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El IEE pasó de la omisión a la complicidad de políticos

El IEE pasó de la omisión a la complicidad de políticos
De atípico es como se puede calificar al proceso electoral, que concluirá con las elecciones del 7 de julio para renovar los 217 ayuntamientos y elección de 26 diputaciones de mayoría relativa.
Con un organismo electoral ciudadano que ha pasado de la contemplación a la complicidad, las decisiones en los principales partidos políticos en torno los métodos de elección de sus candidatos se ha desbordado y no hay autoridad que lo frene o regule.
No hay municipio, barrio, colonia, ejido en territorio poblano que no esté bombardeado con mensajes directos o encubiertos de quienes, partidos políticos o aspirantes, donde se promueven en anuncios panorámicos, bardas o medios impresos.
Prácticamente la autoridad electoral abrió la compuerta a las promociones personales, superando con mucho la etapa de las precampañas previa a las campañas electorales.
Desenfrenados, los actores políticos de todos los colores partidistas han hecho derroche de recursos materiales y económicos a todos los niveles, lo mismo en las zonas rurales que en los grandes centros urbanos de la entidad poblana.
Si la autoridad electoral realizará una medición medianamente seria, la economía subterránea de las campañas sin campañas formales superaría cualquier presupuesto anual o el techo financiero de una ciudad mediana del estado.
Es legítima la aspiración de los ciudadanos a ocupar un cargo de elección popular, el derecho de los partidos político a retener o ganar una alcaldía o un distrito electoral, lo que enturbia una contienda democrática es la falta de reglas, autoregulación en los partidos y el canibalismo político.
Como si no existieran, salvo el papel que creen cumplir como simples burócratas que administran la recepción y recuento de votos, los consejeros electorales locales han dejado hacer de todo a todos, en detrimento de la ley de la autoridad propia del IEE.