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Soliloquio

Honor a quien merece

Melquiades Morales Flores es algo más que un poblano distinguido, pero ese alto rango con el que fue reconocido el pasado fin de semana por el Ayuntamiento de Puebla le quedó a la medida, y lo revalora justo en la víspera de que asuma un nuevo encargo, que pudiera ser el colofón de su vasta trayectoria: Embajador de México en Costa Rica.

La cena que en su honor se ofreció en el patio de Palacio Municipal rebasó la expectativa porque fue mucho más allá del tradicional acto protocolario por la calidez que se añadió con la presencia de familiares, amigos y, muy especialmente, de una gran mayoría de quienes codo a codo compartieron las buenas y las malas de su gestión como gobernador de Puebla, de 1999 a 2005.

Como puntualmente lo destacara el Alcalde y fino anfitrión Luis Bank, en su sexenio “Melquiades Morales imprimió su propio sello con tolerancia y diálogo; desarrollo económico y productividad; seguridad y estabilidad; combate a la pobreza y apoyo al campo”.

Fue aquella, sin duda, una gestión singular que debió sortear no sólo dificultades en el entorno económico y político –en ese periodo por primera vez un gobierno de oposición llegó al poder federal con Vicente Fox-, sino también ante circunstancias imprevistas que distrajeron el curso de la administración, como los trágicos torrenciales en la sierra norte cuyo impacto derivó en trágicos deslaves en el municipio de Teziutlán, con un saldo fatal de más de 200 muertos y casi 250 mil personas damnificadas.

O el sismo del 15 de junio del ’99 que devastó decenas de escuelas, iglesias e inmuebles históricos, entre ellos el propio Palacio Municipal y el edificio Carolino de la BUAP.

Ninguno de esos avatares mermó los propósitos y proyectos de gobierno, incluso diría que lo hicieron más sensible al enfocar buena parte de sus acciones al combate a la pobreza y la desigualdad, en donde fue bastión el Programa de Unidades Móviles de Desarrollo, que llevó servicios a más de 2 mil 500 comunidades.

Fiel a su propia personalidad y a sus innatos atributos, la etapa de Morales Flores se caracterizó por la cercanía con la gente, especialmente la más necesitada.

Como quizá ninguno otro, su gobierno promovió un programa de audiencias públicas, con las que literalmente “sacó” las oficinas de gobierno a las comunidades del interior de la entidad para permitir que de viva voz los ciudadanos plantearan a los funcionarios sus mayores necesidades, además de sus innumerables giras en las que era común su convivencia con los más pobres de la entidad.

No hubo obras majestuosas, nada para impresionar, pero fue abundante la tarea cumplida en la construcción de escuelas, hospitales y caminos, así como su respaldo al campo del que conocía en extremo por su origen familiar.

El personaje que lo ha sido todo en la función pública, el de los mil 500 compadres, el político amable que sabe escuchar, el ahora señor Embajador, fue motivo de un homenaje por sus aportaciones a Puebla.

“Podemos decir con seguridad que Melquiades trajo a Puebla al nuevo Milenio”, enfatizaría Luis Bank, quien tuvo una participación destacada en su gabinete en la Secretaría de Finanzas, y luego como Secretario Técnico de su Gabinete. De ahí que lo llamara “Mi querido jefe, maestro y amigo”, y que lo reconociera como “un hombre que encarna el esfuerzo y la realización de un sueño…como Puebla”.

Reconocimiento justo, oportuno, emotivo al hombre y a su figura que se engrandece en estos tiempos en los que casi la mitad de los exgobernadores del país son duramente cuestionados por irregularidades, son prófugos de la justicia o están presos bajo escandalosos cargos de corrupción.

A más de 12 años de concluir su mandato, Melquiades Morales valora sin duda uno de sus mayores anhelos: caminar por la calle sin inhibición, ir a lugares públicos en familia y poder saludar a la gente con la calidez de siempre.

Un lujo y un privilegio en estos tiempos, sin duda.

AL OÍDO

El orgullo de los poblanos por los logros de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla que se acreditan con su alto nivel académico y estratégica función social, se dimensionó el fin de semana con el título que logró su equipo de fútbol.

Felicidades a los Lobos-Buap, al cuerpo técnico y al Rector Alfonso Esparza por hacer realidad que siempre pareció una utopía, con el deseo de la larga exitosa trayectoria en el máximo circuito del fútbol nacional.