Un pueblo armado = un pueblo más violento
La solución para contrarrestar la delincuencia en Puebla y reducir sus graves y altos índices por supuesto que no es armando a la población hasta los dientes con artefactos de bajo o grueso calibre.
Esto desde luego implica que el riesgo para enfrentar a los maleantes será aún más alto del que actualmente viven los ciudadanos.
Los asesinatos a sangre fría se volverían el pan de cada día en el estado, por lo que la recomendación del diputado local priista Rosalío Zanatta Vidaurri -de armar a la sociedad- parece más una locura que un remedio para erradicar la inseguridad en el estado.
Sobre todo porque está claro que el combate a la inseguridad y a la delincuencia no se va a resolver respondiendo con más violencia, sino al contrario.
Se necesita, como ayer lo dije, más y mayor inteligencia de parte de las autoridades encargadas de la seguridad de los poblanos y de todos los mexicanos, en general.
Es urgente una mejor estrategia y un plan de inteligencia para tratar de erradicar desde la raíz el fenómeno social que no es exclusivo de Puebla sino de todo el país.
Si la población se armara los delincuentes lo harían al doble, seguramente.
Así que ya no hurtarían las viviendas, los autos, los bancos, los comercio y hasta a los transeúntes con armas comunes y corrientes, por decir algo.
Si la delincuencia común y organizada sabe que hay flexibilidad para poder adquirir un arma y obtener un permiso para portarla entonces se equiparía todavía mejor para realizar sus atracos.
Habría, por supuesto, más muertos, más balaceras, más asaltos a mano armada y mucho pero mucho más violencia de la que se está viviendo actualmente en la entidad y el resto del país.
Los asaltantes pensarían en su lógica que si al cometer algún delito estarían en mayor riesgo de morir ante la reacción de su víctima, quien podría estar armada, entonces pensarían matar antes de ser detenidos o sometidos a balazos por cualquier ciudadano.
Ahí está el caso de Estados Unidos y su venta indiscriminada de armas de fuego.
La comercialización de estos artefactos es tan demandante en aquel país que se dice que los norteamericanos tienen más armerías que restaurantes y oficinas de correo.
Según las estadísticas, en los EEUU existen 55 mil comercios establecidos que venden armas de todo tipo y calibre. Y a estos espacios se suman otras ocho mil casas de empeño que cuentan con permisos oficiales para comercializar los mismos artefactos.
En los EEUU para poder comprar un arma el solicitante es sometido a una revisión de sus antecedentes en el registro nacional criminal; posteriormente, si no se presenta ninguna anomalía en su récord entonces es libre de poder adquirir cualquier artefacto.
Sin embargo, también existen ferias de venta de armas y ventas privadas en los EEUU, por lo que en esos lugares cualquier persona que así lo desee puede hacerse de un arma de cualquier tipo sin restricción alguna.
Únicamente se niega la compra de un arma a aquellas personas que tienen antecedentes criminales y que fueron condenadas a una pena de prisión por más de un año.
Se dice que en los EEUU por cada habitante existe un arma de fuego, por lo tanto el riesgo de que alguien sea asesinado por una bala es muy alto.
Así que sería una locura siquiera pensar en que en el estado en el país se pudiera comercializar con armas sin restricción alguna.
Se necesita, insisto, mucha inteligencia para poder garantizar la tranquilidad e integridad de los ciudadanos, a pesar incluso del fracaso del nuevo sistema de justicia penal, el cual pretende, entre otras cosas, evitar el encarcelamiento de las personas y el hacinamiento de las cárceles.
La propuesta del diputado local poblano Rosalío Zanatta me parece el último de los recursos porque simple y sencillamente ni en Puebla ni en México estamos en guerra.
Me parece mucho más prudente el hecho de que los poblanos les exijamos a nuestras autoridades mayor respuesta y una estrategia mucho más inteligente para combatir a la delincuencia.
Los poblanos no podemos poner en riesgo la vida de nuestras familias, de nuestros padres y de nuestros hijos armándonos hasta los dientes.
La seguridad del país y de la sociedad en general es una obligación de los tres niveles de gobierno, municipal, estatal y federal.
La propuesta del gobernador Rafael Moreno Valle Rosas, sobre contratar un nutrido grupo de elementos de la policía federal y militar para combatir la delincuencia, me parece una medida más sensata.
Sin embargo, la presencia en el estado de estos elementos debe ser permanente y no pasajera.
