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Inminente, la renovación del PRI poblano

El Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI ya le ordenó a la su dirigencia en Puebla, encabezada por el diputado local, Pablo Fernández del Campo Espinosa, empezar la organización protocolaria y estatutaria para consumar su relevo.

El proceso para la renovación de la presidencia en el Comité Estatal del PRI se llevará a cabo a finales de agosto y principios del mes de septiembre, por lo que será en ese periodo cuando el tricolor en la entidad estrene dirigente.

En ese sentido, se dice que la llegada de la diputada federal, Isabel Allende Cano, a la dirigencia estatal del PRI aún no es cien por ciento segura debido al estudio y análisis ejecutado por el CEN priista que encabeza César Camacho Quiroz sobre los perfiles idóneos.

Las razones por las que el nombramiento de la legisladora, pareja sentimental de Adolfo Karam Beltrán, ex director de la Policía Ministerial y marinista de hueso colorado, podría caerse son varias.

El primero, tal vez el más fuerte, es su poca experiencia, colmillo, operación y trabajo político en el PRI, entre las bases.

Ciertamente, Isabel Allende pareciera una de las priistas más limpias de su partido pero lamentablemente la gran mayoría de los militantes del ex partidazo, particularmente los que fueron beneficiados en el sexenio marinista, tienen una gran cola que arrastran sin poder ocultar.

Las tablas de la legisladora, hay que decirlo, no le dan como para echarse a la espalda la responsabilidad que implica el PRI poblano, principalmente por las circunstancias políticas en las que se encuentra, por la próxima elección, por las marrullerías de sus lidercillos y por muchas otras razones más.

Y es que el PRI sigue siendo un partido dividido, fragmentado, peleado con su militancia y entre sus corrientes que difícilmente va despertar de su letargo.

Al PRI poblano lo que le hace falta es una verdadera limpia, una purga completa para echar de sus filas a los simuladores, a los traidores y a quienes sólo lo ven como un vil negocio.

Los priistas ni siquiera han podido asimilar que poseen un partido de oposición en Puebla. No tienen la menor dignidad, ni mucho menos moral.

Sus líderes, esos que aman y presumen hacer algo por Puebla, son un verdadero fiasco, un fracaso y una farsa bien montada en la que sus metas únicamente son los cargos públicos, lo demás que se lo lleve el carajo.

Quién sabe cuáles sean los criterios que está tomando el CEN del PRI para designar a su nuevo dirigente estatal.

Si la diputada Isabel Allende llega a la dirigencia estatal del PRI entonces significaría el regreso y la revancha del marinismo, toda vez que Adolfo Karam estaría controlando su partido gracias al patrocinio de Antonio Chedraui, Arzobispo de la Iglesia Ortodoxa, con quien mantiene una gran amistad.

Se antoja difícil que alguien como Isabel Allende arribe a la dirigencia priista; es más, podría señalar que es casi imposible pero desde lo sucedido en el 2010 en el PRI todo pude pasar.

Si el PRI requiere de una mujer para renovar y darle otra cara a sus siglas en Puebla ahí está la diputada federal, Rocío García Olmedo, quien tiene oficio político, carrera y suficiente experiencia para echarse encima la dirigencia y toda su responsabilidad.

Si el PRI quiere hacer un papel digno en la próxima elección federal del 2015, entonces no se puede equivocar.

No veo que José Luis Márquez Martínez, ni mucho menos el ridículo de Carlos Sánchez Romero, ambos diputados federales, pudieran encabezar la dirigencia de su partido. Les falta lo principal, calidad moral y vergüenza.

Sobre el primero, todos sabemos cómo se las gasta, negocia los movimientos hasta de su propia sombra. Y el segundo, apenas si puede leer y escribir su nombre.

No se ven más gallos en el PRI.

El tibio y miedoso Guillermo Deloya Cobián se bajó de la contienda y prefirió amarar su candidatura a diputado federal sin mayores problemas.

Ya es momento de que una mujer, pero experimentada, tome las riendas del partido de los tres colores.

En Twitter: @poncharelazo