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Soliloquio

#VamosPorMás

Este lunes soplaron aires frescos, alentadores.

En un entorno particularmente complejo, entre absurdas y vanas resistencias, e incluso frente a comprensibles escepticismos, ha surgido un movimiento ciudadano cuyo alcance es impredecible.

Más de 40 organizaciones civiles y un grupo de acreditados ciudadanos anunciaron la conformación de la coalición #VamosPorMás.

Irrumpen con un sonoro llamado para reforzar en el país los mecanismos para combatir nuestros peores males: corrupción e impunidad.

Este hecho histórico ocurre a unas horas de que el Sistema Nacional Anticorrupción inicie su plena operación, mismo que por displicencias no ha encontrado todavía consenso en el Senado para el nombramiento de su Fiscal y Magistrados.

Y es que los partidos políticos tienen otra agenda. Para ellos, por encima del interés ciudadano, el tema prioritario es el electoral, ninguno más.

Coincide el día también cuando llega a México extraditado de Guatemala Javier Duarte, el exgobernador de Veracruz erigido por mérito propio, precisamente, como la personificación del funcionario rapaz, abusivo y corrupto.

Y de igual modo, acontece mientras hay heridas abiertas por el triste y despreciable suceso del socavón en el Estado de Morelos, símbolo irrefutable de lo que ya no se puede permitir más en el país.

En su enunciado, #VamosPorMás asienta como premisas que “corrupción, impunidad y violaciones graves de los Derechos Humanos son enfermedades que están minando la salud de la nación y que amenazan su desarrollo económico, político y social”.

“Padecemos, todos, una profunda e indignante injusticia. Y no podemos ni estamos dispuestos a acostumbrarnos”.

“Este fenómeno se ha agudizado en los últimos años. Un ambiente permisivo desde los ámbitos público y privado, aunado a la falta de instituciones y mecanismos eficaces para impulsar transparencia, rendición de cuentas y para reducir la impunidad, ha acrecentado la problemática. Hemos llegado a un punto insostenible”.

“Somos los ciudadanos, mexicanas y mexicanos del sector público, privado y social, los que tenemos que construir las bases de un verdadero.

Estado de derecho como piso firme del desarrollo nacional. Debemos tomar control sobre la realidad que se nos está yendo de las manos”.

“El andamiaje legal del Sistema Nacional Anticorrupción es apenas el primer paso en la construcción de ese piso firme. Ahora tenemos que perseverar su cabal construcción e implementación”.

“Pese a las resistencias encontradas, seguimos convencidos de que la ruta institucional es la mejor forma de transformar a nuestro país”.

“Por eso, organizaciones ciudadanas, académicas y empresariales confirmamos hoy que #VamosPorMás. Sabemos que necesitamos fortalecer al naciente Sistema Nacional Anticorrupción”.

Y como exigencias al Gobierno Federal, al Congreso de la Unión, a los gobernadores ya las legislaturas locales, este movimiento social reclama:

-En primer lugar, una discusión a fondo y una reforma constitucional y legal que resulte en una Fiscalía General no solo autónoma, sino independiente, eficaz, con los controles democráticos adecuados.

-Nombramientos apegados a mejores prácticas de quienes han de operar los sistemas anticorrupción a nivel federal y local;

-Recursos suficientes que aseguren la independencia y funcionamiento de los Comités de Participación Ciudadana, el SNA y los sistemas locales anticorrupción;

-Reformas legislativas que, entre otras, incluyen las leyes de Adquisiciones y Obra Pública, las relativas a las finanzas de los partidos y revisar la figura del fuero federal para funcionarios, legisladores y gobernadores para otorgarles inmunidad y evitar la impunidad.

El movimiento #VamosPorMás precisa que “es una coalición amplia y plural que caminará con organizaciones civiles de todo el país y con aquellos funcionarios y legisladores que quieran aprovechar hasta el último día de esta administración federal para impulsar reformas y acciones; y buscará que cada día de los dos períodos legislativos restantes de esta Legislatura sean aprovechados al máximo”.

“Nuestras instituciones deben trabajar más allá de los ciclos electorales. Y antes del cambio del Poder Ejecutivo Federal y del Congreso, hay mucho que puede hacerse para encarar corrupción e impunidad: políticas públicas, reformas legislativas, compromisos concretos de todos los partidos y candidatos”.

Y advierte: “Que no haya lugar a dudas. Las y los ciudadanos estamos dispuestos a trabajar para reformar nuestras instituciones y leyes, y mejorar el ejercicio de gobierno. No podemos perder la oportunidad histórica que se nos presenta para dejar de ser un país con elevadas prácticas de corrupción y lacerante impunidad. No podemos aceptar esta, como nuestra realidad. Hay que tomar el control, antes de que sea demasiado tarde”.

La ruta está trazada.

Me queda claro que el combate efectivo a la corrupción e impunidad mediante un ejercicio perseverante de transparencia y rendición de cuentas, sólo será posible con el impulso ciudadano.

Ahora o nunca.