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Los favoritos de la elección siguen siendo Tony y Blanca

Vaya que la elección del próximo 5 junio para elegir al minigobernador del estado -por 20 meses- sacará chispas. Será una contienda histórica en la que, de no haber más cambios, habrá en las boletas tres candidatas y tres candidatos.

Los favoritos, sin duda, son: el abanderado aliancista, Tony Gali, y la candidata del PRI, Blanca Alcalá Ruiz, quienes tienen un escenario complejo -pero no imposible- para alcanzar la victoria.

Así que si las cosas no cambian y los registros de los personajes que se perfilan son aceptados por la autoridad electoral correspondiente, la batalla electoral que se avecina se dará entre: Tony Gali, candidato de la alianza “Sigamos Adelante”, integrada por el PAN, el Panal, PT, PSI y Compromiso por Puebla; Blanca Alcalá Ruiz (BAR), abanderada del PRI-Verde; Roxana Luna Porquillo, candidata del PRD; Ana Teresa Aranda Orozco y Ricardo Jiménez, aspirantes independientes; así como Abraham Quiroz, representante de Morena.

Serían seis los candidatos y seis las opciones de gobierno las que competirían en la elección del próximo mes de junio.

De estas distintas opciones, hay que decirlo, sólo dos tienen serias posibilidades de ganar: la que representa Tony Gali y la que encabeza Blanca Alcalá.

El resto, todo mundo lo sabe, sólo entrará al quite en la elección para favorecer o perjudicar a uno de los dos contendientes más fuertes.

Ninguno de los otros cuatro abanderados cuenta con el recurso humano y la estructura político-partidista como para sorprender y arrebatar la minigubernatura de 20 meses que se va a sortear.

Vamos, a ninguno se les ven patas para gallo, mucho menos a los independientes como para llamarles “los bronquitos poblanos”.

Así que, insisto, la batalla sigue siendo sólo entre dos contendientes: Tony y Blanca.

Las posibilidades para la Doña Ana Teresa son menores, a pesar que ella sea la tercera candidata con mayor fortaleza de los seis aspirantes.

A Ana Tere le perjudica, aunque lo niegue, que el PAN poblano esté fracturado, dividido y controlado en su mayoría por el morenovallismo.

A pesar de ser una mujer con mucho arrastre no le alcanza para llevarse la minigubernatura, y ella lo sabe.

Su popularidad se ve limitada por la división panista y por la apuesta menor que le brindan sus patrocinadores, quienes la tienen allí no para ganar sino sólo para quitarle votos al PAN y a Tony Gali.

Sin embargo, parece muy compleja la idea de que tanto Ana Teresa como Roxana Luna le roben sufragios al PAN y a su candidato, toda vez que por el simple hecho de ser mujeres es más probable que le resten votos a Blanca Alcalá.

Y es que con dos mujeres más en las boletas electorales el PRI pierde los bonos ganados por género, por el simple hecho de llevar a una mujer como candidata.

Habría sido más peligroso, me parece, que Blanca hubiese sido la única mujer en la elección.

La sensibilidad de los poblanos tal vez se habría inclinado en automático por la única candidata que compite por la mini y no por el resto de los candidatos varones.

Lo mismo sucede con Roxana Luna, quien enfrenta un problema más grave que el de La Doña debido a que participará como abanderada de un PRD dividido, fracturado, desdibujado, caído y agobiado por sus cientos y miles de broncas internas.

Porque ¿cuánto vale una candidata a la que no quieren sus compañeros de partido, ni parte de su militancia?

La candidatura de Roxana Luna si bien le da un toque de dramatismo a la contienda electoral poblana también representa una lucha estéril de izquierda que parece que no trascenderá.

El PRD en Puebla es un partido que da pena y su ahora candidata puede ser arrastrada por esa mala percepción.

No entiendo qué valor y qué nivel tiene un partido que mantiene líderes y servidores públicos que dan más risa, pena coraje y tristeza que asombro.

Y ejemplos de esto hay muchos: Socorro Quezada Tiempo, actual dirigente del PRD; Eric Cotoñeto Carmona, líder del FIP; Arturo, “El Sapo”, Loyola González, Julián Rendón Tapia, actual diputado local; Gabriela Viveros González, regidora en Puebla; Carlos Martínez Amador, entre muchos, muchos otros perredistas que dan más pena que risa.

El nivel de los mencionados perredistas poblanos es equivalente a sus proyectos personales, a sus propuestas de gobierno, a su trayectoria política, a su amor por Puebla, a su apoyo y contribución social.

Es igual a cero, a nada y a lo mismo que un billete de 100 mil pesos.

De todos esos disque militantes de izquierda no se hace uno.

Y al resto de los aspirantes a la famosa mini, a Ricardo Jiménez y a Abraham Quiroz, dicen que ni en su colonia los conocen.

En Twitter: @poncharelazo