Hijo de alcalde asesino hunde más en la miseria a familia de su víctima
Una casa de block sin cimientos -con piso de tierra, techo de lámina, una barda exterior de órganos (plantas de la zona árida de Tehuacán) y una puerta principal casi cayéndose, apenas sostenida por unos alambres- fue la morada de Manuel Noria, asesinado presuntamente por César Morales Cortés, hijo de su patrón Eduardo Morales Genes (actual edil de ese municipio), al que dedicó los últimos 20 años de su vida.
La casa de Manuel donde ahora reside la viuda y sus dos hijos más pequeños, Manuel de 15 y Jesús de 12 años, se limita a una rústica construcción de 6 por 5 metros, que lo mismo guarda endebles muebles para ser doble recámara, sala y cocina.
En su reducido patio, con unos cuantos adoquines sobrepuestos, está la cruz de madera con su nombre, que es velada todos los días, porque la tradición es hacer un novenario para pedir por su alma. Con la misa que viene el 10 de septiembre terminará el ciclo religioso de 9 días.
La cruz será colocada en la tumba de tierra donde recibió el último adiós. Esa cruz representa muchos recuerdos para sus familiares.
La vivienda de Manuel –en 6 Poniente casi esquina con 13 Poniente- está a escasos 150 metros de la mansión de los Morales -en 9 Norte esquina con 6 Poniente- en la que desde el primero hasta el último día de trabajo, laboró con mucho entusiasmo.
Fue contratado en la década de los 90’s. Su labor era hacer de todo, desde lavar autos, trabajos pesados, salir a comprar tortillas y cosas para la comida, hasta bañar los perros del joven César.
Manuel comenzó ganando unos cuantos pesos hace dos décadas. El suelo máximo que alcanzó en el 2013 fue de 600 pesos semanarios. Entraba cuando salían los primeros rayos del sol y acababa cuando la luna cubría el pueblo. Estaba entregado a sus patrones, a los que siempre guardó lealtad.
Manuel no permitía bromas de sus propios hijos en contra de su jefe. Solicitó siempre respeto para él y para los hijos del jefe.
En el 2010 colocaba propaganda en los postes y llevaba gente a los mítines de su patrón, Eduardo Morales Genes, en la campaña que hizo para lograr la alcaldía de Palmar de Bravo, por el PRI.
En el 2013 se repitió la misma historia. Solo que esta vez hizo campaña por Pablo Morales Ugalde –medio hermano de Eduardo-.
Aunque directamente su patrón era Eduardo, a veces apoyaba a Pablo, con el mismo sueldo.
Manuel a veces era vigilante improvisado en las gasolineras de Pablo. Una vez por evitar un asalto en uno de los depósitos de Pablo –presidente electo por el PSI- recibió un balazo que lo llevó a perder el hígado. Estuvo cerca de morir, pero sobrevivió. Y a pesar de no recibir un peso de sus patrones para las curaciones, se mantuvo fiel a los Morales. En cuanto se recuperó regresó a la casa de sus jefes.
Con los 600 pesos que ganaba, usaba para apenas vivir. Estiraba el dinero para mantener a su familia: a su esposa –enferma de diabetes- y a sus dos hijos más pequeños: Manuel de 15 y Jesús de 12 años, quienes estudian la Secundaria y la Primaria, quienes se quedaron sin una fuente de ingresos para continuar con su preparación.
Manuel siempre fue visto como un padre ejemplar por sus cinco hijos, tres mujeres y dos hombres, quienes reconocen que a pesar de vivir en extrema pobreza el jefe de familia les enseñó valores.
Hoy sus hijos velan a su papá. Por las mañanas y tardes sigue la rutina: cuidan el poco ganado, alimentan conejos, guajolotes y cerdos, recolectan leña que acarrean en una carreta jalada por mulas.
Los hijos siguen su vida normal. No guardan sentimientos de venganza, porque reconocen la desventaja de clase social y de posición económica.
Solo exigen justicia, pero tienen miedo de solicitarla en voz alta porque al salir a la calle presidente que pueden ser atacados por los hijos de Eduardo, vistos como unos prepotentes en el pueblo.
Esperan una indemnización de los patrones para la viuda y los hijos pequeños de Manuel. Es mucho pedir, porque hasta ahora no ha habido apoyo de los patrones. El abogado de los Morales solo ofreció ayuda para comprar unos panes para uno de los rosarios del novenarios, que no aceptaron, porque a pesar de la marginación en la que se encuentran consideraron que fue una grosería.
La sepultura y novenario de Manuel ha sido con la ayuda de personas como él, que se dedican al pastoreo o a producir en el campo. Unos han regalado azúcar, café, frijol, para enterrar y rezar por él en su novenario.
El caso de Manuel es uno de muchos, de pobladores en extrema pobreza a los que no llega la justicia porque la ley no fue para ellos, porque los poderosos pagan por cambiar el curso de las investigaciones.
