No se vale
El tema de los "huachicoleros", como se les llama a los ladrones de combustible sobre los ductos de Petróleos Mexicanos, pasó ya de la nota roja al espacio político.
Mal que así sea, y que en un afán de lograr ventajas en un periodo electoral afloren ahora los juicios sumarios en contra de quienes pudieran tener algún grado de responsabilidad en esa modalidad que ya pasó a engrosar la agenda de riesgos en materia de seguridad nacional.
Se sabe que la reincidencia delictiva obedece a que el robo de gasolina genera ganancias de dimensiones inimaginables, y de ahí la presencia de grupos delincuenciales de alta escala procedentes de otras entidades.
Y que históricamente, en su florecimiento ha habido sin duda desatenciones, omisiones y complicidades que abarcan, implican y comprometen a los tres niveles de gobierno.
Así se ha evidenciado al menos en casos de empleados de Pemex, de autoridades municipales y de algunos mandos policiacos.
De todo ello hay certeza absoluta, incluso algunos de los implicados están ahora bajo proceso judicial.
Aun así, no parece válido que en estos momentos de algidez y efervescencia política se use la tribuna para lanzar acusaciones que no se pueden sustentar.
Es el caso de figuras partidistas y otros tantos actores políticos que quieren sacar raja electoral haciendo acusaciones a granel, a partir de hechos ocurridos durante el fin de semana pasada.
Previo a la conmemoración de la Batalla del 5 de Mayo se suscitó un brutal asalto a una familia en la autopista México-Puebla, en inmediaciones de la caseta de cobro de San Martín Texmelucan, y luego un enfrentamiento en Palmarito Tochapan, en el que perdieron la vida cuatro militares y otros 12 resultaron heridos.
El escándalo mediático fue aprovechado por Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya, pero ninguno fue capaz de plantear propuestas para atender de la mejor manera este complejo fenómeno social.
Los dirigentes de Morena y el PAN no sugirieron qué hacer, por ejemplo, cuando los grupos delictivos se escudan en mujeres y niños para atacar a mansalva a las fuerzas de seguridad.
O cómo proceder contras las señoras y jóvenes que a cambio de dinero participan en marchas y barricadas, o de los niños que actúan impunemente como "halcones" para dar aviso sobre la presencia policial.
O de qué manera se debe afrontar a comunidades enteras que se han coludido no sólo para encubrir, sino participar activamente en hechos constitutivos de delito, quizá sin dimensionar la gravedad de su actuar.
Ninguno de ellos refiere a los policías y militares caídos en una lucha por ahora desigual, ni mucho menos han ponderado la voluntad expresada en los hechos del gobierno estatal para combatir a los grupos delictivos.
Las cifras sin precedente ahí están: en la primera semana de mayo, 25 operativos con el decomiso de poco más de 75 mil litros de hidrocarburo, para llegar a los más de dos 2 millones de litros en lo que va del año; el aseguramiento de 41 vehículos y de 11 tomas clandestinas, más la detención de 14 presuntos delincuentes.
Y aunado, cómo se impulsa una estrategia integral, con una visión que permita reconstruir el tejido social que ya alcanzó altos grados de descomposición.
Nada.
En el discurso con fines político-partidistas sólo se acusa y se señala con la única obsesión de buscar culpables en un momento clave y crucial que permite visualizar el reforzamiento en el combate contra los llamados "huachicoleros", y el eventual encauzamiento al orden y al bienestar de una amplia zona del territorio poblano.
Al menos así parece.
Al oído
El título logrado por el aguerrido y voluntarioso equipo de los Lobos de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla fue ampliamente disfrutado por la numerosa afición local, tan ávida de victorias y de fútbol disputado con gallardía y honor.
En el fútbol, como en la vida misma, nada es casual.
Sin perjuicio de lo que ocurra en la serie final por el ascenso, el campeonato logrado es un triunfo compartido, pero el mérito institucional y del Rector Alfonso Esparza no puede escamotearse.
Felicidades.
