¡Todos a Correr!: Llegó la Ley del Derecho de Réplica
La Quinta Columna por Mario Alberto Mejía
El periodismo mexicano es el rey de la impunidad y la inmunidad.
Basta con que alguien se diga agraviado para que las familias Soprano, Corleone, Barzini y Tattaglia hagan adhesiones inesperadas en sus columnas, en las redes sociales o en desplegados en los diarios.
El periodista en México va por el mundo pateando traseros en nombre de una libertad de expresión mal entendida.
Y es que se cree que dicha libertad está por encima del rigor periodístico.
Así, por ejemplo, cuando algún personaje público recurre a su derecho de réplica y envía una carta se enfrenta a los más surrealistas vericuetos.
De entrada, su réplica será publicada cuando al editor en turno se le hinche la gana.
Una vez que se le hincha ––hasta las vejigas más sanas algún día se hinchan––, suele enviar la famosa carta aclaratoria a la página más perdida del diario.
Ahí donde no llegan los lectores.
(Los editores a los que no se les hincha simplemente hacen mutis y no la publican).
Cuando la réplica se llega a publicar, viene una nueva tanda de coscorrones como respuesta airada.
Una tunda de la que comúnmente ya no se repone el supuesto agraviado.
Pero si se repone y vuelve a mandar una nueva réplica, su misiva entrará otra vez a ese túnel del tiempo en el que duermen la mona las cartas aclaratorias.
Una vez que al editor se le vuelve a hinchar, la carta aparecerá en los sótanos del periódico.
Y, siempre detrás suyo, con nuevos agravios a los ya sumados.
Este viernes 4 de diciembre a nivel federal empezará a regir una nueva ley: la del Derecho de Réplica, la cual, faltaba más, ya ha empezado a ser descalificada por los Corleone, los Soprano, los Tattaglia y los Barzini con el argumento de que es un nuevo atentado a la libertad de expresión.
Y es que esta ley trae como novedad que las réplicas tienen que publicarse en el mismo espacio en el que el supuesto agraviado recibió un daño moral.
En otras palabras: si el replicante fue atacado injustamente en la nota de ocho columnas, la carta aclaratoria tendrá que aparecer ahí.
En caso de que después de tres intentos al editor no se le hinche publicarla, el agraviado podrá acudir ante los tribunales para denunciar el hecho.
¿Resultado?
El cínico editor y su medio recibirán multas que van de los cien mil a los setecientos mil pesos.
Vayámonos acostumbrando a ver en las notas de ocho o en las columnas políticas decenas de cartas aclaratorias.
Lo que la ley no dice ––o no sé si lo diga por ahí en letras chiquitas–– es que si el agraviado no queda a gusto con la cabeza que anteceda a su carta podrá mandar una nueva réplica.
Si es el caso, la prensa mexicana se convertirá, sí, en el recipendiario cotidiano de réplicas y contrarréplicas.
Así, hasta el fin del mundo.
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