Una de cumpleaños, robos y maquinaciones (priistas)
Está visto que el marinismo en pleno está decidido a regresar de lleno, de tiempo completo, y al cien por ciento, a la escena política poblana, de cara a los comicios del 2015, 2016 y 2018, cueste lo que cueste.
El líder moral de la corriente priista que administró el estado en el sexenio pasado, Mario Marín Torres, también conocido como “El Góber Preciso”, le va a apostar todas sus canicas y sus millones a su nueva sociedad con el diputado federal, Enrique Doger Guerrero.
Para ello ya se pasea, sin pena ni gloria, ni temor a ser detenido por el desastre financiero y de corrupción cometido en su gobierno, por las calles y fiestas políticas y sociales de Puebla.
Para ello tejió nuevos lazos, nuevas sociedades, nuevas intenciones y, por supuesto, un nuevo proyecto político en el que Enrique Doger será el candidato al gobierno en los comicios locales que se avecinan.
Al diputado federal, quien no hace mucho defenestró, aporreó, vapuleó y avergonzó al marinismo, al PRI y a muchos de sus correligionarios, como a su par, Javier López Zavala, no le importa si es la gubernatura chica o grande, su intención es llegar y hospedarse en Casa Puebla.
Para ello se olvidó de su repugnancia al marinismo y del odio a quien lo mantuvo a raya durante seis años para convertirse en su socio mayoritario, Mario Marín.
Hoy por hoy, tanto Marín como Doger, son los nuevos socios poblanos que buscan derrocar al gobernador, Rafael Moreno Valle Rosas, para recuperar sus fueros.
Para ello, dicen, están haciendo todo lo posible por patrocinar, financiar y apoyar todo lo que huela a antimorenovallismo.
Ni los métodos ni las formas importan, lo importante es recuperar y arrebatar las llaves de Casa Puebla.
Mario Marín ya empezó a hacer lo suyo, su parte del pacto con Doger.
Y es que reapareció en el Consejo Estatal priista pasado para mostrar que no está muerto, que lo dejaron vivir y ahora puede ser muy peligroso. Jura que ya tiene listo a su ejército de operadores y que viene por la revancha.
El pacto Marín-Doger es muy sencillo, el acuerdo es convertir a Enrique en candidato a gobernador y recuperar el poder para el PRI, hacer candidato a diputado federal al primogénito del ex gobernador, a su hijo, Mario Marín García.
Por eso Marín y Doger empezaron a aparecer en público, por separado y juntos. El mensaje es muy claro, una advertencia al gobernador, Rafael Moreno Valle, quien, hay que decirlo, no está manco.
Esto explica las acciones, acusaciones y denuncias mediáticas en contra del inquilino de Casa Puebla.
Y es que Doger sabe que su último tren está en marcha porque de lo contrario, si no logra la candidatura para ser gobernador, se va a quedar bailando.
Por eso utiliza sus medios de comunicación, su dinero, sus recursos y a todos sus colaboradores para hacer escándalo.
El robo en su contra, igual que Ana Teresa Aranda, sin pruebas contundentes, ahora dice que fue obra del gobierno del estado.
Se atrevió, temerariamente, a denunciar públicamente en redes sociales -vía Twitter- que el gobernador lo amenaza y lo hostiga. Las pruebas, según él, las mostrará hoy en conferencia de prensa.
Lo cierto es que convirtió el hurto a sus oficinas en un show mediático.
¿Por qué no denunció antes las supuestas amenazas?
¿Por qué no reveló los nombres de los supuestos terceros que lo sentenciaron?
La información del supuesto robo únicamente lo publicaron sus medios de comunicación, a quienes sus colaboradores se lo filtraron.
Doger, por supuesto, no tiene un pelo de tonto y aprovechó el acto para sacar provecho mediático.
El robo a sus oficinas de gestión dejó su asistencia a la fiesta de cumpleaños de Luis Tiffaine Álvarez y a su nueva reunión pública con su socio Mario Marín en segundo plano.
De pronto se volvió, por sus aspiraciones políticas, un acérrimo enemigo del gobierno del estado, de su titular, Rafael Moreno Valle, con quien antes pactó una traición al PRI.
Empero, creo que los priistas no olvidan que dejó solo a su partido en los últimos comicios locales y federales, en los que los candidatos tricolores salieron derrotados.
Hoy, Doger y Marín impulsan una insurrección priista que puede apagarse con un nuevo escándalo de esos de corrupción y de líos muy personales en sus respectivas gestiones pasadas.
Las cosas se van a poner muy buenas porque la dupla Marín-Doger no va a someterse ni a las órdenes, ni a la voluntad de Isabel Allende Cano, la dirigente estatal del PRI.
Ellos ya traen su camino trazado.
Y su guerra en contra del gobernador, Rafael Moreno Valle, promete sacar chispas porque los de enfrente no se van a quedar con los brazos cruzados.
En Twitter: @poncharelazo
