Y a 50 años, los Stones más vivos que nunca
Una fría mañana de octubre de 1961 en la estación de trenes de Dartford, Mick Jagger y Keith Richards se dirigían a la London School of Economics y al Sidcup Art College, sus respectivas escuelas. Los otros vecinos de la infancia se reencontraban gracias a que Jagger cargaba con arrogancia joyas musicales en vinilo de Chuck Berry, Little Walter y Muddy Waters para la envidia blusera de Richards.
La fortuna de coincidir en la misma hora, día y lugar hizo que al año siguiente, específicamente el 12 de julio de 1962, aquel legendario viaje en tren se convirtiera en un memorable hecho en la historia del rock y tuviera su primera parada con el debut esceénico de The Rolling Stones, en el Marquee Club de la calle Oxford de Londres.
El nombre de la banda, tomado de una canción de Muddy Waters del LP que Jagger cargaba bajo el brazo en aquella ocasión, a la postre sería toda una declaración de principios de aquella estrofa ajena que ilustraba la vida stone que nunca se detiene ni acumula polvo: las piedras rodantes no crían moho.
Brian Jones prendió la maquinaria stone al lanzar la convocatoria. Pero irónicamente fue el primero en ser arrollado por ésta, el 3 de julio de 1969 a los 27 años. En 1964 ya eran amados y odiados y hasta la prensa británica describiría la sensación de inconformidad que despertaban en el establishment, al publicar aquella cuasi declaración de principios: “¿Dejaría que su hija saliera con uno de los Stones?”.
Una década y media más tarde y de este lado del Atlántico, El Neto, un ente anónimo e integrante de una pandilla del Oriente del DF, con estilo de vida de rockstar, sólo que sin groupies ni chequera con millones de dólares, vociferaba en pleno trance de cannabis su incondicional amor a la banda de chicos malos, con una frase simple que resume todo: “Si no andas hasta tu madre no eres un Stone”
