La ridícula bravata de la ultraderecha
La vida política en el PAN poblano sigue, y hoy mejor que nunca porque simple y sencillamente gobierna el cuarto estado más importante del país, Puebla.
Con Rafael Moreno Valle Rosas o no, como se quiera ver, el PAN, al final, es la fuerza política que administra el estado.
Eso sí, hay que reconocer algo, Acción Nacional nunca hubiera logrado hacerse de las llaves de Casa Puebla sin el impulso de su hoy primer mandatario, el mismo Rafael Moreno Valle, quien levantó al albiazul de su letargo y lo llevó a la cúspide de la política poblana.
De todos es conocida, particularmente del círculo rojo, la historia, el mecanismo, las formas, la organización y todo el esquema armado por Moreno Valle para poder ingresar al PAN, para hacerse de la candidatura a la gubernatura y, a la postre, para ganar la elección del 2010.
Aunque lo nieguen los panistas ultraconservadores, Rafael Moreno Valle se metió hasta la cocina de su casa, los guisó y se los comió vivos.
En el trayecto, por supuesto, les dio cátedra de lo que es hacer política, de cómo construir proyectos, estrategias, y de la precisión para diseñar toda una ruta que cumplió metas a corto, mediano y largo plazo para lograr objetivos claros.
Los panistas poblanos nunca tuvieron las ganas de organizarse, de levantarse, de despertar y revelarse al PRI para arrebatarle los poderes del estado, particularmente la gubernatura.
Los panistas que hoy reprochan el gobierno morenovallista son los mismos que se convirtieron en una cómoda oposición durante el piñaolayismo, el bartlismo, el melquiadismo y el marinismo, durante casi 80 años.
Se conformaron siempre con las dádivas del poder priista en el gobierno.
Muchos prósperos empresarios panistas hicieron sus fortunas gracias a ese cómodo patrocinio.
Está claro que sin Rafael Moreno Valle el PAN no habría logrado nunca en la historia de Puebla la gubernatura del estado.
¿Hoy de qué se quejan si Rafael Moreno Valle los llevo al poder?
Deberían llorar por los rincones y lamentarse de su poca valentía, de su mañosa ignorancia política -voluntaria o intencional-, de haber traicionado sus principios por conveniencia, y de haber faltado a su compromiso para con el PAN.
Porque fueron precisamente los panistas poblanos, sus líderes, sus figuras más reconocidas, quienes le abrieron la puerta a Rafael Moreno Valle para poder derrocar al PRI, para acabar con su poderío político en Puebla y para terminar con los abusos, excesos, corrupción y soberbia con la que se gobernaba el estado.
¿Con qué cara reprochan y critican ahora la administración estatal?
¿A eso no se le llama incongruencia?
Por favor, señores del PAN, sean serios.
Juan Carlos Mondragón Quintana fue uno de los principales panistas que le levantó la mano a Rafael Moreno Valle -junto con el ex edil Eduardo Rivera Pérez- y muchos otros, quienes ahora satanizan el gobierno morenovallista por no estar en el erario.
Y esto mismo sucede con algunos políticos de izquierda que le quieren jugar al macizo.
¿Por qué mejor los panistas inconformes no dejan su zona de confort y se dedican a ser un grupo político sabio, que da muestras de inteligencia, de madurez, de trabajo?
¿Por qué dejarse mangonear, primero, y después morder la mano que te dio a manos llenas todo lo que quisiste y pediste?
¿No hubiese sido más digno fijar una sola posición y consolidarla desde que llegó el morenovallismo al PAN?
¿O qué, antes no les convenía?
El ejemplo claro de la conveniencia, la sumisión y la ignorancia política es Eduardo Rivera, quien tuvo la gran oportunidad de oro de sacar la cara por el panismo inconforme y medir fuerzas con Moreno Valle pero se arrugó.
Como edil tuvo recursos de todo tipo, poder y la coyuntura para mostrar su carácter.
Y qué hizo, enmudeció, se hizo el loco, dio un paso atrás y se sometió a la voluntad del dueño del estado.
¿Eso es un panista digno, orgulloso, defensor de su partido, de su causa, de sus valores?
Vaya panista, carajo.
Cuando se tuvo que enfrentar al morenovallismo, Eduardo Rivera enterró la cabeza en la tierra.
A estas alturas, sólo el actual dirigente estatal del PAN, Rafael Micalco Méndez, ha sido el panista más valiente, congruente y re tozudo con el gobierno.
El miedo lo guardó en un baúl y sin tantos recursos económicos, sin la posición que tuvo Lalito Rivera, ya dio muestras de defensa y bravura política.
A ver si sus correligionarios algo le aprenden.
Y ojalá que así, también, asimilen las enseñanzas de panistas como Luis Felipe Bravo Mena, quien en algún momento dijo:
“El PAN siempre fue una institución abierta que llamó a la gente a unirse. En la oposición, se arriesgaba todo: vida, libertad, propiedades. El filtro era natural. Quienes buscaban beneficios se iban al PRI.
El abandono de la conciencia política y su desplazamiento por números -la masa como instrumento de poder-, la sustitución del trabajo político por la mercadotecnia y de la acción política por la política-espectáculo sin sustancia, llevó al partido al acarreo de multitudes, al montaje de estructuras pagadas, a la militancia clientelar y la compra de votos”.
Estoy seguro que si los verdaderos ideólogos del PAN aun vivieran, Manuel Gómez Morín, Efraín González Luna, Efraín González Morfín, Adolfo Christlieb Ibarrola y Carlos Castillo Peraza, viviendo las incongruencias de la ultraderecha en Puebla volverían a desfallecer pero de vergüenza.
En Twitter: @poncharelazo
