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Aseguran que vive el líder de la mafia en Michoacán

Aseguran que vive el líder de la mafia en Michoacán

10 de diciembre de 2010. La voz de Alejandro Poiré se engruesa. El vocero del gabinete de Seguridad Nacional (y parte del equipo compacto de Felipe Calderón) da noticias rotundas, importantes: “Diversos elementos de información, obtenidos durante el operativo, coinciden en señalar en que el día de ayer cayó abatido Nazario Moreno González…” Dos días antes, de Morelia a Tierra Caliente, Michoacán ardía. Como hoy. Las portadas de los diarios mostraban escenas inéditas del país en guerra: cuerpos tirados, autos y camiones en llamas, helicópteros, sangre, pánico. Calderón, y en particular su secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna, tenían a la opinión pública en su contra: la guerra, iniciada en diciembre de 2006, había llegado demasiado lejos.

En ese contexto, Poiré dio por hecho que el líder fundador de La Familia Michoacana estaba muerto. Pero todo indica que “El Más Loco”, “El Chayo” o “El Doctor”, fundador de la Familia Michoacana, está vivo. Que es el líder de Los Caballeros Templarios, que tienen por cabeza visible a Servando Gómez González, “La Tuta”. Así lo han dicho los mismos Templarios. Así lo han expresado varios informes. Así lo dijo, ayer, José Manuel Mireles Valverde, consejero general del Consejo Ciudadano de Autodefensa del municipio de Tepalcatepec, Michoacán: “Nazario está vivo. Pregúntele al Gobernador de Michoacán, quien estuvo presente en el sepelio de su papá el pasado miércoles…”

PRIMERA DE TRES PARTES

Ciudad de México, 30 de julio (SinEmbargo).– La refriega trajo consigo el silencio salpicado de la voz metalizada a través de la radio. Los narcotraficantes michoacanos escucharon a los combatientes de las fuerzas especiales del Ejército Mexicano y de la Secretaría de Seguridad Pública preguntarse si en el enfrentamiento había muerto El Chayo.

El ataque a Holanda, en el municipio michoacano de Apatzingán, había cesado. El asalto fue diseñado por el gobierno mexicano en conjunto con la DEA, presumiría el jefe de operaciones de entonces de la agencia antidrogas norteamericana, Thomas Harrigan.

El funcionario relató ante el Senado de Estados Unidos cómo las detenciones y abatimientos de los capos mexicanos presumidos por la administración de Felipe Calderón como propias eran, en realidad, operaciones aprobadas por Washington.

Y Harrigan aseguró que Nazario Moreno El Chayo estaba muerto. El día del abatimiento, 8 de diciembre de 2010, y cuando terminó el tableteo de los fusiles, El Chayo pegó la oreja en el aparato de intercepción de comunicaciones. Escuchó a los militares preguntarse si lo habían asesinado y él asintió.

“Yo vi a Nazario”, confirma un investigador que permaneció varias semanas en Tierra Caliente, la Tierra Sagrada de Nazario. “Lo vi en una fiesta en Apatzingán. Nos sentamos en la misma mesa. Me platicó que sus migrañas son por una placa de acero metálica que le pusieron en la cabeza. Yo sabía de esta condición y siempre pensé que había sido un tiro, pero no: la patearon la cabeza en una pelea campal durante un partido de futbol”.

Desde entonces, Nazario Moreno es un hombre que sufre jaquecas como si dentro del cráneo tuviera un tren descarrilando. Quizá desde antes fuera excéntrico, locuaz, arrebatado. Violento.

Tal vez desde que se fue de mojado a Estados Unidos y, en el norte de California, pescara una adicción a las metanfetaminas que, en ese tiempo, principios de los noventa, no significaban nada en el mercado de las drogas. Pero lo harían. Atrapado en el cristal, Nazario conoció un ministro de culto religioso o, al menos, tuvo contacto con su ministerio religioso.

El pastor evangélico John Eldredge sería una de las mayores influencias religiosas del michoacano, quien volvería a México curado de las metanfetaminas y dispuesto a fabricarlas y a fundar un imperio que es, a la vez, la promesa de una tierra sagrada.

***

La Tierra Caliente comprende decenas de municipios de Michoacán, Guerrero y uno del Estado de México, pero, para entender de manera más clara la geografía de esa tierra es mejor decir que Los Caballeros Templarios la han fragmentado en 50 enormes parcelas de marihuana, heroína y metanfetamina.

Existen tres tipos de marihuana: la comercial, la buena y la inservible. En la Tierra Caliente, un kilo de marihuana comercial se paga al productor en 300 pesos. Por la buena, no más de 200 pesos. Cuando escasea, hasta el zacate seco se vende. Hay quien en una situación de desesperación compra la de mala calidad en 150 pesos, pero es perder en Estados Unidos.

En Houston, cada ladrillo verde olivo se vende en 800 dólares por kilo. Cada uno de los jefes de esas 50 subregiones paga 120 pesos a Los Caballeros Templarios, 120 pesos por kilo a la organización, lo que cubre el impuesto cobrado por las policías municipales, estatales, y federales. Burlar el pago del impuesto de exportación es jugar a la ruleta rusa con más de dos balas.

Entre Michoacán y Texas la organización coloca checadores. Pregunta quién dio el permiso de salida. Entonces, ahí mismo, habla al teléfono celular del responsable y averigua si el transportista es quien dice ser y si trae lo que dice traer.

Pesa la mercancía. Si es más de lo permitido, el dueño paga el impuesto faltante, los 120 pesos por kilo, y admite, sin más, la incautación de la marihuana o, en su caso, de la goma de amapola. Una falta de ese tipo se permite una sola vez.

La segunda es muerte. Hace más de 10 años, los narcos michoacanos salían por las noches en lancha de Veracruz.

Se alejaba más de 100 kilómetros de la playa y seguía las señales de los primeros geoposicionadores disponibles en el mercado. Arribaban cerca de las playas tamaulipecas y seguían por tierra el resto del camino. Ahora confeccionan compartimentos con forros de plomo que ocultan los narcóticos a los rayos X.