La nueva guerra panista en Puebla
Que el pleito entre la familia panista poblana es más grave de lo que se cree y puede llegar muy lejos, particularmente, porque la grilla en contra del actual dirigente estatal, Rafael Micalco Méndez, está perfectamente calculada y orquestada.
Sin embargo, se dice que la nueva guerra panista no proviene necesariamente de Casa Puebla y esto puede provocar un nuevo enfrentamiento y escisión en el PAN poblano.
Por lo pronto, ya existen dos versiones sobre la posible salida de Rafael Micalco del PAN:
La primera, señala que existe una supuesta ruptura entre el gobernador, Rafael Moreno Valle Rosas, y el actual dirigente panista en la entidad por un supuesto tibio y opaco apoyo en la crisis de Chalchihuapan para con el mandatario.
La versión de marras asegura que el mandatario habría emplazado a Micalco para dejar la dirigencia de su partido cuanto antes pretextando supuestos conflictos personales.
Y la segunda, que existe interés especial de un grupo antagónico al que encabeza el dirigente panista de desprestigiarlo, golpearlo y difamarlo para que ceda a chantajes y presiones de cara a los comicios federales del 2015.
Ambas versiones, hasta el momento, siguen allí esperando agudizarse o desaparecer igual como surgieron.
Eso sí, los detractores de Micalco intentan aprovechar el aparente conflicto, el cual aseguran está totalmente fuera de lugar, para ir en busca de las chichis de la culebra y buscarle los pies a su dirigente e intentar tumbarlo de su cargo.
Lo cierto es que la estrategia parece fallida, pues los enemigos de la actual dirigencia panista en Puebla olvidaron algo básico: Los estatutos de su partido.
No tomaron en cuenta que recientemente las reformas a sus normas y estatutos, para la elección de presidente estatal, dieron un giro de 180 grados y ahora ya no es tan fácil imponer ni candidatos, ni dirigentes.
Los aspirantes deben reunir requisitos precisos como militancia y antigüedad, así como el punto más importante, el aval del dirigente nacional del PAN, Gustavo Madero Muñoz; y del gobernador, Rafael Moreno Valle Rosas.
Debe haber un consenso entre ambos para poder ejecutar cualquier cambio.
En ese sentido, habría que subrayar que por lo pronto ninguno de los neopanistas poblanos reúne los requisitos al cien por ciento, ni Marisa Ortiz Mantilla, ni mucho menos Néstor Gordillo Castillo.
A uno le falta la antigüedad y a otro el aval de uno de los grandes actores.
Así que por lo pronto en Casa Puebla, aseguran, no existe interés de renovar la dirigencia panista, o remover a Rafael Micalco del PAN estatal.
Me cuentan que algo sí hay de cierto sobre la nueva guerra panista en Puebla, pues los detractores del actual presidente albiazul son capaces de llegar al extremo de proponer al Pato Donald si fuese necesario para remover a su ahora odiado enemigo.
Así que no dude ni tantito que a partir del lunes pasado pudieran salir a la luz -por adelantado- nuevos aspirantes a la dirigencia estatal del PAN.
Si esto sucede, y si cada día surge un nuevo aspirante por los días que le faltan a Micalco para terminar su periodo de presidente, entonces es seguro que habrá más de 500.
A alguien le urge sacar a Rafael Micalco de la jugada del 2015 y, créame, no es al gobernador del estado.
Lo cierto es que todo esto sólo confirma lo que expuse en este espacio, en su edición pasada del 18 de septiembre, denominada “El PAN a 75 años de vida (escándalos, crisis y degradación moral)”, que la familia panista en Puebla y en el ámbito nacional vive una severa crisis interna que los puede dejar mal parados en los comicios intermedios que se avecinan.
Nada bueno les va a dejar las pugnas internas.
Reiteró: ¡Cuidado, que el PRI amenaza con despertar de su letargo!
En Twitter: @poncharelazo
