La realidad del PRI en Puebla
Los cuestionados triunfos del PRI en el Estado de México y Coahuila, y las derrotas en Nayarit y Veracruz, no deberían celebrarse entre los priistas de la entidad poblana.
Por el contrario, deben entender su realidad.
Por más triste que sea.
Puebla no es prioridad para el Comité Ejecutivo Nacional, ni para Enrique Peña Nieto en el 2018.
Desde la derrota del 2010, el PRI de Puebla es un objeto olvidado, estorba, a nadie le importa y desde la Presidencia de la República se asumió a Rafael Moreno Valle como un aliado importante en ciertos momentos.
Enrique Peña Nieto sabía que debía ganar a cualquier costo la gubernatura en el Estado de México en este 2017 y por eso puso todo el aparato y el dinero que fuera necesario para evitar la derrota ante MORENA.
Era una cuestión de vida o muerte política para Enrique Peña Nieto.
Por eso enviaron a operadores, mapaches, acarreados, infiltrados, golpeadores, carretadas de dinero y lograron evitar la alianza entre PAN y PRD.
Nada de eso llegará al PRI de Puebla en el 2018.
Por el contrario, los priistas poblanos van en camino a una gran ruptura, muchos ya abandonaron el barco y otros se quedarán para cobrar viejas cuentas pendientes con sus correligionarios.
Imagínese el hipotético caso de que Juan Carlos Lastiri sea el candidato del PRI a la gubernatura de Puebla.
¿Quién lo apoyará?
Blanca Alcalá lo tacha de traidor.
Está peleado con su dirigente estatal, Jorge Estefan Chidiac.
Enrique Doger no moverá un dedo, y mucho menos un peso, para su campaña.
Javier López Zavala no suma, sólo resta y mantiene la esperanza de que sea llamado de última hora por MORENA.
Alejandro Armenta ya está de lado de MORENA y será su enemigo político.
Y para allá va Alberto Jiménez Merino.
Y si el candidato del PRI es Enrique Doger Guerrero, las cosas no cambian nada.
Blanca Alcalá lo tacha de traidor.
No tiene el respaldo de Jorge Estefan Chidiac.
Y Juan Carlos Lastiri tampoco moverá un peso para su campaña.
Ese es el verdadero PRI de Puebla y su realidad.
Los priistas no deben compararse, ni por error, con el caso del Estado de México.
En el 2018 estarán solos, divididos, enfrentados y a lo máximo que pueden aspirar es a las candidaturas plurinominales.
Ni siquiera se ve que tengan posibilidades para pelear la Presidencia Municipal de Puebla.
En todo caso deberán concentrarse en los municipios del interior del estado en donde tengan posibilidades de obtener el triunfo.
Esa es la patética realidad del PRI.
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