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Los cambios en el Verde (segunda parte)

Ayer traté de resumir la larga y trágica historia del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en Puebla y en el resto del país. Intenté mostrar una radiografía del instituto político que ha utilizado el medio ambiente para saciar los intereses muy particulares de sus dirigentes.
La historia de Jorge Emilio González Martínez, el famoso “niño verde”, todo mundo la conoce. Abusó del poder político y económico que le regaló el Verde y el erario público, por lo que terminó zarandeado por la opinión pública.
¿Cómo olvidar todos sus escándalos?
¿Sus frases célebres?
Sin embargo, para desgracia de las hoy delgadas y escasas filas de partido del tucán, la actitud y estilo de vida del “niño verde” quedó reflejada en otros estados, donde su partido está presente.
Puebla, por supuesto, no es la excepción.
Y aunque resulta difícil señalar qué dirigencia del Verde, de las que han pasado por sus distintas oficinas, ha sido la peor, bien podría asegurar, con todo el conocimiento de causa, que la del aún secretario General, Juan Carlos Natale López, ha sido la más atroz.
Y argumentos sobran.
El primero, tal vez el más contundente, es la opacidad y discrecionalidad con la que se manejaron los recursos del Partido Verde en Puebla desde su llegada.
Natale, había tenido ya el ejemplo de sus antecesores, quienes arrasaron con todo lo que era propiedad de su partido, oficinas, mobiliario, recurso humano y económico, y lo más importante, el prestigio del instituto político que todo les dio, e hizo exactamente lo mismo.
Y es que todos los dirigentes que han pasado por el Verde han aprovechado su cargo para llenar sus carteras, saciar sus gustos millonarios y satisfacer todas sus necesidades.
A Gustavo Díaz Ordaz Castañón, el partido del tucán, le dio dinero a manos llenas, a él y a su esposa, Daniela Castro. Con Ernesto Guerrero Aguilar sucedió lo mismo, aunque, en su caso, a él lo chamaquearon sus amigos, Luis Carlos Fernández y Felipe Benítez, a quienes nombró secretarios de Organización y de Comunicación Social, respectivamente.
A Guerrero Aguilar lo timaron, le vieron la cara y le aplicaron el dicho popular, aquel de “ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón”.
Y es que sus huestes se dedicaron a derrochar el “dinero público” del partido (2004) a sus espaldas. Una vez descubiertos los tuvo que echar del partido. Empero, esto provocó que Ernesto Guerrero se proclamara rey del Verde y manejara cada centavo público sin rendir cuentas a nadie, ni siquiera a su dirigencia nacional.
Se dedicó a gastar dinero a manos llenas, a vivir como príncipe, a hacer de la política interna del Verde un negocio familiar y a gestionar espacios públicos para sus parientes y amigos.
Fue por esto que Jorge Emilio González decidió remover a Ernesto Guerrero de la dirigencia en Puebla. Para ello, su paso por el Senado le había dejado una estrecha relación con Manlio Fabio Beltrones, actual líder de la bancada priista en San Lázaro.
Y es precisamente de esa relación donde surge la figura de Juan Carlos Natale, quien no había pasado en Puebla de suplencias en las regidurías de algunos municipios, como el de Puebla.
A Natale lo impulsó un grupo de jóvenes que pretendió revolucionar la política poblana, al que se sumaron personajes de distintos partidos, como Edgar Salomón Escorza, actual líder del Congreso del Estado, y Miguel Salomón, un asiduo ex funcionario marinista.
El caso es que Natale copió fielmente los excesos de sus antecesores e hizo lo mismo con apoyo de sus compinches, Luis Maldonado Fosado y Dulce María Alcántara Lima, secretario de Organización y de Finanzas, respectivamente.
Tanto, Maldonado, como Alcántara, son quienes aún controlan, según los designios de Natale, los recursos del Verde en Puebla. Otro personaje, comparsa del ridículo grupo que controla a este partido, es un pariente de Natale, su primo, Jaime Natale.
Natale, acabó con la poca estructura que heredó del Verde y se dedicó a hacer lo mismo que los anteriores líderes de su partido, a jalar agua para su molino, a satisfacer sus intereses personales, a vivir como millonario, a presumir una estructura de la que carece, a negociar candidaturas y a pelearse con los pocos militantes.
Pensó que su estancia en el Verde era vitalicia.
Durante su paso como líder del Verde, Natale, administró más de 10 millones, 696 mil 823 pesos, recursos otorgados por el Instituto Electoral del Estado (IEE) por concepto de financiamiento público para las actividades ordinarias permanentes del partido.
En 2010, le fueron entregados 5 millones, 483 mil 568 pesos con 51 centavos; en 2011, un total de 1 millón, 377 mil 133 pesos con 93 centavos, y en 2012 la cantidad de 3 millones, 836 mil 122 pesos con 31 centavos.
Y quién sabe, pero, desde hace algunos días, en las oficinas del Verde, las de Natale, están muy preocupados sacando papelería y cuadrando números. 
Ahora, el diputado local, Elías Abaid Kuri, tendrá que empezar desde cero y tendrá el reto de armar una nueva estructura en el Verde para competir en los comicios de 2013.
En twitter: @poncharelazo