La otra cara de El Parián
Juan es uno de los comerciantes (no artesanos) de el mercado El Parián. De manera intermitente, abre su negocio porque, después de 4 meses sin actividad, los gastos del hogar y la colegiatura de su hijo, no pueden esperar.
Antes de la pandemia, cuando pasaba por ese mercado, se veían estudiantes vagando por el rumbo o a extranjeros, que preguntaban el costo de las muñecas, de blusas bordadas -fabricadas por artesanos de San Gabriel Chilac y otros municipios-, por jarros de barro -hechos en el barrio de La Luz- o por talavera poblana.
Ahora, son pocos los transeúntes que cruzan el mercado y, son menos aún los que preguntan por precios o adquieren productos, pues estos no son de primera necesidad.
Cuando empiezo a preguntar a Juan acerca de las ventas, él es sincero y me dice que realmente no tienen permiso para comercializar, pero que no tiene otra salida más que ello. Agrega que apenas vende unos pesos al día y que el horario del mercado es limitado por la seguridad de los locatarios.
“Hay 2 centros históricos, uno es el primer cuadro, donde estamos. Aquí están más pendientes (autoridades) de lo que hacemos, pero vaya a la 5 de Mayo, a la 16 Poniente, a la 18 y verá cómo allá no importa el coronavirus. Allá los ambulantes no respetan la sana distancia ni usan cubrebocas. Acá sí tenemos todo eso que piden”, me dice.
En realidad, el señor no se llama Juan, pero usamos el nombre para no ocasionarle problemas. Él me dice que, en su caso, logró sobrevivir algunos meses sin abrir su local por los ahorros que tenía, pero se acabaron y, ahora, debe arriesgarse a operar sin el aval municipal y estatal.
Él comenta que además de que algunos locales continúan cerrados indefinidamente, se ha enterado de casos en los que se han vaciado bodegas que los locatarios rentaban para el almacén de productos. A la par, recuerda que negocios de los alrededores, como fondas, antojerías o bares, siguen cerrados.
No sale a colación por qué algunos de sus compañeros son agresivos cuando se ventila que están desacatando un decreto, pero Juan expone que la mayoría de los negocios opera con miedo, indignación y necesidad. Miedo a una clausura, indignación por las permisiones con el ambulantaje y necesidad porque no tienen fuentes alternas de recursos.
El Parián se ubica en la 6 Norte y 2 Oriente, en la ciudad capital. Ahí se revenden -en su mayoría-, productos artesanales característicos de Puebla o dulces, que fueron comprados directamente con los productores. Es uno de los sitios turísticos de la ciudad.
