La política, negocio millonario II
Un bonche de correos y comentarios ingresaron al buzón electrónico de Posdata para opinar sobre el tema del lucrativo negocio en que se ha convertido la política y el servicio público en México y el resto del país, particularmente, en Puebla.
Habrá que revisar con atención los mensajes de los lectores de este espacio, quienes amablemente aportaron datos, nombres, hobbies, direcciones y muchos otros “pitazos” para continuar demostrando que la política es más un negocio millonario que una actividad para “hacer el bien”.
Y es que los gobernantes de hoy en día, lamentablemente, nos dan muestra de cómo sus funciones e incursiones en la política y el servicio público les han cambiado la vida.
Están dedicados a buscar beneficios propios y no los colectivos, los de la ciudadanía.
Se dedican a hacerse ricos, a incrementar los ceros de sus cuentas bancarias y a darse la vida de magnates sin que les importe nada, ni nadie.
Bien dice el dicho: “un político pobre es un pobre político”.
Y los políticos de hoy lo siguen al pie de la letra.
Por supuesto que no se puede generalizar porque, sin duda, existen personajes de la política mexicana y la poblana que trabajan realmente en beneficio de los ciudadanos, de los pobres.
Sin embargo, hay que reconocer, también, que éstos son los menos.
¿Cómo explicar que la gran mayoría de nuestros flamantes funcionarios y gobernantes ganen salarios estratosféricos mientras en el país existen más de 53 millones de pobres, de los cuales más de 11 millones se encuentran en extrema pobreza?
Si alguien tiene una explicación razonable por favor que nos la cuente.
¿Cómo entender que los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) obtengan un salario mensual de alrededor de 525 mil pesos?
¿Es justo?
¿Para quién, y para quién no?
Los excesos de nuestros gobernadores, diputados, regidores, presidentes municipales, magistrados, secretarios de Estado y demás funcionarios públicos rayan en la desfachatez.
Ahí está el caso de la hija del ex gobernador de Aguascalientes, Luis Armando Reynoso Femat, a quien Reforma evidenció dando pelos y señales de sus propiedades en Dubai, uno de los siete emiratos que comprenden los Emiratos Árabes Unidos, y una de las ciudades más caras del mundo.
El ex mandatario, se dio su lujito y construyó en Aguascalientes un edificio que asemeja al hotel Burj Al Arab, en Dubai, donde opera el Grupo Emporium, compañía de bienes raíces de la que forma parte.
Y qué tal, Reynoso Femat, actualmente enfrenta un juicio -en libertad- por peculado y ejercicio indebido del servicio público.
¿Cómo explicar que el secretario del Trabajo en el gobierno federal, Alfonso Navarrete Prida, es un aciago coleccionista de automóviles de lujo?
¿Cómo entender que posee al menos siete modelos, que juntos suman una millonada, entre los que se encuentra un Jaguar de 1960, un Mini Cooper, un Mercedes Benz y un BMW 550 GT, de 76 mil 700 dólares?
La política parece más un negocio de personas pudientes, de poderosos que todo lo pueden a costa del erario, que una actividad que busque mejorar la situación del país y a su gente.
Los excesos de los políticos no son exclusivos de ningún partido, tanto en el PRI como en el PAN, en el PRD, en el PVEM y en el resto de los partidos, también hay muchos ejemplos.
El líder nacional del PRI, César Camacho Quiroz, es admirador de los relojes Patek Philipe y porta en su muñeca regularmente uno modelo Nautilus 5712R con valor en el mercado de más de medio millón de pesos.
El modelo preferido del líder priista es el Patek Philippe Nautilus 5712R, una pieza automática de oro rosado de 18k.
Por cierto, en Puebla también hay personajes que coleccionan autos deportivos, relojes de oro, animales en peligro de extinción, negocios y toda clase de caprichos que permiten sus ingresos por ser funcionarios públicos y/o jugar al negocio de la política.
Se dice que Fernando Morales Martínez, hijo del ex gobernador Melquiades Morales Flores, es uno de ellos.
Ahí se les queda de tarea.
En Twitter: @poncharelazo
