Los gallitos del PRI
Es imposible dejar de opinar, criticar y analizar la vida interna del PRI en Puebla cuando sus propios militantes, dirigentes y simpatizantes continúan dando de qué hablar, además de seguir mostrando su desmedida ambición y comprobando su exagerado descaro.
No hay que ser un erudito para poder traducir las acciones e intenciones de aquellos priistas que pretenden quedarse con la dirigencia estatal de su partido en sustitución de Pablo Fernández del Campo.
Se dice que tres son los favoritos para alcanzar tal posición: Rocío García Olmedo, Guillermo Deloya Covián y José Luis Márquez Martínez.
Sin embargo, los gallitos del PRI parecen muy, pero muy chiquitos como para dar la batalla que necesita su partido en el 2016 y el 2018, años en los que se elegirá a los nuevos gobernadores de Puebla, al mini de un año y 8 meses, y al que deberá cubrir ya todo un sexenio.
Es evidente que la caballada priista está muy flaca para poder alzarse e imponerse en los comicios que se avecinan al poderoso grupo morenovallista; sin embargo, todo se debe a que en el PRI la realidad no les ayuda en nada.
Los gallitos priistas, sus aspirantes, parecen insignificantes ante el imperio del grupo en el poder.
Además, los antecedentes de los polluelos priistas que operan por la dirigencia estatal tienen mucha cola que les pisen. Tal vez Rocío García sea la más limpia de los aspirantes, pues el trabajo realizado en el PRI por Márquez y Deloya la verdad deja mucho que desear.
El pecado mayor, tal vez, lo haya cometido el famoso Pepe Márquez, un marinista-zavalista de hueso colorado que con el tiempo ha aprendido a camuflajearse de modo que sus componendas no se noten entre la base priista.
Empero, ¿cómo olvidar que Márquez, junto con el diputado Filiberto Guevara González, ambos diputados federales priistas, le jugaron las contras a la alianza PRI-Verde en los comicios pasados?
¿Cómo hacer de lado el gris, opaco y “sospechoso” trabajo legislativo en su paso por el Congreso del Estado, cuando el PRI más necesitó de ambos, particularmente de José Luis Márquez?
Nadie olvida, incluso, que el hoy aspirante a la dirigencia estatal del PRI prefirió cobrar un mejor sueldo como diputado federal que quedarse en el Congreso local y asumir la presidencia de la Junta de Gobierno y Coordinación Política para ayudar a su partido en un momento clave.
José Luis Márquez, entonces, se lavó las manos como Pilatos y abandonó al PRI a su suerte.
¿Cómo creerle hoy el cuento de que será un dirigente priista guerrero, independiente y con ganas de hacer lo que no le dio la gana en otros años?
¿Alguien podría creerle?
La posible llegada de Márquez a la dirigencia estatal del partido tricolor significa más de lo mismo. Los mismos hombres en el PRI, los mismos vicios, las mismas mañas; vamos, muy fácilmente podría pronosticarse el futuro del ex partidazo.
Márquez fue marinista y traicionó su causa por el zavalismo. Posteriormente, fue el más zavalista de los zavalistas y poco tiempo después se entregó al poder por unas cuantas monedas como Judas, dicen.
Hoy, ¿a qué intereses responde?
¿En qué estarán pensando César Camacho Quiroz e Ivonne Ortega Pacheco, presidente y secretaria general del PRI nacional, respectivamente, si es que planean permitir que José Luis Márquez sea el sucesor de Pablo Fernández?
Y luego se preguntan cómo se crean los Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre.
Qué bárbaros.
En twitter: @poncharelazo
