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Incertidumbre priista, y peñista

Ante la gravedad y frialdad de los números que desaprueban el segundo año de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto (EPN), publicados en El Universal y Reforma, el escenario político-electoral en el país también empieza a descomponerse.

El conflicto surgido en Iguala, Guerrero, a raíz de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, le estalló en las manos al mandatario y las consecuencias, parece, serán muy graves.

Y es que si sumamos este problema al resto de los conflictos sociales registrados en los últimos meses en detrimento de la presidencia, el resultado para el gobierno de la República y el grupo que controla el país es desastroso.

La inseguridad, la corrupción, la “Casa Blanca”, el IPN, la triste, peligrosa y mala economía que azota a los mexicanos, así como las marchas y manifestaciones que se organizan con mayor frecuencia y asistencia en todo el país, son muestra de que las esperanzas de obtener el aval de los mexicanos son nulas.

Según el estudio realizado por El Universal: “Las cifras representan el nivel de aprobación más bajo a dos años de iniciar su mandato. Mientras que hace un año el presidente contaba con un saldo favorable de 13 puntos (50% lo aprobaba y 37 lo reprobaba), actualmente el balance es de -9 (41%-50%)”.

Las cifras y los números sobre el trabajo del presidente Peña son contundentes y dan mucho de qué hablar.

Es evidente que la baja popularidad de EPN y su poca aceptación entre los ciudadanos le van a pegar al PRI directamente, lo que seguramente se verá reflejado en los próximos comicios federales.

Y es precisamente allí donde la puerca torció el rabo.

A EPN la poca popularidad entre los ciudadanos le perjudica para poder hacerse de la mayoría en la cámara baja del Congreso de la Unión.

Lo mete en un brete para poder tener el control del Poder Legislativo y evitar que la oposición se le eche encima.

Si EPN no logra mayoría en el Congreso no tendría margen de maniobra para negociar como lo hizo plácidamente durante el primer año de gobierno, cuando logró el Pacto por México y todas sus reformas estructurales.

Puebla es uno de los ejemplos más claros del difícil escenario que se le está presentando al PRI, a su presidente y a sus Comités Estatales, junto con sus estructuras.

Cómo poder negociar en Puebla con el PAN y con el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas cuando no existen las condiciones necesarias para lograr un triunfo pactado que deje buenos dividendos a ambas partes.

¿Le conviene a estas alturas al mandatario poblano ceder la mayoría de las 16 diputaciones federales a EPN, las cuales bien podría ganar con la poderosa estructura que ha barrido al PRI en los últimos años?

Si quisiera, el gobernador podría atizarle al PRI un nocaut técnico.

Ni siquiera los priistas poblanos están convencidos de qué es lo más conveniente para EPN.

Y es que el CEN priista, junto con el propio presidente Peña, están más ocupados en tratar de recuperar credibilidad, imagen, aceptación y en destrabar el conflicto de Ayotzinapa que en sus Comités Estatales.

Tanto César Camacho Quiroz como Ivonne Ortega Pacheco, dirigente nacional y secretaria General del PRI, respectivamente, están más preocupados en ayudar al gobierno de la República a salir del bache en que se encuentra que en organizar las elecciones en los distintos estados.

En el CEN priista reconocen que el caso de Puebla es especial para el PRI simple y sencillamente porque es propiedad del gobernador Rafael Moreno Valle, quien al mismo tiempo es un aliado efectivo y probado -intocable- del presidente EPN.

Los priistas poblanos están convencidos de que el mandatario poblano es bien visto en Los Pinos, por lo que su derrocamiento está muy lejos de la realidad.

Por eso la indiferencia de Isabel Allende Cano ante la crítica por su marinismo puro.

Por eso el repliegue y la retirada del ex gobernador Mario Marín Torres, ante su posible regreso a la política aldeana.

Por eso el silencio sepulcral que mantienen los priistas ante hechos como la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Por eso la nula defensa de los diputados locales priistas a su presidente.

Por eso los delegados federales no protegen a EPN y se hacen los locos.

Por eso cada priista en Puebla juega y trabaja para su beneficio personal.

Por eso el permanente desorden y las constantes traiciones de los mismos priistas para con su partido.

Por eso la elección federal en Puebla podría refrendar un ganador.

Por eso la incertidumbre priista, y peñista.

En Twitter: @poncharelazo