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Ganar o morir en el 2016 para RMV

Quirúrgica debe ser la estrategia que implemente el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas (RMV) para poder ganar los comicios del 2016 y la minigubernatura con el presidente municipal de Puebla, Tony Gali.

El camino del mandatario no es nada fácil, mucho menos las circunstancias políticas en Puebla, los factores, los enemigos. Están latentes, al asecho, y son muy peligrosas varias amenazas que pudieran perjudicar su paso.

La próxima elección local para RMV, la del 2016, no es como la del 2010, ni como la del 2013; el potencial propagandístico, mediático, de aceptación entre los ciudadanos tampoco se ha mantenido, no es el más adecuado para poder lograrlo.

Sin embargo, el gobernador del estado, el máximo operador del morenovallismo, el único responsable de obtener su pase para el 2018 -el triunfo en la elección del 2016- aún está a tiempo de resolver su entuerto.

El descontento de la gente, de los poblanos, el peligro más grande y grave que podría perjudicar el paso del morenovallismo con rumbo al proyecto presidencial, bien podría resolverse si el gobernador lo quiere.

Sólo tiene que recordar lo que pasó con el marinismo y su debacle en 2010.

Sólo es cosa de querer recomponer su estatus.

El ex gobernador Mario Marín Torres tuvo que entregar la plaza por toda la estela de corrupción, abusos, fraudes y excesos en su administración con cargo al erario; por toda la soberbia que caracterizó al oriundo de Nativitas Cuautempan.

A Marín el agua le llegó hasta el cuello particularmente por la soberbia.

Su equipo se fragmentó junto con el PRI. Al zavalismo y a su entonces posible sucesor, Javier López Zavala, le jugaron chueco.

Entonces, el PRI marinista sólo tenía tres enemigos grandes que ponían en riesgo la extensión de su reinado: la periodista y escritora Lydia Cacho Ribeiro, algo que se llama SOBERBIA y Rafael Moreno Valle.

Los panistas yunquistas no eran una amenaza solos, mucho menos el resto de la oposición en Puebla.

Todos, sin excepción, se rendían y postraban ante los pies del marinismo.

Por la asquerosa corrupción y el tráfico de influencias, la periodista Lydia Cacho, quedó anulada, junto con sus denuncias, para poder incluso derrocar al marinismo antes de terminar su sexenio.

Sorprendentemente a Mario Marín nunca lo juzgaron, ni encarcelaron, ni siquiera molestaron las autoridades judiciales federales por la detención de la también escritora y principal combatiente de la pederastia en el país.

Lydia Cacho sólo alcanzó a marcarle la frente a Marín con el histórico mote del “Góber Precioso”, algo que lo selló para toda su vida y que le acarreó un desprestigio infinito que a pesar de todo no lo tiró.

Después de ese trance, el marinismo presumió a los cuatro vientos y asumió aquello que reza: “lo que no te mata te hace más fuerte”.

La soberbia llevó a los marinistas y a su líder a imponer a Zavala como candidato al gobierno del estado, muy por encima de la decisión del grueso de los priistas. Sin embargo, al final Marín traicionó a su gallo, lo negoció, lo vendió y lo entregó al morenovallismo.

A esas alturas, RMV ya era uno de los personajes más populares por la intención de acabar con el góber precioso, de frenar el continuismo, de castigar los abusos de poder y la corrupción.

Convenció al PAN de entregarle candidatura al gobierno del estado, logró unificar a las fuerzas políticas en Puebla, sumó a los priistas desplazados e inconformes con el marinismo a su campaña y vendió muy bien la idea del cambio en Puebla a los poblanos.

El marinismo no pudo con el morenovallismo por su soberbia, por pensar que el poder es eterno. Por creer que la traición no existe, ni el hartazgo ciudadano.

Así que combinado el hartazgo y el cambio morenovallista Mario Marín perdió el poder y la elección del 2010.

La gente se cansó de tener a la familia Marín completa en el poder en distintos cargos. Salió a las urnas y votó por RMV.

Empero, hoy los enemigos del gobernador no son tres, ni cuatro.

El panorama político-electoral para el morenovallismo es gris, tiene encendidos los focos rojos y puede arrastrar a toda su clase.

Los enemigos, insisto, son muchos: el hartazgo ciudadano por la foto multa, los verificentros, por RUTA, por el agua y sus cobros abusivos, AMLO y Morena, el gobierno federal de Enrique Peña Nieto, una parte del PRD -local y nacional-, José Juan Espinosa Torres, edil de San Pedro Cholula, el PAN yunquista y su líder Rafael Micalco Méndez, los burócratas despedidos de sus trabajos, la inseguridad, los enemigos encarcelados, los medios y políticos enemigos.

Y a esto tendría que sumar el morenovallismo las posibles traiciones y la debacle natural por el fin del sexenio.

Si el morenovallismo quiere ganar la próxima elección local que empiece la operación cicatriz cuanto antes.

De lo contrario sólo va a arrastrar y a perjudicar el perfil, la imagen fresca y la figura de Tony Gali.

Al tiempo.

En Twitter: @poncharelazo