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Contrastes

Las ambiciones personales hunden al PRI

La salida de Guillermo Deloya -aunque él afirma que nunca entró- de la sucesión de Pablo Fernández del Campo, la guerra de baja intensidad del diputado federal, Enrique Doger Guerrero, la sumisión y el miedo del diputado Carlos Sánchez al morenovallismo y el desinterés de los delegados yucatecos confirman que el PRI en Puebla sigue en crisis.

Una crisis que ya parece interminable por los mismos factores desde la derrota del 2010: la división entre los grupos locales, las ambiciones de los aspirantes a la gubernatura y que el Comité Ejecutivo Nacional del PRI no le importa lo que pasa en Puebla.

Han pasado cuatro años y el Revolucionario Institucional sigue sin encontrar la ruta de la unión para poder competir nuevamente por futuras victorias electorales.

En los últimos días de este mes deben llegar las designaciones de las personas que sustituirán a Pablo Fernández del Campo y Ambrosio Corona pero por el momento no existe nada claro en el PRI.

Sin Guillermo Deloya en la competencia sólo quedarían tres personajes para disputar la dirigencia estatal del PRI: Carlos Sánchez, Rocío García Olmedo y José Luis Márquez.

De los tres el que menos tiene posibilidades es el diputado federal, Carlos Sánchez, por su miedo al morenovallismo. Su llegada representaría un triunfo más para el equipo del mandatario poblano.

Por eso sus posibilidades de sustituir a Pablo Fernández del Campo son mínimas.

En tanto que Rocío García Olmedo y José Luis Márquez han enmudecido ante la crisis de Chalchihuapan.

Ambos diputados federales no son la voz de contrapeso que necesita el PRI para convertirse en una oposición real y no la caricatura en la que está convertido ese partido.

Aunado a lo anterior sigue la guerra entre Enrique Doger, Blanca Alcalá, Javier López Zavala y Juan Carlos Lastiri por ganar la candidatura del PRI a la minigubernatura en el 2016 y la gubernatura en el 2018.

Ellos influyen, de alguna u otra forma, en la designación del próximo líder estatal y ya son promotores de los próximos candidatos a diputados federales.

Por ejemplo, trascendió que Blanca Alcalá ya cabildea la posibilidad de que el PRI analice la posibilidad de postular a su hija la regidora Karina Romero Alcalá como candidata a diputada federal para cumplir la cuota de género.

Además de que Enrique Doger sigue mandando señales para advertir que si el PRI no lo favorece entonces buscará la minigubernatura por otro partido político que podría ser MORENA.

O Javier López Zavala que sigue empujando las aspiraciones de José Luis Márquez para buscar una revancha política ante el morenovallismo.

O Juan Carlos Lastiri que en su calidad de dueño de la mayoría de las delegaciones federales en Puebla sigue sacrificando la imagen del presidente de México, Enrique Peña Nieto, para posicionar su imagen y su estructura.

Para Lastiri no importa lo que la gente en Puebla piense del trabajo de Peña Nieto, lo único que le interesa es promover su imagen.

Lo malo para él es que su plan ha fallado drásticamente y es el aspirante a la gubernatura peor posicionado del PRI.

Las ambiciones personales del PRI mantienen viva la crisis de su partido y así seguirán por muchos meses más.

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Llegó un momento clave en el caso de Chalchihuapan.

Las comparecencias del secretario de Seguridad, Facundo Rosas, y del procurador, Víctor Carrancá, para defender la teoría de la onda expansiva de un cohetón como responsable de la muerte del mejor José Luis Tehuatle deberán convencer al personal de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

Ambos funcionarios deberán demostrar que tienen razón.

Habrá que estar pendiente de ambas comparecencias y de su habilidad por librar esta crisis.

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La versión del regreso de Enrique Agüera y de sus operadores a la BUAP es más falsa que un billete de un millón de pesos.

Enrique Agüera sólo es un recuerdo en la BUAP.

Un dato que no puede pasar por alto es que el ex rector y su principal operador político están distanciados.

Y de su grupo político sólo quedan las anécdotas.

Hoy el control político de la BUAP está en manos del grupo de Alfonso Esparza.

De eso nadie debe tener dudas.

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@gomezcarlos79