La renovación del PRI nacional, Enrique Ochoa y Puebla
Si los priistas poblanos habían sufrido porque su partido y el gobierno federal los había olvidado y mantenido en la orfandad política por los acuerdos que sostiene el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas (RMV) con los protagonista de Los Pinos, con la llegada de Enrique Ochoa Reza al CEN del PRI las cosas se les complican aún más.
Vaya 2016 para el ex partidazo.
Vaya paquete para Jorge Estefan Chidiac, dirigente estatal tricolor, quien, dicen, ya se arrepintió de haberse erigido como líder.
Y es que parecía que el resultado de la elección pasada (el cual favoreció a Tony Gali, gobernador electo de Puebla por una aplastante derrota) había sido el último clavo del ataúd del PRI poblano pero resulta que no.
Ahora todo mundo habla, critica y fustiga la renovación en la dirigencia nacional priista, así como la llegada del ex titular de la CFE, a quien todo mundo ya se encargó de acribillar en los medios.
¿De qué le ha servido, entonces, a los priistas poblanos que su partido esté enquistado en la presidencia de la república si su crisis cada vez es más grave y los está matando?
El PRI poblano va de mal en peor.
Ahora más que nunca no se ve de qué forma va a poder levantarse para ser un partido competitivo y ofrecer una opción real de gobierno en 2018.
Los priistas poblanos se lamentan.
La crisis parece tan grave que algunos ya están pensando en emigrar a otras fuerzas políticas y abandonar un partido local de cara al 2018.
Morena, se dice, podría ser la siguiente parada de muchos.
Porque ahora resulta que Enrique Ochoa es uno de los mejores amigos que RMV tiene en el PRI.
Vaya chasco que se llevaron los priistas poblanos, en particular aquellos que aspiran a la candidatura a la gubernatura del estado en 2018.
Porque habría que preguntarse:
¿Conocerá Enrique Ochoa a Juan Carlos Lastiri Quirós y/o a Enrique Doger Guerrero?
¿Sabrá de sus aspiraciones?
¿De su supuesto trabajo por Puebla?
Tal vez el no conocerlos pudiera ser una ventaja para ambos porque el próximo dirigente nacional tendría que enterarse de su existencia por sus antecedentes y por informes de terceros, quienes hablaran bien o mal de ambos.
Cosa que, desde luego, también les perjudica porque la cola de los dos, dicen, es muy pero muy larga y no se ve cómo poder ayudarlos.
Aunado a que ambos tienen tatuado el estigma de traidores del PRI en la frente.
Eso sí, el golpe más fuerte que deja el nombramiento del ex director de la CFE en el CEN del PRI, políticamente hablando, es, sin duda, para Doger, quien tenía un poderoso aliado en Manlio Fabio Beltrones.
Sin embargo, parece que la intención del presidente Enrique Peña Nieto y de sus colaboradores más cercanos es precisamente empezar a limpiar al PRI de los dinosaurios y de los políticos de siempre.
Y si de eso se trata, la intención quién sabe que tanto pudiera ayudar o no. Lo que sí, es que el costo político parece que sería muy alto.
Sobre todo porque los antecedentes de Enrique Ochoa no son los mejores.
Y porque las ligas que lo unen a Luis Videgaray Caso, titular de la Secretaría de Hacienda, son conocidas por todos.
Así que en el PRI poblano, al menos, ya se percibe una limpia que bien podría acicalar al comité que no ha sabido ser oposición en Puebla.
Y la reacción del regidor Iván Galindo Castillejos, uno de los priistas más congruentes de Puebla, si no el que más credibilidad tiene, lo dice todo.
Porque, insisto, está claro que Enrique Ochoa tiene el encargo de darle un viraje completo al rumbo del PRI y a su imagen como partido.
Ciertamente el Revolucionario Institucional requería de un cambio; sin embargo, me parece que no tan drástico designando a alguien prácticamente desconocido como su próximo dirigente nacional.
Ya veremos cuál y cómo es la respuesta y el trabajo de Ochoa Reza, la venganza de Manlio Fabio, quien se sintió traicionado por el presidente Enrique Peña, y la de los pobres priistas poblanos, quienes están al borde de la extinción.
En Twitter: @poncharelazo
