Lo que Marín sí le dijo a Beltrones
La Quinta Columna por Mario Alberto Mejía.
Más allá de las lecturas francamente ridículas que algunas plumas le dieron a la visita de Mario Marín Torres al CEN del PRI, hubo cosas que realmente sucedieron y que, hasta el momento, ningún espacio periodístico local ha consignado.
Comparto con el hipócrita lector lo que una fuente generalmente bien informada comentó ayer mismo en una mesa del influyente restaurante El Desafuero.
Apenas había salido el exgobernador de las oficinas del PRI -henchido de gozo, flatulento en su oratoria- cuando quienes escucharon su diálogo con Manlio Fabio Beltrones ya empezaban a narrar lo sucedido.
Palabras más, palabras menos, Mario Marín se fue a ofrecer con Beltrones como el "gran capitán" de la elección de 2016.
Así lo dijo textualmente.
Y "gran capitán" significa en términos operativos el estratega, el káiser, el Beckenbauer del PRI poblano: ese Mariscal de Campo que dejó de ser en 2010, cuando Moreno Valle y su equipo no sólo le ganaron la elección, sino que lo ridiculizaron y lo dejaron en el desamparo político del que no ha podido salir.
Claro está que Beltrones hizo todo lo humanamente posible para no carcajearse en su cara.
Y es que el exgobernador fue tan enfático cuando dijo aquello de que se ofrecía como el "gran capitán" que la escena por sí misma se convirtió en una estampa del humorismo involuntario.
Vino entonces, sin que se lo preguntaran, la recomendación sobre el "candidato idóneo" del PRI a la minigubernatura.
Y salió a relucir no el nombre de Enrique Doger -a quien le ha hecho creer que lo apoya indubitablemente-, sino el de Alberto Jiménez Merino: su verdadero candidato.
No escatimó elogios para su pollo capón: es inteligente, mesurado, discreto, estudioso, brillante, gente de bien.
Y aunque algunos de esos calificativos los tiene bien ganados, viniendo de Marín parecieron insultos.
Beltrones, juran, lo veía con esa sonrisita irónica que antes ocultaba su bigote a la Clark Gable.
No era para menos: ante sí tenía a uno de los políticos más desprestigiados de los últimos 100 años hablando como si fuera un prohombre del nivel de Lázaro Cárdenas.
Pero Marín no sólo fue a hablar bien de algunos.
También habló pestes de otros.
Y vaya que es un experto en eso.
Por ejemplo: vomitó algunas frases contra Doger y Blanca Alcalá.
Y más: contra Guillermo Deloya, su exsecretario particular.
De éste dijo que "no es el idóneo" para la mini, pues está muy verde.
El estilo Marín sigue vigente.
Faltaba más.
Piensa que hablando mal crucificará a algunos más como Melquiades Morales Flores, a quien tanto quiere y respetar el líder nacional del PRI.
Qué le vamos a hacer: es Marín y su circunstancia.
