La transparencia partidista y la Carabina de Ambrosio
Por todos es conocido que los partidos son el negocio más redituable en la política -local, nacional e internacional-, en el círculo rojo, en el gobierno, en el poder y en la administración pública.
Está comprobado, particularmente las últimas elecciones sirvieron como ejemplo, que los institutos políticos son los puentes más sólidos y confiables para poder acceder a cualquier cargo público.
La vía independiente, hay que reconocerlo, aún no tiene la fuerza suficiente como para convertirse en el método más fácil de acceso a gobierno o al servicio público.
Los ciudadanos, a excepción de los que votaron por Jaime Rodríguez Caderón, “El Bronco”, aún no confían del todo en los candidatos ciudadanos, ni en las opciones independientes de gobierno.
Los partidos políticos siguen siendo la mejor opción, o al menos la más confiable.
Es por ello que la autoridad electoral en el país sigue destinando grandes cantidades de dinero a los distintos partidos políticos que ofrecen una propuesta real de gobierno a los ciudadanos.
Empero, en los partidos, como en muchas instituciones públicas del país, también hay corrupción, gasto discrecional del dinero público y robo a despoblado.
Basta ver cómo viven los dirigentes nacionales de los diferentes partidos políticos en lo nacional, en lo local y hasta en lo internacional, México y Puebla no son la excepción.
A nivel nacional, el mejor ejemplo de esto es el mentado niño verde, el mirrey Jorge Emilio González Martínez, el dueño del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), quien es un magnate de la política que se da la vida -de súper lujo- y que cualquiera pudiera desear.
Al niño verde, por ser el aliado y palero histórico del PRI le ha ido de lo mejor; es dueño de cualquier negocio que pudiera imaginarse.
Y otro caso igual, que lucra con la bandera de los pobres y los más necesitados, que ya empieza a ser escandaloso es el del mentado Peje, Andrés Manuel López Obrador (AMLO).
Porque el candidato vitalicio a la presidencia del país se da el lujo de no trabajar, de ser dueño de un partido político (Morena) y de continuar su ya muy larga carrera por la presidencia de la República -por tercer año consecutivo- por todo el país.
Por supuesto que no hay que soslayar que a AMLO le favorecen las encuestas y las circunstancias políticas, económicas y sociales en las que está sumido el país.
Qué lástima por nosotros, por todos los mexicanos.
Porque si en el PRI o en el PAN no pasa algo, Andrés Manuel va a seguir y a consolidar, por fin, su carrera presidencial
Así que la lucha por la presidencia en 2018 será encarnizada y a muerte.
¿Verdad que la transparencia en los partidos es igual a la Carabina de Ambrosio?
Da risa.
Y el tema viene a colación porque aunque los líderes partidistas como Socorro Quezada Tiempo, del PRD, le quieran ver la cara a los ciudadanos disque realizando su 3 de 3, de todos es conocido que el manejo de los dineros en los partidos es totalmente discrecional.
¿A quién le querrá ver la cara la malograda perredista?
Bueno sería que haga pública la nómina de su partido, las facturas de todos los gastos realizados en campaña y en lo que va del año, así como de su salario, tanto en el PRD como en el Congreso.
Y lo mismo debiera hacer el resto de los dirigentes partidistas en Puebla y en el resto del país.
Un ejemplo más de la nula transparencia es Morena.
Tan sólo el dirigente de Morena, Martí Batres Guadarrama, según La Silla Rota, pagó en los primeros seis meses de este año por ‘prestación de servicios’, sin detallar de qué tipo, siete millones 131 mil 414 pesos a tres personas.
¿Qué tal?
No me imagino, además, que hubiese sucedido si el presidente Enrique Peña Nieto (EPN) hubiese sido el que se tomara la selfie con el “Big Papi”, David Ortiz, el jonronero de los medias rojas de Boston, tal como recientemente lo hizo AMLO.
A Andrés Manuel, el mesías de la izquierda en el país, todo le perdonan los mexicanos y esa sí que es una gran señal.
Apuesto que si EPN anuncia en redes que asistió al juego de las estrellas de la LMB, todo mundo lo habría linchado y acribillado públicamente.
Pero como el protagonista de la historia fue el peje simplemente no pasa nada.
Ojalá que el líder nacional de Morena nos comparta, ¿quién pompó?
Quién le patrocina sus largos e internacionales viajes a todo el mundo, sus gustos personales.
Quién le compró sus boletos para el juego de estrellas de la gran carpa, de la pelota caliente.
Qué envidia, verdad de Dios.
Así de discrecional manejan los dirigentes de los partidos los recursos públicos.
Lo que nos faltaba, carajo.
El país se está cayendo y ni EPN, ni ahora el mentado mesías de los pobres -AMLO-, se preocupan por nada.
Es el mismo gato nada más que revolcado.
Gatopardismo puro, dijera el clásico.
De ese tamaño son quienes aspiran a gobernarnos.
Que Dios nos agarre confesados.
En Twitter: @poncharelazo
