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Por un Cono Sur que asegure la vida, no solo la humana

La reconstrucción del tejido social en la región debe asumir las responsabilidades colectivas de cuidado interpersonal, pero también de la biósfera y los bienes inmateriales.

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América Latina comparte tantos saberes como dolores. La región más desigual del planeta lo es gracias a la corrupción, los procesos colonialistas y la vulneración de la seguridad ciudadana. Este último eje es abordado a profundidad por investigadores de la IBERO Puebla, la UPAEP y la BUAP en el libro From Human to Post Human Security in Latin America: Examples and Reflections from across the Region.

Como explicó el Dr. José Luis García Aguilar, académico de la Universidad Jesuita y coeditor del libro, “persiste la idea de que la seguridad sigue siendo estadocéntrica, y eso se refleja en las acciones de los Estados a nivel internacional”. Traspasar esta tarea al ciudadano común implica ampliar el espectro de responsables del bienestar, pero también de las amenazas que deben ser enfrentadas.

El enfoque crítico del texto se pregunta por el destinatario final de las estrategias de seguridad. De acuerdo con la ONU, una concepción de seguridad centrada en la humanidad refrenda el derecho a la preservación de la dignidad. Mientras que en otras latitudes han incorporado esta perspectiva con base en el contexto, los países del Cono Sur han enfatizado la contención de la inseguridad cotidiana a través del empoderamiento de las fuerzas de orden público.

Dividido en tres secciones que concentran seis capítulos en total, From Human to Post Human Security aprovecha los matices del regionalismo para transitar desde los márgenes territoriales hasta las dinámicas sociales de las comunidades originarias. “Es un recorrido desde lo clásico de seguridad humana hasta un enfoque poshumano. Es un debate teórico, práctico y una propuesta política”.

Así lo destacó la Dra. Marcela López Vallejo en sus valoraciones a las temáticas abordadas a detalle por cada colaborador. Tal es el caso del Dr. Paulino Arellanes Jiménez, quien explora los altos índices de desnutrición en el Caribe y los problemas de salud que derivan de ello. El coautor argumenta que la seguridad alimentaria no se basa únicamente en el acceso a la comida, sino en la calidad de esta.

Por su parte, la Dra. María Eugenia Ibarrarán Viniegra resalta en su entrada los altos índices de contaminación de los acuíferos que contrastan con los problemas de sequía y deforestación antropocéntrica. Estas problemáticas han derivado en guerras por el agua en Bolivia y Brasil, así como en la defensa de mantos enfermos como la cuenca del río Atoyac en el centro de México.

Aunque fue escrito antes del COVID, el capítulo de la Dra. Mónica Trujillo López analiza las relaciones entre las epidemias y la corrupción en Centroamérica. La investigadora plantea en su texto que los detonadores de inseguridad como el crimen organizado potencian las de por sí graves carencias de servicios de salud y bienestar.

Finalmente, el libro cierra con una reflexión sobre poshumanismo en la región. La Dra. Luisa Fernanda Grijalva cuestiona la construcción antropocentrista basada en valores colonizadores. “Lo único que hace el concepto de ‘humano’ es segregar a quienes no son considerados como tal. Los pueblos indígenas no eran considerados humanos completos en la Conquista”, comentó López Vallejo.

Como respuesta, la autora del epílogo convoca a pensar la seguridad desde una perspectiva cosmopolítica. Al mismo tiempo, se propone reintegrar al ser humano en la naturaleza para “entender al planeta como un ente integral que tiene dinámicas internas muy variadas, pero que no por ello debemos tomar un enfoque hegemónico”.

El concepto de dignidad humana fue retomado tras los periodos de guerra del siglo XX como el pivote del primer acuerdo internacional en 1948. Esta virtud quedó anclada a las capacidades del Estado, lo que deja al margen a las comunidades independientes, a las personas apátridas y a los movimientos migrantes, cuyas custodias permanecen en el limbo legal.

José Marroquín Farrera, SJ destacó la situación crítica no solo del proceder estatal, sino del concepto mismo de dignidad: es digno aquel que posee cierto estatus. “Por ejemplo, frente a los efectos del cambio climático las personas de las islas han tenido problemas con su estatus […] Este impacto no está reconocido como una causa de refugio, por lo que no hay protección”.

La seguridad humana busca proteger a la persona en tanto que es digna; sin embargo, la tergiversación de ambos conceptos puede derivar en la exclusión de algunos grupos sociales. Por ello, la conceptualización de la seguridad debería virar hacia un entendimiento general del bienestar, donde los entes humanos y no humanos (como la naturaleza) se integren armónicamente a la dinámica vital.

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