Del altar a las calles: por qué las Catrinas monumentales se han convertido en protagonistas del Día de Muertos
Atlixco se prepara para recibir a miles de visitantes con el Valle de Catrinas 2026
Cada año, cuando se acerca el Día de Muertos, las calaveras elegantes dejan de ser únicamente ilustraciones, figuras decorativas o personajes de las ofrendas para convertirse en protagonistas del paisaje urbano. Las Catrinas monumentales ocupan plazas, jardines, calles y espacios públicos, donde atraen a visitantes, se convierten en escenarios fotográficos y llevan una de las imágenes más reconocibles de México a nuevas generaciones.
Esta transformación no ocurrió de un día para otro. Detrás de las esculturas de varios metros de altura existe una historia que comenzó con una crítica social, pasó por el arte de uno de los muralistas más importantes del país y encontró en las celebraciones contemporáneas una nueva manera de expresarse.
La Catrina nació como una sátira de las apariencias y las aspiraciones de las clases sociales, no como una figura ancestral de las celebraciones prehispánicas. Sin embargo, su incorporación a la cultura popular terminó por vincularla estrechamente con el Día de Muertos.
De la Calavera Garbancera al símbolo de México
El origen de La Catrina se encuentra en el trabajo del grabador y caricaturista mexicano José Guadalupe Posada, quien creó a finales del siglo XIX y principios del XX la imagen conocida como La Calavera Garbancera.
La figura representaba una calavera que llevaba un sombrero elegante, sin ropa ni otros elementos de distinción. Su intención era cuestionar a quienes renegaban de sus raíces indígenas y pretendían adoptar las costumbres y apariencias de las clases acomodadas europeas.
El término garbancera aludía a personas de origen indígena que abandonaban la venta de maíz para comercializar garbanzos y buscaban aparentar una posición social distinta.
De acuerdo con información difundida por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), durante el siglo XIX se popularizaron las representaciones caricaturescas de la burguesía, y la calavera de Posada se convirtió en una de las más reconocidas.
La transformación definitiva llegó con Diego Rivera, quien retomó el personaje en su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, realizado en 1947.
En la obra, la calavera aparece vestida elegantemente, acompañada por el propio Posada y una representación infantil del muralista. Fue Rivera quien consolidó la imagen de La Catrina con el atuendo sofisticado que hoy identifica al personaje.
El Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) ha destacado la importancia de esta obra para comprender cómo Posada y Rivera contribuyeron a convertir una imagen de crítica social en un referente de la cultura visual mexicana.
¿Cómo pasó de las ofrendas a las esculturas gigantes?
La popularidad de La Catrina fue creciendo con el paso de las décadas. Su imagen comenzó a reproducirse en artesanías, figuras de barro, cartonería, vestuarios, maquillajes y distintas expresiones artísticas relacionadas con las celebraciones de noviembre.
Con el tiempo, también salió de los espacios domésticos para incorporarse a festivales, concursos, desfiles y exhibiciones públicas.
Las Catrinas monumentales representan una nueva dimensión de esa apropiación cultural: trasladan un personaje gráfico a instalaciones artísticas de gran formato que pueden recorrerse y apreciarse en espacios abiertos.
En estas propuestas, los artistas incorporan elementos regionales, vestimentas tradicionales, flores, referencias históricas y materiales propios de la artesanía mexicana. Así, cada pieza puede contar una historia distinta y convertirse en una representación de la identidad de la comunidad que la exhibe.
El fenómeno también responde a una transformación en la manera de celebrar el Día de Muertos. Además de las visitas a panteones, los altares familiares y las ceremonias comunitarias, distintas ciudades han incorporado actividades culturales y recorridos públicos que acercan la celebración a habitantes y turistas.
Atlixco: cuando las Catrinas se convierten en un recorrido turístico
Uno de los ejemplos más representativos de esta tendencia se encuentra en Atlixco, Puebla, donde el proyecto Valle de Catrinas ha convertido las esculturas monumentales en uno de los principales atractivos de la temporada.
En su sexta edición, correspondiente a 2026, la exposición reúne 27 Catrinas monumentales inspiradas en dioses prehispánicos. De acuerdo con información del Ayuntamiento de Atlixco, 19 piezas se instalaron en distintos puntos del municipio, mientras que otras ocho fueron trasladadas a diferentes destinos de México y del extranjero.
La propuesta busca vincular la tradición del Día de Muertos con la cosmovisión de los pueblos originarios, mediante representaciones artísticas de deidades y elementos de las culturas mesoamericanas.
La presidenta municipal de Atlixco, Ariadna Ayala, destacó que el proyecto involucra a artistas, productores de flor, prestadores de servicios, iniciativa privada y comunidades, con el propósito de fortalecer la actividad turística y generar oportunidades para las familias del municipio.
Para esta edición, el Ayuntamiento estimó la llegada de 850 mil visitantes y una derrama económica cercana a los 360 millones de pesos, cifras que corresponden a proyecciones oficiales y no a resultados definitivos de afluencia.
El proyecto también ha extendido su presencia fuera de Puebla. La exhibición de algunas piezas en otros destinos nacionales e internacionales permite que estas representaciones artísticas funcionen como escaparate de la creatividad y las tradiciones mexicanas.
Más que decoración: arte, identidad y economía local
El crecimiento de las Catrinas monumentales también muestra cómo una expresión artística puede convertirse en un elemento de promoción cultural y turística.
En Atlixco, por ejemplo, las esculturas no solamente forman parte de un recorrido visual: su elaboración y exhibición involucran distintas actividades económicas, desde la producción de flores y el trabajo artesanal hasta los servicios de hospedaje, alimentación y comercio.
Los datos del Gobierno de Puebla sobre la temporada de Día de Muertos de 2025 muestran el alcance económico de estas celebraciones. La entidad reportó más de 900 mil visitantes y una derrama económica superior a 929 millones de pesos durante el periodo del 24 de octubre al 2 de noviembre. Entre los atractivos mencionados por las autoridades se encontraba precisamente el Valle de Catrinas.
No obstante, el interés turístico no explica por sí solo la popularidad de estas figuras. Su fuerza también está en su capacidad para adaptarse a diferentes expresiones culturales y artísticas.
Las Catrinas pueden representar personajes históricos, tradiciones regionales, vestimentas típicas, elementos de la naturaleza o referencias a las culturas prehispánicas. Esa versatilidad permite que cada localidad les otorgue una identidad propia sin abandonar el personaje que les da origen.
Una tradición que evoluciona sin perder sus raíces
Aunque La Catrina se ha convertido en una imagen inseparable del imaginario contemporáneo del Día de Muertos, es importante distinguir su historia de los rituales que dieron origen a esta celebración.
La Unesco reconoce las fiestas indígenas dedicadas a los muertos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2008. En su descripción, explica que estas celebraciones combinan elementos de las creencias de los pueblos originarios con aportaciones del catolicismo y prácticas desarrolladas a lo largo de los siglos.
Los altares, las ofrendas, las flores, las velas y las visitas a los cementerios forman parte de una tradición comunitaria cuyo sentido central es recordar y recibir simbólicamente a quienes han muerto. La Catrina, en cambio, tiene un origen artístico posterior, ligado a la crítica social y a la evolución de la gráfica mexicana.
Esta diferencia no impide que ambas expresiones convivan. Por el contrario, muestra cómo el Día de Muertos continúa incorporando nuevas manifestaciones sin que todas tengan necesariamente el mismo origen histórico.
Las Catrinas monumentales son parte de esa transformación: conservan un personaje nacido de la sátira, lo reinterpretan mediante el arte popular y lo llevan a espacios donde puede ser compartido por miles de personas.
De los grabados de José Guadalupe Posada a las esculturas gigantes que hoy recorren las calles, La Catrina ha cambiado de escala, de materiales y de escenarios, pero mantiene una característica esencial: su capacidad para contar algo sobre la sociedad mexicana y su relación con la muerte.


