y de recibir adhesiones y aletazos de caguamo.
"Dame una cita", le pedían quienes lo ven con alas para Casa Puebla.
Y a cada paso, una nueva petición.
Gali se quedó sin agenda en los dos actos.
Blanca, en cambio, sólo llegó al primero.
Con eso bastó para ratificar unos inocentes tuits que quien esto escribe soltó el 4 de diciembre.
Desde la tercera o cuarta fila, Beto Jiménez Merino veía a lo lejos lo que pudo ser y no fue.
Ella y la titular de la Sedatu se fueron a comer a otro lugar.
En el pasado reciente, Rosario Robles fue su consultora en Sostén.
Ahí estaba Gaby Moreno Valle de Manzanilla -sin Fernando.
Luis Banck Serrato enfrentaba el asedio de empresarios y políticos priistas y panistas.
Algunos delegados federales - nostálgicos del marinismo- rumiaban mientras se llenaban las manos de mole.
Hubo uno que se limpió en el mantel para agraviar al morenovallismo.
Así se lo dijo a un comensal.
-¿Cómo es que vinieron al informe y a la comida si Beltrones les prohibió acercarse? -preguntó quien esto escribe.
-Beltrones nos prohibió, pero Osorio Chong nos dio permiso -se sinceró un priista.
Y uno más terció: "El patrón es Osorio. Beltrones sólo pone las botanas".
Ahí estaba don Luis Regordosa, figura señera del Yunque.
Los buenos negocios lo mantienen derecho y saludador.
En una mesa un consultor polémico y brillante: Roberto Arandia.
Siempre al lado de Gerardo Islas Maldonado, recién desempacado de Europa.
Diódoro Carrasco no se sentó en ningún momento.
Iba de aquí para allá haciendo gobernación en cada encuentro.
Un fantasma llamado Esteban Moctezuma cruzaba por las mesas saludando.
Era la viva imagen de quien pudo haber sido y no fue.
Alguien vio a Jaime Rodríguez, gobernador de Nuevo León, platicando con la marinista Ana Teresa Aranda y con Rafa Micalco.
-Dicen que El Bronco les confirmó su apoyo -dijo uno.
-Mejor que arregle el tiradero que trae en su entidad -respondió otro.
Ahí estaba, más que discreto, Roberto Moya.
En abierto contraste: Manuel Velasco, gobernador de Chiapas, que saludó a todo mundo.
No estuvo Manuel Bartlett, pese a que fue invitado.
Tampoco Mario Marín.
Dos exgobernadores que marcaron el pasado priista en Puebla.
Uno, señalado por la revista Proceso como testigo presencial de la muerte de un agente de la DEA.
Otro, señalado por la opinión pública nacional e internacional como primer actor del caso Marín-Cacho, que en febrero próximo cumplirá sus primeros diez años.
Notas.
Silencios.
Claves.
Alteraciones.
La antesala de lo que viene.
