Los errores de Lalo
La andanada de críticas y ataques contra la figura del edil capitalino, Eduardo Rivera Pérez, por su tercer -frío- y último informe de labores, aunque parece un traje a la medida, no es más que la consecuencia del pésimo trabajo ejecutado en muchas de las áreas de la Comuna poblana.
Tal vez la más desastrosa fue el área de Comunicación Social e institucional.
Hay que reconocer que gran parte de las burlas y humillaciones para con el edil son resultado de la pésima relación que Ignacio Dávila Mora, ex director de Comunicación Social del ayuntamiento, mantuvo con muchos medios de comunicación local.
Y es que Ignacio Dávila perdió el piso una vez que Eduardo Rivera se hizo de la presidencia municipal de Puebla.
Cuando el grupo yunquista del edil asumió el poder ya nada fue igual con su director de Comunicación Social. Había que rogarle para que te regalara apenas un saludo.
Empero, el asesor en comunicación del edil no recordó que la vida es una rueda de la fortuna, ni que los cargos públicos se acaban y pueden terminar siendo un desastre para quien los ejerció de mala forma.
Los excesos de poder en el área de Comunicación del gobierno de Eduardo Rivera llegaron a tal grado que desde el primer año se dieron cambios en este rubro.
Nadie soportaba a Ignacio Dávila, ni siquiera su amigo y colaborador más cercano, Fernando Cortés, actual director de Comunicación Social de la Comuna, a quien humilló cuantas veces se le dio la gana frente a distintos grupos de personas, incluido el propio edil.
Por lealtad a Eduardo Rivera, Fernando siempre se mantuvo en la Dirección de Comunicación al pie del cañón. Sin embargo, muchas veces renunció a su cargo sin que le fuese aceptada tal solicitud.
Aquellas renuncias de Fernando Cortés nunca prosperaron tal vez porque la Dirección de Comunicación se podría haber caído sin él. Y es que fue el propio Fernando quien siempre realizó la talacha y sacó adelante la dirección a cargo de Ignacio Dávila.
Lamentablemente, Eduardo Rivera, siempre lo supo pero nunca quiso hacer algo para remediar los excesos, abusos y la prepotencia que se vivía en su Dirección de Comunicación Social.
Así que ahora por personajes como éste, Eduardo Rivera, sufre el duro juicio de los medios y de algunos otros poblanos.
Y es que el edil llegó al ayuntamiento de Puebla a encerrarse como en un castillo de fantasía.
Se dejó querer por el PAN, apapachar por El Yunque, mangonear por el morenovallismo, asesorar por personajes ambiciosos y mezquinos, y mandar por el gobernador del estado, Rafael Moreno Valle Rosas.
El miedo de Eduardo Rivera a poner orden en su burbuja y a quedarse posiblemente solo fue el motivo que ahora lo tiene contra la pared.
No le importó hacer aliados, amigos con intereses comunes que le permitieran fortalecer sus aspiraciones políticas futuras.
Tampoco le interesó que sus funcionarios y cómplices, como Adán Domínguez, Manuel Janeiro, Arturo Botello, Luis Mora, entre otros, hicieran y deshicieran en la administración municipal para beneficiar, dicen, sus intereses personales.
Eduardo Rivera, prefirió vivir en su castillo de sueños y de cristal, donde nunca pasa nada.
Siempre criticó el trato que el gobierno del estado y su titular le dieron a los medios de comunicación, a reporteros, a columnistas pero él, a través de algunos de sus hombres, hizo lo mismo.
También él clasifica a los medios, a los reporteros y hasta los amedrenta.
También los excluyó de sus eventos.
También los apretó hasta asfixiarlos.
¿Y así quiere gobernar Puebla?
¿Cree que Rafael Moreno Valle lo va a dejar pasar?
Me temo que el castillo de cristal se le va a quebrar y la gubernatura sólo en un sueño va a quedar.
Ni con la ayuda de Fernando Manzanilla Prieto va a poder llegar.
Tiempo al tiempo.
En twitter: @poncharelazo
