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RMV, la libertad de expresión y el 2018

Es un hecho que el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas (RMV), después de su triunfo electoral del domingo pasado en el que el PAN avasalló al PRI con la figura de Tony Gali, está en plan grande y ya piensa, trabaja y opera -con más confianza- su ruta de cara al 2018, a la lucha presidencial.

Su discurso incluso ya cambió y se empezó a perfilar al ámbito nacional, al bienestar de los ciudadanos.

Ayer, durante la celebración que sostuvo con los dueños, directores, columnistas, reporteros y fotógrafos de los medios en Puebla -en el Museo Internacional Barroco (MIB)- dejó claras tres cosas:

La primera, que está consolidado como un político maduro que lo mismo se maneja en el ámbito local por la transformación y continuidad que ha logrado en Puebla, que en lo nacional por sus relaciones y acuerdos con otros mandatarios, partidos y nuevos jefes de Estado.

La segunda, que es un gobernante hecho que ya demostró que las cosas se pueden hacer tan sólo con voluntad, inteligencia y una estrategia clara que te lleve donde quieres.

Y en ese sentido, la nueva imagen de Puebla y todos los logros del gobierno son la prueba fehaciente de que “querer es poder”.

Y la tercera, que es un operador electoral nato, probado, que rompió e hizo trizas el mito de “gobernador no pone gobernador” en el estado contra todos los pronósticos de la historia de Puebla y de los partidos y personajes que intentaron derrocarlo.

Los alcances del gobernador Rafael Moreno Valle, hay que reconocerlo, están más allá de lo que el PRI, el PAN y otros partidos con una fuerza opositora considerable se imaginaban.

Y aunque, ciertamente, el triunfo en Puebla de RMV fue contundente pero no a tal grado de sorprender por la aplastante derrota que le propinó el PAN al PRI en el resto del país, Puebla, ya quedó claro, es un bastión panista-morenovallista que suma al capital político de su mandatario.

Y a esta estructura electoral y política que RMV ha ido construyendo en la entidad y a lo largo del país también se suma Tamaulipas y de alguna forma hasta Quinta Roo.

Enrique Peña Nieto (EPN), presidente de la república, sabe que el gobernador del estado es un operador panista que está metido en las entrañas de su partido y que pesa lo suficiente como para necesariamente poder lograr acuerdos con miras a su sucesión.

Y más aún con el magro resultado que el PRI y Manlio Fabio Beltrones obtuvieron en los comicios del pasado 5 de junio, en los que perdieron 7 de las 12 gubernaturas que se jugaron en todo el país.

Empero, es todavía más necesario que el peñismo sume aliados fuertes y probados en la batalla electoral si es que quiere evitar que Morena y su líder, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) sigan avanzando y lleguen a la sucesión presidencial como puntero en las encuestas.

Las cosas, evidentemente, no están nada fácil para Peña ni para nadie; tampoco al PAN le queda el papel de triunfalista que ya se enfundó Ricardo Anaya Cortés, quien deberá analizar actuar como dirigente nacional de un partido como el PAN o como aspirante a la presidencia.

Y aunque aún falta mucho para el 2018, sobre todo porque aún ni siquiera concluye en forma el proceso electoral del pasado fin de semana, ya es necesario que los institutos políticos empiecen a mover sus fichas.

Con la caída de Manlio Fabio Beltrones, líder nacional del PRI, el peñismo tendrá que analizar a consciencia a quién perfilar como el posible sucesor del presidente de la república.

Ya no hay espacio para errores.

Mucho menos para la mentada “operación cicatriz”.

Lo que el PRI necesita -en todo el país-, particularmente en Puebla, es renovarse o morir.

Por cierto, ayer el festejo por el Día de la Libertad de Expresión que el gobernador RMV sostuvo con el gremio periodístico en Puebla fue el último de su sexenio.

Enhorabuena.

En Twitter: @poncharelazo