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La dura vida del Real Madrid “sin” Cristiano Ronaldo

La dura vida del Real Madrid “sin” Cristiano Ronaldo

Lo recordó Emilio Butragueño este domingo durante el acto de entrega de insignias a los socios veteranos: «Atravesamos un año histórico». El Real Madrid puede ganar la semana que viene en Abu Dhabi su quinto título de 2017 (el mejor botín del club en un año natural) y los éxitos recientes en la Copa de Europa (tres de cuatro) permiten considerar este periodo como el segundo más brillante en los 115 años de la entidad, sólo superado por las hazañas de Di Stéfano y su grupo imparable.
Sin embargo, el equipo de Zinedine Zidane (y el madridismo) anda con el gesto torcido. Desde el Bernabéu comentan esa intrínseca impaciencia y fatalismo que tan rápidamente cala en la hinchada blanca, incluso en medio de un ciclo victorioso y con todos los frentes todavía abiertos en la actual temporada. 
El equipo tiene la culpa por el notable volantazo en tan poco tiempo, pasando de bailar a los grandes de Europa hace apenas unos meses a coleccionar disgustos en España y en la Champions (Wembley) y sufrir hasta un mal rato con el Fuenlabrada. 
La Liga principalmente está amargando el final de año a un Real Madrid que viajó a toda velocidad, entre confeti y champán, desde marzo a mediados de agosto. Sus seis tropiezos en 14 jornadas son sorprendentes en un equipo que bordó el fútbol en la final de la última Champions y, sobre todo, en la Supercopa ante el Barcelona.
Después llegó el frío, entre tormenta de lesiones, cierto apagón mental y falta de recursos en el banquillo, con menos fondo de armario que la temporada pasada. El empate en San Mamés supo más amargo por la oportunidad perdida de recortar con el Barcelona tras su 2-2 en casa con el Celta de Vigo. Volvió a repetir guión el equipo blanco en Bilbao, dominante pero sin uñas, como en el derbi, dos plazas donde tuvo control de juego y llegadas, funciones que hace unos meses solventaba con eficacia arriba.

Lo recordó Emilio Butragueño este domingo durante el acto de entrega de insignias a los socios veteranos: «Atravesamos un año histórico». El Real Madrid puede ganar la semana que viene en Abu Dhabi su quinto título de 2017 (el mejor botín del club en un año natural) y los éxitos recientes en la Copa de Europa (tres de cuatro) permiten considerar este periodo como el segundo más brillante en los 115 años de la entidad, sólo superado por las hazañas de Di Stéfano y su grupo imparable.

Sin embargo, el equipo de Zinedine Zidane (y el madridismo) anda con el gesto torcido. Desde el Bernabéu comentan esa intrínseca impaciencia y fatalismo que tan rápidamente cala en la hinchada blanca, incluso en medio de un ciclo victorioso y con todos los frentes todavía abiertos en la actual temporada.

El equipo tiene la culpa por el notable volantazo en tan poco tiempo, pasando de bailar a los grandes de Europa hace apenas unos meses a coleccionar disgustos en España y en la Champions (Wembley) y sufrir hasta un mal rato con el Fuenlabrada.

La Liga principalmente está amargando el final de año a un Real Madrid que viajó a toda velocidad, entre confeti y champán, desde marzo a mediados de agosto. Sus seis tropiezos en 14 jornadas son sorprendentes en un equipo que bordó el fútbol en la final de la última Champions y, sobre todo, en la Supercopa ante el Barcelona.

Después llegó el frío, entre tormenta de lesiones, cierto apagón mental y falta de recursos en el banquillo, con menos fondo de armario que la temporada pasada. El empate en San Mamés supo más amargo por la oportunidad perdida de recortar con el Barcelona tras su 2-2 en casa con el Celta de Vigo. Volvió a repetir guión el equipo blanco en Bilbao, dominante pero sin uñas, como en el derbi, dos plazas donde tuvo control de juego y llegadas, funciones que hace unos meses solventaba con eficacia arriba.