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Increíble: la cuarentena fue el mejor regalo para una maestra de zona huachicolera

Increíble: la cuarentena fue el mejor regalo para una maestra de zona huachicolera

Lleva menos de una década ejerciendo la profesión que quería desde niña: ser maestra. En ese corto tiempo, ya ha pasado por eventos delictivos inolvidables e impunes. Por otra parte, ha conocido a niños maltratados por sus padres y a niños con carencias. Su más reciente asignación es ser profesora de una zona ubicada en el llamado "triángulo rojo", pero lo lleva lo mejor que puede porque no ha habido opciones de cambio hacia la ciudad y porque le gusta su trabajo.

Es un caso real, pero por seguridad, ella prefiere el anonimato. Lulú, como llamaremos a esta profesora, ha recibido su mejor regalo del Día del Maestro con la cuarentena, evidentemente no por lo que motivó este periodo, sino porque es un lapso en el que no se siente insegura al viajar a su lugar de trabajo y porque puede estar con su hija, que está en tratamiento médico desde hace un año.

Más allá de las complicaciones que su trabajo le han dado, ella valora ser maestra de nivel básico porque dice que, para las niñas y niños, ir a le escuela es un aliciente para desarrollar sus habilidades, ser personas sociables, aprender de la vida, escuchar, valorar lo que tienen y, en ocasiones, una escapatoria de la violencia y la vida que llevan en sus hogares.

Cantar con sus compañeros, hacer dibujos, llenarse las manos de masa o de plastilina y hacer preguntas, son momentos que ayudan a los niños a desarrollarse, que les generan felicidad y aprendizaje, que les dan las bases de la vida, de acuerdo a la visión de la docente.

Antes del Covid-19, ella viajaba cerca de 2 horas hasta la comunidad donde enseña. Para acceder a la zona, solo hay transporte cada 40 minutos (con 3 corridas al día), por lo que debe ser muy exacta para no perderlo, tanto de ida como de regreso a casa.

En otros años, fue asignada a comunidades donde ha sido testigo de algunas condiciones de los menores, que le causaron tristeza e indignación. Le ha tocado impartir clases en salones precarios, aulas confinadas en las zonas rurales, vivir en comunidades alejadas y con alto índice de delincuencia.

Valora tener un salario seguro pese a la contingencia, así como los derechos que ha logrado el sector magisterial en el país.

Pasará el Día del Maestro sin las flores campestres que le obsequiaban algunos alumnos, como muestra de su agradecimiento, sin sus viajes diarios y adaptándose al esquema laboral que impuso el Covid-19, pero sin riesgos en el camino al trabajo o estando en el mismo.