¿Habrá KO?
En la víspera de cumplir apenas cinco meses como Presidente de los Estados Unidos, la agenda de Donald Trump está plagada de conflictos internos y externos, situación que irremediablemente ha erosionado la imagen del todo-poderoso que obstinadamente el propio magnate se ha querido fraguar.
Si fuera un boxeador en pleno combate, cualquier diría que los golpes que recibe son no solo más frecuentes, sino también más certeros, por lo que ya se duda que pudiera terminar de pie.
Y aunque apenas estamos en el primer round, al menos durante los días recientes Trump ha sido vapuleado y no ha podido salir de las cuerdas.
Primero atrajo la crítica global por su decisión de abandonar el Acuerdo de París contra el cambio climático, en desdeño a los compromisos que junto a la comunidad internacional había contraído desde 2015 su antecesor Barack Obama.
Dicho pacto que pretende reducir la emisión de gases contaminantes de efecto invernadero a la atmósfera, había sido ratificado en París a finales de 2015 por casi 200 naciones, entre ellas China.
Expertos en la materia han dicho que el éxito de ese acuerdo radicó en que no impuso una legislación a los países adherentes, a cambio de anunciar el porcentaje de emisiones que cada uno se compromete a reducir y en qué plazo.
En su caso, EE UU pretendía una reducción de las emisiones contaminantes de entre un 26% y 28% para 2025 con respecto a los niveles de 2005, pero tras el anuncio de Trump, la baja no llegaría ni al 10 por ciento.
Por lo pronto, Trump ya ha eliminado los planes energéticos que prohibían nuevas explotaciones de energías fósiles, y ha dado vía libre a las extracciones en zonas costeras de EE UU que Obama había protegido.
En consecuencia, Estados Unidos seguirá siendo uno de los grandes países contaminantes —el segundo sólo por detrás de China— y tampoco logrará alcanzar sus objetivos en recortes de emisiones.
En ese contexto, pese al esfuerzo del resto de la comunidad internacional, es de esperarse que la tierra siga registrando mayores niveles de calentamiento, que suban las temperaturas medias, se acelere el deshielo en los polos y crezca el nivel del mar, toda vez que la suma de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) de todos los países de la Unión Europea no alcanzan, por mucho, las que por sí solo producen los Estados Unidos, que son el país que históricamente más ha contribuido al calentamiento global.
Ante la reprobación mundial, China y la Unión Europea se han reafirmado como abanderadas de la lucha contra el cambio climático, mientras que la India, el tercer emisor de gases contaminantes a nivel mundial, se ha sumado sumó a las críticas hacia Trump por desconocer el Acuerdo de París.
En Estados Unidos, directivos de importantes sectores empresariales se han sumado también a las protestas por la decisión de Trump, entre ellas, Facebook, Google, Apple, Microsoft, Pepsi, Disney, Walmart, General Motors, y hasta grupos gigantes energéticos como Exxon, General Electric o Chevron.
A tal desprestigio por su política climática, Trump debió soportar otro duro embate tras la comparecencia ante la comisión de inteligencia del Senado del exdirector del FBI, James Comey, quien lo acusó de mentiras y difamación sobre la presunta injerencia rusa en la elección de 2016.
En una audiencia de casi tres horas Comey reafirmó que Trump le pidió dejar en paz a su exasesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn, quien estaba en la mira de la investigación.
En virtud de su relato, los senadores preguntaron directamente a Comey si consideraba que el Presidente había incurrido en obstrucción a la Justicia, algo que prefirió dejar en manos del fiscal especial para la investigación sobre Rusia, Robert Mueller.
Comey dijo no tener dudas de que Rusia intervino en las elecciones mediante la invasión de los sistemas informáticos del Comité Nacional del Partido Demócrata. Sin embargo, aseguró que las informaciones que poseía no le permitían afirmar que el resultado de la elección pudo haber sido manipulado.
Una acusación de obstrucción a la Justicia puede derivar en un proceso de destitución del Presidente, que llama a recordar el escándalo Watergate, que acabó forzando la renuncia del expresidente Richard Nixon.
Así las cosas, todo apunta a un caso de obstrucción, delito que se aplica a quien “intente influir, obstruir o impedir de manera corrupta la correcta aplicación de las leyes”.
Y de remate, un tribunal de apelaciones decidió este lunes mantener el bloqueo que pesa sobre el veto migratorio que Trump proclamó en marzo pasado, para prohibir la entrada al país de refugiados y de ciudadanos de seis países de mayoría musulmana.
La Corte determinó que el mandatario “excedió el alcance de su autoridad” al firmar su orden ejecutiva sobre inmigración y, por ello, decidió mantener bloqueadas las partes más importantes del decreto.
Demasiados golpes, y aunque Trump es un auténtico fajador y hará lo imposible para evitar el nocaut, el conteo va en contra y por lo menos, de seguir así, perdería por decisión.
