Historias (para Ripley) del Congreso poblano
Es mucha la información que se maneja y circula en la sede del Poder Legislativo local, y mucho el ruido que se hace en torno a las filtraciones y trascendidos sobre la vida y obra de sus 41 diputados y trabajadores en general.
De entrada, algo que sí hay que destacar en el Congreso del Estado es que sus paredes guardan historias dignas de Ripley.
Algunas, en su mayoría, tienen que ver con los diputados que integran la cámara y las bancadas con representación en ese poder de gobierno.
Lo cierto, es que el Congreso es un hervidero de políticos negociadores que en muchos de los casos son capaces de vender su alma al Diablo con tal de salirse con la suya y salir ganando.
Porque en el edificio legislativo de Puebla lo que menos les importa son los intereses de los poblanos.
Y muchas veces así ha quedado claro, ni para que lo nieguen sus inquilinos.
De entrada, porque los legisladores, sumando sus salarios y sus miles de apoyos y prestaciones “que les otorga la ley”, ganan más de cien mil pesos mensuales.
Por supuesto, los que están en el ánimo del grupo en el poder son los más beneficiados, y los que no de plano están fregados.
Ahora que si cualquier diputado se pone listo y negocia todos sus votos y apoyo con el grupo en el poder, como lo ha hecho la actual bancada del PRI, pues seguramente aquel legislador con ese apetito saldrá ganando.
Allí está el ejemplo de la diputada priista Silvia Tanús Osorio, quien nada tontita, dicen, negoció desde la campaña electoral pasada su apoyo a los intereses del morenogalismo.
Por algo ha estado ausente en los últimos eventos llevados a cabo en el Congreso, donde cada vez es más evidente la traición de los priistas, quienes vendieron y entregaron a su ex candidata, Blanca Alcalá Ruiz, a cambio de beneficios propios.
Por algo, también, es la nueva y flamante presidenta de la Mesa Directiva del Poder Legislativo.
Y como dicen: “Si las paredes del Congreso hablaran, qué no dirían”.
Sobre todo si nos adentramos en la oficina principal, la de la Junta de Gobierno y Coordinación Política, donde se decide el futuro de cada diputado, de cada trabajador y colaborador legislativo.
Por cierto, menuda sorpresita le dieron a una decena de trabajadores del Congreso la semana pasada, pues de pronto les dieron las gracias y los hicieron firmar sus respectivas renuncias a sus respectivos cargos.
Algunos de los despedidos trabajaban en áreas como la jurídica, la de servicios generales y hasta la de diseño gráfico. También hay que reconocer que algunos eran herencia de pasadas legislaturas con mayoría priista.
El caso es que la orden girada desde la oficina más importante del Congreso local, fue darles cuello a los empleados para reducir los gastos en el Congreso.
A ver si más adelante esto no le resulta contraproducente al diputado panista Jorge Aguilar Chedraui, el mandamás del Congreso y quien tiene encendida su veladora para convertirse -en 2018- en candidato al gobierno del estado.
Porque dejarse ver y/o parecer un tirano vaya que podría pegar y con tubo.
Los operadores de Jorge Aguilar deberían ser un poco más sensibles y adoptar una mejor estrategia para echar a los trabajadores del Congreso, quienes están que trinan porque ya no saben en qué momento los van a desaparecer del mapa.
Esos problemas, sin duda, se registren por la falta de oficio que tienen algunos de los colaboradores de confianza de Chedraui como Vanessa González, la directora de Comunicación Social, a quien en su momento acusaron de ser una funcionaria prepotente y con gran influencia en la presidencia.
Así las historias del Congreso del Estado.
De esas que son para Ripley.
En Twitter: @poncharelazo
