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Puro cartucho quemado en el PRI (rumbo a la extraordinaria)

En el PRI poblano parece que no quieren salir de su desgracia, de su mala racha, de sus días negros y del sótano político electoral en que se encuentran desde que el morenovallismo les arrebató el gobierno del estado.

Desde aquel 2010, los priistas no dan una.

Sus líderes no acaban por reconciliarse, por fumar la pipa de la paz y por tratar de rescatar lo poco que queda del ex partidazo.

No se ve de qué manera el PRI pudiera volver a ser el partido que fue en la época de, por ejemplo, Mariano Piña Olaya, Manuel Bartlett Díaz, Melquiades Morales Flores y hasta Mario Marín Torres.

Los priistas no han hecho ni parece que quieren hacer algo por recobrar la fuerza política-electoral que algún día tuvieron, esa que les permitió gobernar el estado por más de 70 años.

Hoy por hoy tanto el PRI poblano como el nacional están sumidos en una severa crisis de credibilidad, de arraigo entre la gente y hasta de identidad.

Porque los priistas ya no saben si fugarse y correr a los brazos Morena, o esperar a que un milagro los salve de la extinción, tanto a nivel nacional como estatal, donde las cosas son muy graves.

Los mejores cuadros del PRI parecen haberse terminado, y los que quedaban se mudaron a otras fuerzas políticas donde han encontrado mejores espacios, menos jaloneo y muchas oportunidades para colocarse en el servicio público.

Allí esta Alejandro Armenta Mier, el senador de Morena, que le disputa la candidatura al gobierno a Luis Miguel Barbosa Huerta, quien se perfila -sin problema- como abanderado del Movimiento de Regeneración por segunda ocasión.

Y mientras eso sucede, en el PRI siguen igual, sin rumbo, sin ganas de lucir, sin la posibilidad de poder recuperarse y, lo peor, sin la menor posibilidad de negociar y acordar entre sus más grandes e importantes corrientes.

Prueba de ello son los priistas que han levantado la mano para asumir la candidatura al gobierno: Alberto Jiménez Merino, Ricardo Urzúa Rivera y Lorenzo Rivera Sosa.

Al PRI no podría irle peor con estos gallos “ya muy peleados”, quienes lo único que parecen generar entre la militancia es risa, extrañeza, duda y desánimo.

Alberto Jiménez siempre que hay un proceso electoral él quiere ser todo, no le importan las críticas porque al final siempre termina negociando abajo y cachando lo que le regalan.

Ricardo Urzúa es un empresario poderoso pero desconocido por el grueso de la población, quien lo único que tiene de bueno como político es dinero y más dinero para poder hacer una campaña muy basta.

Y Lorenzo Rivera cree que su nombre es una marca rentable que está posicionada muy bien en el estado gracias a que su hijo lleva el mismo nombre.

Don Lorenzo piensa que si la marca Tony Gali pudo y funcionó en la política, lo mismo podría suceder con él y con su hijo para despertar el ánimo de la gente, percepción, hay que decirlo, es totalmente errónea y equivocada.

Estos tres priistas que buscan abanderar a su partido en las elecciones extraordinarias que se avecinan, por cierto, intentan catapultarse sin el apoyo de otros de sus correligionarios quienes sí tienen arrastre.

Y es que si los priistas que quieren ser candidatos no convocan a la unidad al seno de su partido y se quieren ir por la libre entonces no les espera un buen resultado.

Porque hay que reconocer que tanto Enrique Doger Guerrero como Javier López Zavala, ambos ex candidatos al gobierno, cuenta con una estructura pequeña o mediana que bien podría sumarle o restarle al PRI.

Empero, si la estrategia de los priistas es hacerle el caldo gordo a Morena entonces van por buen camino.

Porque al parecer no quieren ni competir ni recuperar Casa Puebla.

Y algo similar pasa en el PAN.

Por lo pronto, todo indica que Morena y su candidato, gracias al PRI y al PAN,  tienen el camino libre para gobernar el estado por los próximos 5 años y medio.

Ya lo verán.

En twitter: @poncharelazo