Los olvidados del volcán; historia de quienes viven a la sombra del coloso
Debido a que los planes de contingencia del gobierno estatal no incluyen a los hoteles ecológicos que están en las faldas del Popocatépetl, unos 60 trabajadores de dichos lugares quedarían atrapados en caso de una erupción volcánica; incluso, los empleados saben del riesgo, pero debido a que no tienen otra forma de ingresos se resignan a la posibilidad de morir.
Xalitzintla es el último pueblo antes de llegar al Popocatépetl, pero cerca del lugar conocido como Paso de Cortés, donde se encuentra el albergue para los alpinistas que visitan al volcán, están tres villas ecológicas a una distancia de ocho o siete kilómetros del coloso, apenas en el margen del área permitida por el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred).
Las villas La Venta, Buenavista y Santa Clara están a unos 15 kilómetros de Xalitzintla, aunque la distancia es corta se tardaría para llegar de 50 a 60 minutos en automóvil, debido a que la gran parte del camino es terracería, aunque con la temporada de lluvia podría tomar aún más tiempo.
En cada uno de los hoteles laboran de 20 a 30 personas provenientes de San Mateo Ozolco o Santiago Xalitzintla, las cuales, prácticamente, viven allí porque sería complicado para ellos trasladarse todos los días desde sus comunidades hasta su lugar de trabajo; también, porque se tienen que quedar en las noches a vigilar las villas.
Estas casi cien personas quedarían totalmente atrapadas en caso que ocurriera un desastre. Platicando con los empleados de Villas Ecológicas La Venta, comentaron que al lugar no llega la señal de telefonía celular, además que las autoridades de Protección Civil no los han ido a visitar para establecer un plan de desalojo, en caso de alguna erupción volcánica.
“Como casi no cae ceniza, ni nos toman en cuenta cuando crece la actividad del Popocatépetl”, dijo una de las meseras del lugar, la cual no quiso dar su nombre. Los trabajadores nunca se han planteado cómo tendría que ser la evacuación, ya que con resignación señalaron que “cosas malas pasan en cualquier parte”.
A pesar del riesgo, la pobreza es la que empuja a los habitantes de Ozolco y Xalitzintla a trabajar tan cerca del volcán. “¿Que si tenemos miedo?, pues sí, pero qué nos queda; si el volcán explota creo que moriremos calcinados”, manifestó un mesero, que además en las noches le hace de vigilante.
Los empleados aseguraron que saben en qué momento aumenta la actividad del Popocatépetl, los tremores o sismos generados por el movimiento de magma se escuchan como agua hirviendo en una olla y las explosiones harían que el piso se cimbre: “Hay veces que sí sentimos cómo se cimbra el piso, otras veces namás (sic) oímos las explosiones”, contó la cocinera. Pero en ninguno de los casos intentan huir, muchos de ellos no tienen vehículos y para llegar al pueblo más cercano tendrían que caminar 40 minutos.
La preocupación es económica
Una de las señoras que labora en la cocina aseguró que tanto tiempo han vivido con el volcán que no les da miedo que llegue a pasar un desastre, sino lo que les preocupa es la poca llegada de visitantes a las villas: “Antes que subieran la alerta, el lugar se llenaba todos los fines de semana y días festivos, ahora sólo viene un par de familias o parejas, pero nada más; les decimos a los clientes que no pasa nada, que a uno le puede llegar su hora en cualquier lugar”, comentó.
El señor, Jaciel, y su esposa, María, comentaron que instalan todos los fines de semana un puesto improvisado de comida afuera de las villas para completar el gasto familiar: “Venimos aquí los fines de semana, porque el resto del tiempo trabajamos el campo, así acompletamos el gasto, aunque ahora no han venido muchas personas, porque está todo nublado”, dijo don Jaciel, quien vive en Xalitzintla.
Las personas que trabajan en o cerca de las villas ecológicas dijeron que no tienen pensado dejar sus lugares de trabajo por la actividad volcánica, la única forma en que se irían es si el gobierno cierra los lugares ante una inminente erupción, lo cual, aseguraron que no ocurriría: “El volcán no es como los ladrones, él si nos avisa cuando va a pasar algo”, dijo doña María.
