Pepe Chedraui no ganaría la Presidencia Municipal de Puebla
“¿Por qué perdí en Puebla?”, le preguntó Enrique Peña Nieto a un poblano distinguido semanas después de su triunfo electoral.
La misma pregunta se la hizo, más adelante, a otro poblano.
Las razones se multiplicaron.
También las justificaciones.
Durante el proceso de transición, Peña Nieto y su equipo cercano armaron un diagnóstico sobre las razones que lo llevaron a perder en algunos estados del país.
Cruzaron datos.
Trazaron hipótesis.
Maridaron cifras.
Una a una fueron emergiendo las razones.
Puebla, por ejemplo, ofrecía una circunstancia singular.
Y es que hubo candidatos del PRI a las diputaciones federales que tuvieron más votos que Peña Nieto.
No uno, ni dos.
Muchísimos.
Excesivos.
Y eso, faltaba más, no era normal.
Esa anormalidad fue la que metió a Puebla en el ojo de los análisis del equipo cercano a Peña Nieto y la que terminará influyendo en las decisiones que vienen: las del proceso local de los 4 años 8 meses.
Y es tal el interés que hay en Los Pinos sobre el año electoral que la reforma fiscal fue pospuesta para el segundo semestre de 2013.
El mensaje es clarísimo: hoy por hoy la prioridad está en ganar las elecciones: todas: las más importantes.
La capital poblana está en el mapa de guerra de Los Pinos.
Todos los días se habla del tema.
Y no de rebote: como una prioridad: como una estrategia de Estado.
Desde la sede del CEN del PRI, César Camacho e Ivonne Ortega ya delínean estrategias.
Trazan escenarios.
Trenzan opciones.
Y algo es claro: el candidato a la Presidencia Municipal debe tener perfil de ganador y ser leal a Peña Nieto.
No al gobernador Moreno Valle.
Al presidente de la República.
Con todo lo que ello implica.
Pero la lealtad no basta.
Los amigos no ganan elecciones.
Ganan afectos, sí, pero no elecciones.
Ganan sentimientos dulces, sí, pero no elecciones.
Y lo que importa en Los Pinos, hoy por hoy, son los candidatos que ganen... elecciones.
La prueba la dio el propio Peña Nieto como gobernador del Esado de México.
Su candidato, faltaba más, era su amigo y primo Alfredo del Mazo Maza, presidente municipal de Huixquilucan.
Todos su afectos estaban depositados en él y en su padre: miembro distinguidísmo del Grupo Atlacomulco.
Pero las encuestas no cuadraban.
Los números no favorecían la amistad.
El nombre de Eruviel Ávila estaba por encima del escenario ideal.
Peña Nieto no lo pensó dos veces.
O sí, pero recapacitó.
Eruviel y no su amigo terminó quedándose con la candidatura a la gubernatura del Estado de México.
Presiones no faltaron.
Largas charlas.
Pero el pragmatismo del hoy presidente pudo más que los intereses de tan poderoso grupo.
Hizo bien.
Del Mazo generaba demasiado riesgos.
La elección poblana parece ir por un camino similar.
Pepe Chedraui es su amigo: el hijo de su otro amigo también llamado Pepe.
Pero las encuestas, hasta hoy, nada más no le cuadran.
Con él están sus afectos.
El Grupo Amistad vaya que pesa.
Pero las elecciones se ganan con otros elementos.
Son guerras que requieren guerreros armados de números y de tendencias a la alza.
Los amigos están para los tiempos de paz, oh sí, no para las guerras.
