Tomza, historia de muerte y desesperación en Chachapa
"Sentí que aquí era mi último día, que aquí nos íbamos a quedar", contó Éricka, cajera de Tomza, en Chachapa, horas después de la explosión que cobrara la vida de por lo menos seis trabajadores. Éricka se encontraba en el área de cajas cuando ocurrió la detonación y aseguró que sólo escuchó los tanques estallar y cuando abrieron la puerta de su oficina vio cómo se tronaban los cristales y se rompían las puertas.
Éricka es joven, a lo mucho unos treinta años, tiene la piel blanca y el pelo pintado de rubio desteñido, amarrado en una coleta. Llevaba puesto un pants de color lila y una gorra, estaba esperando cerca de la puerta de la gasera a que sus jefes dieran instrucciones a ella y a sus compañeros sobre qué es lo que van a hacer. Tenían desde las 07:00 horas aguardando que les dijeran algo, pero ni siquiera los representantes de Tomza pudieron entrar, porque las autoridades estatales no los dejaron.
La cajera fue la única que se atrevió a hablar delante de las cámaras de televisión sobre lo ocurrido ayer a las 18:30 horas: "Una cosa es platicarlo y otra cosa es vivirlo, y en cajas con todo cerrado no ves nada, nada más se escuchaban explosiones, explosiones", narró Éricka, quien se tuvo que brincar por la puerta de atrás del edificio administrativo, salir al estacionamiento y caminar por encima de un techo de lámina: "Decía ‘esto no me puede estar pasando, Dios mío, esto no me puede estar pasando’, cuando vimos la puerta de atrás y las llamas que estaban ahí", comentó mientras se estrujaba las manos. Ella y varios de sus compañeros sufrieron lesiones menores en la huida.
Éricka se pegó en la cabeza al momento de saltar la barda para huir de las flamas, una de sus amigas se regresó a ver si estaba bien y después las dos corrieron por toda la autopista, hasta que sintió que estaban los suficientemente lejos. En el puente de Xonacatepec, le habló a su esposo y a sus hijos por teléfono para decirles que estaba bien. Lo que le preocupa a la trabajadora es que uno de sus compañeros, Gonzalo, que había llegado de gerente el mismo día del incendio, no las siguió cuando cruzaron por el techo de lámina. Éricka apuntó que tal vez se quedó dentro, pero como no tiene su teléfono, porque era nuevo, no le pudo hablar, entonces, tendrá que esperar a que lo confirmen las autoridades.
"Me decía ‘yo no me quiero brincar, no quiero, no quiero’; entonces yo le decía ‘vámonos ya’. Él todavía estaba en el tejado, ayudó a Elizabeth, que fue la última, brincamos las tres, me azoté, y a él ya no lo vi", refirió preocupada, pues ninguno de sus otros compañeros supo de Gonzalo o contaba con su teléfono.
No regreso más que por mi coche
Otra de las trabajadoras administrativas, Alicia, una chica delgada de unos treinta años, sostuvo que hoy mismo presentará su renuncia con carácter de irrevocable, lo único por lo cual regresaría es su coche que se quedó en el estacionamiento de la gasera y no le han dado oportunidad de sacarlo.
"Me subí a una camioneta, que no sé de quién era, era una señora, porque yo iba corriendo", dijo Alicia, quien estaba vestida con un pantalón de pants azul marino y una sudadera gris. Después continuó: "Realmente no hay nada que te pueda decir real, porque estábamos adentro, no sabemos por qué explotó, lo único que hicimos fue correr".
Alicia compartió que no va a regresar a trabajar, aunque se rumora que los trasladarán a una bodega de Acajete y sólo esperará a que le paguen su quincena y que la dejen sacar su coche, el cual no sufrió daños por el fuego.
Poco después de la charla, alrededor de las 12:15 horas, con las trabajadoras se escuchó un helicóptero que se iba acercando, era el gobernador, Rafael Moreno Valle Rosas, quien llegaba a hacer un recorrido por el lugar que ayer estaba ardiendo. El helicóptero bajó en un terreno posterior a la gasera, el mandatario ingresó por la parte trasera del establecimiento, adentro lo esperaba el director de Protección Civil Estatal, Jesús Morales Rodríguez, con quien avanzó por el lugar.
Moreno Valle Rosas, quien arribó luego de una junta en la ciudad de México de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), se dejó tomar fotografías por la prensa y 20 minutos más tarde se fue en la aeronave sin dar una sola declaración. Finalmente, Morales Rodríguez, se retiró a bordo de una camioneta café, sin decir una palabra a los medios de comunicación que estaban en la gasera desde las 08:00 horas.
