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Lo bueno, lo malo y lo feo del caso Chalchihuapan

Mucho se ha hecho, dicho, escrito y aprendido en Puebla por el escandaloso y polémico caso de la refriega entre policías y manifestantes de San Bernardino Chalchihuapan, el cual derivó en la trágica muerte del niño José Luis Tehuatlie Tamayo.

Sin duda, lo más escabroso, doloroso y terrorífico del tema es el deceso del menor de apenas 13 años, quien sin saber acudió a una manifestación que resultaría mortal para él y una desgracia para su familia.

Los responsables, sean quienes sean, llevarán grabada por siempre la muerte de José Luis en la mente y en su conciencia.

En lo personal, sin temor a equivocarme, creo que la más responsable del deceso es la diputada federal perredista, Roxana Luna Porquillo, quien fue la encarga de acarrear, junto con sus parientes, a los indígenas que no sabían, en algunos casos, siquiera a lo que iban a la Atlixcáyotl.

A los Luna Porquillo no les importó que su manifestación estuviera plagada de niños, mujeres y personas de la tercera edad. El objetivo era bloquear la carretera a como diera lugar.

Ojalá que esto sirva para evitar que se den otras manifestaciones en las que los protagonistas sean niños, mujeres y ancianos sólo por beneficio de algunos.

Por supuesto que el gobierno del estado y la “Ley Bala” también tienen responsabilidad por la brutalidad empleada para desalojar y desbaratar el bloqueo. Es un hecho que sus elementos de seguridad no están bien capacitados.

Sin embargo, como lo he señalado en este espacio, los hechos en el escándalo hay que verlos y analizarlos con cabeza fría, sin temor alguno a la crítica.

Y es que sobre el caso Chalchihuapan existe lo bueno, lo malo y lo feo para los poblanos y el resto de los mexicanos (políticos, funcionarios, periodistas y toda clase de ciudadanos, quienes antes no opinaban de Puebla ni por casualidad).

Lo bueno, si es que pudiera haber algo bueno sobre el tema, es precisamente observar que Puebla es un importante estado por el que ahora todo mundo se preocupa.

Extrañamente, a muchos les ha dado por opinar sin antes indagar, cerciorarse o preguntar los detalles del hecho para lanzar acusaciones, juicios y aseveraciones de todos tipos tanto en contra del gobierno como de los manifestantes.

Otro punto bueno de todo esto es que ya vieron los ciudadanos que todos los excesos son malos, tanto de manifestarse de manera irresponsable como de emplear la fuerza pública de forma desmedida y cruel.

Siempre lo he dicho, y ahora más que nunca lo sostengo, los equilibrios a todos nos convienen, en todos los ámbitos.

Si hay algo bueno en el caso, es que se pueda hacer justicia tanto a los padres del menor muerto, quienes tienen que ser indemnizados por el fallecimiento de su hijo, como al gobernador, Rafael Moreno Valle Rosas, quien ha sido, también, criticado en demasía.

Al final, existe un Poder Legislativo que es el responsable de aprobar o no las disposiciones del mandatario. No de aplicar las leyes, como ellos tontamente dicen, pero sí de revisar a detalle las normas que rigen la ciudad y que avalan levantando su dedito.

A ver si ya se dieron cuenta que no a todo tienen que decir sí como borregos. Lo más recomendable es que los hagamos trabajar y pensar tantito, leyendo y comprendiendo lo que aprueban, digo, si es que no es mucho pedirles.

Lo malo sobre Chalchihuapan, es que la sociedad poblana parece descompuesta por una disputa política entre los Luna Porquillo, sus intereses y el gobierno del estado.

Ese maldito conflicto ya dejó un inocente muerto.

Empero, es verdaderamente deleznable que se hayan acarreado indígenas, quienes apenas pueden darse a entender por tener un dialecto distinto que cumple con sus tradiciones, a una manifestación que se les salió de control a sus creadores.

Lo malo es que todo esto ya enfrentó y dividió a los poblanos.

El gremio periodístico y reporteril ni se diga.

En el medio ahora ya existen los buenos, los malos, los ojetes, los marranos y otros calificativos que da pena mencionar.

Señores, recuerden que perro no come perro.

Por eso estamos como estamos.

Lo mejor es dedicarse a informar en las condiciones que cada quien elige sin faltarse al respeto.

Es de sabios equivocarse y rectificar, dirimir las diferencias en el plano de la razón y la paz.

Cada quien sabe y demuestra el nivel que tiene como periodista y como persona.

Y, también, cada quien sabe lo que ha hecho bien y ha hecho mal.

Carajo, todos, absolutamente todos, tenemos colita que nos pisen, unos más larga que otros, eso sí.

Dijera aquel pasaje de la Biblia, “el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”.

Lo feo, es tratar de proyectar que ahora Puebla es un infierno, un estado en guerra y constante conflicto.

Primero fue “el góber precioso”, Mario Marín Torres, y ahora el escándalo de la “Ley Bala”, la manifestación de Chalchihuapan y la muerte de José Luis Tehuatlie.

Carajo, ¿cuesta tanto trabajo lograr una sociedad democrática, justa y equilibrada?

Es evidente que los intereses políticos, económicos y de poder están detrás de todos los excesos en el caso Chalchihuapan.

Ya no le echemos más leña al fuego.

Insisto, ¿por qué no mejor contribuimos para que en Puebla exista un clima de paz y tranquilidad?

En Twitter: @poncharelazo

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