Las estupideces de algunos poblanos
Las estupideces de algunos poblanos que maquinan y arman un autosecuestro o una llamada de auxilio falsa sólo para joder al prójimo merecen una sanción severa.
Y una sanción ejemplar que permita un escarmiento para todos aquellos que intentan tomar el pelo a los demás, quitarles el tiempo y hacerlos pasar por unos tontos.
Lamentablemente, como dicen, en la viña del señor hay de todo.
Ladrones, mentirosos, defraudadores, abusadores y hasta políticos corruptos.
Hay quienes por simple ambición y un voraz apetito de poder económico son capaces de vender su alma al diablo, de robar de alguna forma o de engañar y hacer pasar un peligroso mal rato a sus propios familiares.
A estos sujetos no les importa provocar un infarto o hasta la muerte -por la impresión- a sus parientes con tal de salirse con la suya.
Y menos les importa el esfuerzo, trabajo y la inversión de todo tipo que realizan las autoridades para tratar de rescatarlos y ponerlos a salvo.
La clase de personas que se dedican a realizar llamadas de emergencia falsas y autosecuestros, entre otros artificios, hay que decirlo como es, “no tienen madre”.
Los seis años que establece la ley para quienes fingen un secuestro me parecen apenas una cachetada con guante blanco.
Un castigo que se queda corto para alguien que es capaz de cualquier cosa con tal de satisfacer sus intereses personales y ganar dinero sucio.
Las autoridades encargadas de la seguridad en el estado, junto con los diputados locales y federales, deberían gestionar una pena mayor de cárcel, una sanción económica severa y un buen número de horas de trabajo social para los estúpidos que se dedican a este tipo de engaño.
Diez años de cárcel, 50 mil pesos y 800 horas de trabajo social me parecen una sanción ejemplar para quienes obligan a movilizar en vano a nuestros cuerpos policiacos.
Sobre todo ahora que las condiciones de inseguridad en el país son graves, y que los ciudadanos necesitamos de la máxima atención de nuestras autoridades.
Y el primer castigo ejemplar debería llevárselo Jorge Arturo Hernández Pérez, el sujeto de mala entraña que fingió su secuestro para tratar de robarles dinero a su esposa y a sus parientes políticos.
Así es, el mentado propietario del automóvil Camaro amarillo que armó toda una película para que le creyeran que había sido privado de su libertad.
El mismo que planeó su secuestro, que desapareció, que aterrorizó a toda su familia, en particular a su esposa, con tal de lograr dinero fácil.
Que pena que existan poblanos con esa mentalidad y maldad.
No es posible que sujetos sin escrúpulos como Jorge Arturo alarmen a toda una sociedad, sabedores de las consecuencias que podrían generar sus repugnantes actos, y hagan perder el tiempo a las autoridades encargadas de la seguridad.
Porque Jorge Arturo estuvo a punto de echar a perder el rescate de los empresarios españoles que fueron secuestrados por la gente de seguridad que laboró con ellos.
Y es que el personal especializado en secuestros de la Fiscalía poblana estuvo atendiendo casi al mismo tiempo ambos plagios, uno real y peligroso, y el otro toda una farsa.
En lo personal, debo confesar que el día del supuesto secuestro o desaparición del mentado dueño del Camaro me contactó una persona que me aseguró que Jorge Arturo no estaba secuestrado sino más bien escondido.
Me dio algunos antecedentes del sujeto, de su familia y de su esposa, desde luego. Y se me hizo difícil creer que alguien pudiera tener la osadía y la intención de obtener dinero de esa forma, no podría creerlo.
Empero, casi al tiempo que la versión del autosecuestro se supo por parte de la Fiscalía
General del Estado (FGE) mi contacto me llamó e irónicamente me salió con el clásico “te lo dije”.
Entonces entendí la clase de personas a la que pertenece el mentado dueño del Camaro, sobre quien podría contar anécdotas y aventuras que ya me han narrado pero que no valen la pena.
Ahora es mejor poner a discusión el tema de las sanciones y la aplicación de todo el peso de la ley a quienes hagan teatros y den espectáculos falsos como el del vendedor del Camaro.
Que pena que los poblanos seamos capaces de mentir de esta forma sólo por nuestra ambición.
Lo único bueno de esta historia es que ya es hora de que nuestros diputados pongan manos a la obra y reformen la ley en la materia para sancionar la estupidez de este tipo de ciudadanos.
Hasta dónde seremos capaces de llegar.
Y luego porque las autoridades no nos hacen caso.
Aquellos que juegan al secuestrado, al auxilio falso y al engaño merecen un escarmiento.
Ruéguenle a Dios que nunca les pase algo.
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