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Historias políticas (y perredistas) de risa

Dicen que en política nada es casualidad, y eso es bien cierto.

Al comienzo del sexenio del entonces gobernador priista, Mario Marín Torres (2005), mejor conocido como el “góber precioso”, éste no se cansó de arremeter en contra de sus adversarios y, de paso, el ex edil capitalino (2002-2005), Luis Paredes Moctezuma, el panista que ganó la elección al priista Carlos Alberto Julián y Nácer.

Por cierto que en aquella escandalosa elección (2002), el abanderado del PAN le propinó un descalabro de antología al partido de los tres colores.

Todo mundo aseguraba que el PRI se alzaría con la victoria sin problemas pero llegó Paredes y, contra todos los pronósticos, avasalló con 170 mil 800 votos a Nácer, quien apenas obtuvo poco más de 158 mil.

Aquella derrota electoral para el PRI fue como un gancho al hígado.

Sobre todo porque se decía que a partir de 1998 el marinismo se empezaba a adueñar de todo el estado, y además, sentar las bases en la capital para poder controlar la entidad una vez apostado en Casa Puebla.

De esta forma, aseguraban los marinistas, su líder, el góber precioso, podría dar el brinco para convertirse en el candidato presidencial, pues era, según sus sueños guajiros, el abanderado ideal para el PRI.

Nunca se cansaron de comparar a Marín con el ex presidente, Benito Juárez.

Decían que el oriundo de Nativitas era el Juárez poblano, quien seguro alcanzaría la misma fama y el mismo nivel político que el Benemérito de las Américas.

Aseguraban incluso que en el gobierno municipal de Mario Marín había dejado herencia para que el PRI siguiera gobernando la ciudad más importante de Puebla por muchos, muchos años más.

Pero al final no fue así.

Todo se les vino abajo.

Y es que los poblanos le dieron la espalda al PRI en la elección del 2002, reprobaron la gestión marinista en la capital y optaron por votar por el PAN y por su candidato, Luis Paredes.

Entonces, la rabia y el rencor se apoderaron de Mario Marín.

El 2002 fue un infierno para el marinismo, pues tuvo que entregarle el ayuntamiento de Puebla al enemigo y, después, tuvo la necesidad de lidiar con el recuerdo de sus contrarios panistas, junto con Paredes, ya apostado en el gobierno del estado.

A partir de entonces, Marín se convirtió en el principal crítico del PAN, de Paredes, y de todos quienes le llevaron la contraria. Marín, incluso, bautizó al edil que lo derrotó como “el loquito Paredes”.

Mario Marín en el gobierno se convirtió en el Rey Midas del pueblo, en el clásico político que nunca tuvo pero lo llegó a tener y loco se tuvo que volver.

El marinismo, todo mundo conoce la historia, controló el Congreso del Estado, el Poder Judicial, los ayuntamientos, las dependencias, el entonces Órgano de Fiscalización Superior (Orfise), entre muchas otras instancias incluso federales.

Los marinistas hicieron y deshicieron, dispusieron del dinero público a sus anchas, presionaron a sus críticos, a sus enemigos y tundieron con todo a sus enemigos y a Paredes cuando ni siquiera estaba en funciones.

Y lo mismo sucedió en el sexenio melquiadista, en el bartlista.

Es más, en el ámbito federal ha sucedido lo mismo.

El control que asumió el marinismo cuando llegó al poder sólo es un ejemplo de cómo los distintos grupos políticos controlan todo tal como les conviene cuando gobiernan.

Hoy, no es extraño que el morenovallismo y el peñismo sean amos y señores de sus terruños.

Ambos gobiernos se conducen conforme más les conviene, y no es extraño porque así es la política.

En Puebla el grupo en el poder es hegemónico, supremo y no da tregua.

Por eso no es extraño, desde luego que es muy criticable, que en el Congreso todo esté controlado por el morenovallismo.

Los propios diputados priistas se alinean para hacer más evidente la fuerza de la mayoría panista-morenovallista.

A quién le extraña ahora los reclamos del PRD y de otras fuerzas políticas sobre supuestas acusaciones y presuntas y absurdas revanchas políticas, las cuales se dan en todos los estados y en todos los partidos.

Así de sublime y perverso es el poder.

Tal vez por eso dicen que el poder no se comparte.

A ver en qué termina el enésimo capítulo de risa de los perredistas que comandan Roxana Luna Porquillo y Socorro Quezada Tiempo.

Reclaman lo mismo que reclamaron en otros gobiernos.

¿No sería bueno que mejor se pongan a trabajar para poder sacar a flote a su partido en 2018?

Porque las cosas en el PRD -local y nacional- tienen que cambiar por su bien; digo, si es que quieren seguir viviendo.

Al tiempo.

En Twitter: @poncharelazo