Lo que le hace falta al PRI?
“Renovarse o morir”, así reza el refrán que como anillo al dedo le viene al PRI poblano, a su militancia, a sus liderazgos y corrientes, a las dirigencias municipal, nacional y a sus intereses políticos de cara a los comicios que se avecinan.
Si en el PRI no se da un cambio que venga a recomponer las cosas, a poner a sus militantes insidiosos en su lugar, a levantarlos del suelo y a tratar de sacarlos de su letargo no se ve por dónde pueda recobrar el poder que antes tuvo.
Al PRI le hace falta una nueva dirigencia, el relevo del diputado local, Pablo Fernández del Campo, es apremiante.
No hay necesidad de juzgar más, calificar y/o reprochar el trabajo ejecutado en el Comité Estatal del PRI por el legislador, sin embargo, su salida ya es necesaria para darle otra cara, otro aire y otro rumbo a Revolucionario Institucional.
¿Qué espera, César Camacho Quiroz, dirigente nacional del PRI, para ejecutarlo?
¿Cuánto más caído necesita, Enrique Peña Nieto (EPN), ver al PRI en Puebla para rescatarlo?
¿No le interesa lograr mayoría en la Cámara de Diputados federal?
¿De qué le sirven sus inútiles delegados federales en el estado?
¿Cuántas humillaciones más necesita el PRI poblano?
¿Cuántas elecciones más perdidas, cuántas derrotas?
Al PRI le urge una cabeza.
Sus lidercillos ya están muy desgastados. Nadie cree en ellos.
Ni Guillermo Deloya Cobián, ni Rocío García Olmedo han logrado un sólido consenso para hacerse de la dirigencia.
Mientras en el PAN y entre el morenovallismo ya suenan los posibles candidatos para diputados en el PRI no se tiene ni la más mínima idea de lo que sucederá en el futuro.
Los priistas no son capaces de hilvanar una invitación para la prensa. Todo lo tienen que corregir y repetir.
Lo que hace falta en el tricolor es mano dura, firmeza en las decisiones, inteligencia en la estrategia política, un verdadero liderazgo.
En el PRI necesitan terminar con las simulaciones, con las traiciones y con los intereses particulares por encima de los colectivos.
¿Dónde están los Morales, los Marín, los Dóger, los Chedraui para rescatar el partido de su presidente?
Al PRI le urge una limpia en sus filas y necesita reclutar buenos operadores.
Requiere de militantes que se preocupen por levantarlo de las cenizas, de hacerlo un partido competitivo y no un bebedero de políticos sedientos de riqueza y poder.
Lo que le hace falta al PRI es reconstruirse y no cargar con el proyecto personal, a la gubernatura, de Enrique Dóger Guerrero, mucho menos del que cocina el diputado, Pepe Chedraui, día día, tampoco de los sueños guajiros y amenazas de Javier López Zavala.
Da asco ver cómo todos ellos padrotean políticamente a su partido.
¿De qué le sirve Víctor Manuel Giorgana Jiménez, flamante presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso del Estado, al PRI?
¿Qué le aportan sus diputados federales?
Vamos, ¿cuenta el PRI poblano con diputados federales?
¿Dónde carajo están?
¿Y sus presidentes municipales?
Lamentablemente para los priistas tampoco sus diputados locales existen.
Ni sus regidores, ni sus líderes en las juntas auxiliares.
El PRI es un partido político desahuciado que necesita una transfusión sanguínea que le ayude a volver a la vida.
El Frankenstein priista que sobrevivió a aquel desastroso 2010, cuando perdió el estado y el control político en Puebla, está muerto y no se ve por dónde pueda recuperarse.
No habrá más futuro político para el PRI mientras gobierne en Puebla el poderoso e implacable morenovallismo.
En Twitter: @poncharelazo
