¿Quién pierde y quién gana sin las alianzas?
Si alguien pensó que el presidente Enrique Peña Nieto (EPN) y sus operadores políticos se están durmiendo en sus laureles, de cara al proceso electoral federal que se avecina, lamentó decirle que se equivocó garrafalmente.
Ayer, quedó de manifiesto el trabajo operativo ejecutado por el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, para echar abajo cualquier posibilidad de que los partidos antagónicos al PRI se aliaran y coaligaran para complicarle el futuro político a su jefe y al grupo en el poder.
Ni el PAN, ni el PRD irán en alianza con otras fuerzas políticas, mucho menos entre sí; ni siquiera el Partido Nueva Alianza (Panal) acompañará al Revolucionario Institucional en los comicios del próximo año.
En pocas palabras “tejió fino” el presidente Peña sobre el tema de las alianzas.
Operó con efectividad el tema de las mentadas posibles coaliciones.
Y es que el mandatario nacional sabe perfectamente que perder la mayoría en la Cámara de Diputados significaría un verdadero suicidio y, prácticamente, la entrega de la presidencia a sus adversarios en el 2018.
Las alianzas, por supuesto, iban en ese sentido y tenían ese mismo cometido.
Si desde hoy el PAN y el PRD se aliaban para hacerle la guerra a EPN y al PRI, en el futuro ya habría sido muy difícil pararlos.
Desde luego, los ganadores en esta etapa del proceso electoral federal son EPN y su partido, el PRI.
Con este escenario de no coaliciones, los partidos políticos que son su oposición, junto con sus gobernadores, tendrán que negociar, necesariamente, “alianzas de facto” para poder aspirar a ganar la elección en sus respectivos estados.
De lo contrario, deberán enfrentar la posible elección de Estado que pudiera organizar el PRI con apoyo del ejército peñista.
Con la participación de los partidos en la próxima elección, ya sin las alianzas o las famosas coaliciones, la justa electoral se pone muy interesante, tanto el ámbito nacional como en el local.
El escenario y las circunstancias políticas, de entrada, para el PRI y su presidente, es decir, EPN, no son las mejores, por lo que tendrán que seguir tejiendo fino para poderlas sortear de la mejor forma.
A pesar de ello, la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa es la piedra en el zapato y el lastre que Peña y el PRI van a seguir cargando en las próximas elecciones. Sin embargo, sin las famosas alianzas el panorama se ve poco menos complicado para ganar mayoría.
Eso sí, los perdedores en el decreto de que no existan alianzas o coaliciones en la próxima jornada electoral son, particularmente, el PRD y el PAN aunque digan lo contrario.
La situación político-electoral perredista es casi igual o peor que la del PRI.
A los perredistas se les adjudica directamente la creación de José Luis Abarca, ex edil de Iguala y presunto autor intelectual de los atroces hechos registrados en Guerrero la noche del pasado 26 de septiembre y la madrugada del día 27.
El PRD era dueño, amo y señor, de todo Guerrero. Era su coto de poder hasta que sucedió lo de Iguala. Esto, por supuesto, los mexicanos no lo olvidan.
Y si a esto le sumamos la desbandada perredista, principalmente la salida de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, su líder moral, la cosas para los perredistas se ponen peor.
Morena, tal vez sea el último clavo del ataúd político en el que descanse el PRD durante los próximos comicios.
En el plano local, las cosas son semejantes.
El PRD en Puebla no existe si no está coaligado con otro partido, por eso la preocupación de Socorro Quezada Tiempo, su dirigente estatal.
Los perredistas poblanos estaban urgidos de una alianza con el PAN que les permitiera aspirar a un par de diputaciones, por lo que ahora sin coalición se van a quedar chiflando en la loma.
Morena, estoy seguro, los va a hacer pedazos.
Otro de los perjudicados con el NO a las alianzas es el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas, quien si bien tiene los hilos del estado y las estructuras de casi todos los partidos, sin la dupla PRD-PAN le costará un poco más de trabajo ganar la mayoría de las 16 diputaciones.
Ya veremos cómo revierte el mandatario la estrategia electoral ordenada por EPN y por el PRI de cara a las próximas elecciones federales.
A ver si esta vez el presidente quiere darle la batalla al morenovallismo.
Se va a poner bueno.
En Twitter: @poncharelazo
