Fernando Manzanilla, el diputado independiente
Desde sus tiempos de subsecretario de Egresos (el Don dinero de Melquiades Morales Flores), Fernando Manzanilla fue temido y respetado.
Su trato amable hacia afuera, sumado a su estricto control hacia adentro, le crearon una personalidad que ha mantenido hasta la fecha.
Uno de sus subordinados de esa época fue Jorge Aguilar Chedraui, quien es la carta más firme para ser el virtual coordinador de la bancada panista en la próxima –inminente- Legislatura local.
Amigos en un primer momento, tuvieron las suficientes diferencias como para terminar alejándose con el tiempo.
No obstante, con todo y eso ambos se volvieron a sumar al proyecto político de Rafael Moreno Valle en los tiempos aciagos del marinismo.
Mucha tinta ha corrido bajo las aguas mansas de la especulación.
Y todo hace suponer que Fernando rendirá protesta como diputado local, sí, aunque dividiendo su vida entre Puebla y la ciudad de México.
¿El fin?
Dedicarse a su familia, a sus negocios y a su actividad filantrópica, englobada en Imagina A.C..
Y si bien Antonio Gali Fayad es su amigo, sólo lo acompañará –activamente como lo ha estado haciendo- hasta el 15 de febrero.
No se integrará, pues, al ayuntamiento en ninguna posición.
Su destino inmediato es el mencionado líneas atrás.
No hay variaciones en su agenda.
O sí: su eventual incorporación al equipo de Juan Manuel Oliva, potencial candidato a la dirigencia nacional del PAN en caso de que se concrete una alianza que sume a Josefina Vázquez Mota y a Ernesto Cordero.
Como lo adelantó el columnista Alejandro Mondragón, Manzanilla se perfila para ser el coordinador de campaña de Oliva.
Algo más parece ser cierto: Fernando se quedaría en la nueva legislatura siguiendo un guión propio.
De entrada: no saldría de la bancada panista…
Por lo pronto.
La elección del nuevo dirigente nacional del PAN podría ser un parteaguas en su futuro inmediato.
Me explico: si gana Gustavo Madero, Manzanilla nada tendría que hacer en Acción Nacional, pero si el que se impone es Oliva su permanencia estará asegurada.
Eso sí: una vez convertido en diputado mantendría una actitud independiente, lejos de la beligerancia, pero cerca de la crítica.
No podría ser de otra manera.
Nuestro personaje ha cultivado sus armas en el jardín de la duda, que es el más sabio de los jardines.
Ya se sabe: los dueños de la verdad absoluta, los que jamás dudan, terminan por ser esclavos de sus certezas convertidas en errores.
Y el camino del infierno está empedrado de esas certezas absolutas.
Imagine el lector este escenario:
Aguilar Chedraui convertido en el coordinador de la bancada en la que se encuentra Fernando Manzanilla.
¿Qué futuro les ve?
¿Choque de trenes o miel sobre hojuelas?
Ni una ni otra.
Una relación inédita y singular.
De entrada: Fernando no sería un levantadedos.
No sería tampoco el Fernández Noroña de por aquí cerquita.
No lo veo tomando la tribuna para lanzar vituperios.
Tampoco lo imagino encadenándose a su curul en señal de protesta.
No.
Esa película no la veremos.
Lo que podríamos ver es a un diputado sonriente, dueño de su independencia y de su libertad y metido en el papel de ser un crítico responsable.
No lo veo como un enfermizo opositor a todo, sino como alguien que razonaría su voto minuciosamente.
Es decir: aprobaría lo que tenga lógica y reprobaría lo que no tenga sentido.
Y más: explicaría su voto de manera razonada.
Por lo pronto, Fernando no acudirá a la reunión que hoy sostendrán los diputados electos del PAN para elegir a Aguilar Chedraui.
Tampoco estará el viernes en la sesión en la que se votará la Mesa Directiva para el Primer Periodo Ordinario de Sesiones de la nueva Legislatura.
Sí, en cambio, rendirá protesta el 15 de enero, antes de que el gobernador Moreno Valle rinda su Tercer Informe de Gobierno ante el Congreso local.
Y si Fernando se queda, ¿qué buscará en los próximos años?
La respuesta tendría que ser tema de una próxima columna.
