EPN, su primer informe
En poco o en nada ha cambiado la situación del país en el último año gobernado por el presidente de México, Enrique Peña Nieto (EPN), quien, como lo dije ayer, parece más preocupado en que la negociación política al seno del Congreso de la Unión no se le descomponga para aprobar las mentadas reformas estructurales que en la seguridad, el desarrollo y el crecimiento directo del país.
Si bien el primer año del gobierno peñista pudo haber servido para sentar las bases de la transformación del país, tal y como lo afirma el propio mandatario, lo cierto es que los cambios en la nación han sido pocos y aún no se han sentido.
Aún no se ve cómo y por dónde se podrán disminuir y erradicar graves fenómenos sociales que permanecen y se extienden a pasos agigantados, como la inseguridad, el narcotráfico, la pobreza y el desempleo.
Mucho menos se han logrado los equilibrios de poder que Peña necesita para mantener el verdadero control de México.
Y lo peor, la gasolina y todo sube, sube y sube.
Por otra parte, las protestas, desmanes y manifestaciones de la CNTE parecen haber ganado su primera batalla al gobierno federal, el cual tuvo que modificar toda la realización del primer informe de labores de EPN.
Con esto aparentemente el gobierno de la República habría doblado las manos ante los reclamos de los maestros disidentes; sin embargo, al menos el Congreso de la Unión aprobó la reforma educativa y la llamada Ley General del Servicio Profesional Docente.
Las modificaciones a la ley en la materia, según, pretenden iniciar la transformación y mejoramiento de la educación.
Empero, temas como el debate sobre Pémex y la reforma energética, así como la hacendaria y algunas otras, aún mantienen polarizado al país y siguen en el estire y afloje por parte de los diputados, partidos y líderes sociales.
Los avances en el último año para México no han sido los mejores y hay que reconocerlo.
Peña Nieto, en lo personal, creo que ha pecado de prudente en varios temas que debieron atacarse y resolverse de facto.
El tema de la educación, tal vez, sea su principal logro, toda vez que aún mantiene encarcelada a Elba Esther Gordillo Morales, ex líder del SNTE, y quien representaba, según, un peligro para la estabilidad del país y la mejora en la calidad de la educación.
Pero, ¿realmente se logró algo con el encierro de la maestra?
¿Qué se ha alcanzado con el mentado Pacto por México?
¿Cuántos menos secuestros y muertes por la grave inseguridad se han dado?
¿Cuál es la estrategia para disminuir los graves índices de inseguridad en estados altamente peligrosos, en donde este fenómeno crece y crece?
¿Es México un país menos corrupto?
¿Cuántos menos miserables ha logrado rescatar la Cruzada Nacional contra el Hambre?
Lo cierto es que ni el gobierno de EPN, ni de los panistas, Felipe Calderón Hinojosa y Vicente Fox Quesada, lograron avances importantes en su primer año de gestión.
El presidente de las botas nunca gobernó por sí sólo, toda vez que su esposa, Martha Sahagún, y sus hijos, los hermanos Bribiesca, eran los que decidían las cosas en el país.
En tanto, el sexenio de Calderón se dedicó a mantener su guerra contra el narcotráfico que dejó una estela de muerte, inseguridad, corrupción y abuso de poder que tampoco terminó de la mejor manera.
Creo que de lo más destacable con Calderón fue la desaparición de Luz y Fuerza del Centro, gremio que estaba convertido en un verdadero cochinero que sólo beneficiaba a sus líderes y titiriteros.
A Peña, al menos, aún le faltan cinco años más para demostrar de qué está hecho.
Lo que llama poderosamente la atención es ver cómo mientras el gobernador, Rafael Moreno Valle Rosas, se convierte en uno de los aliados más fuertes de EPN, sus compinches en Puebla, dígase funcionarios, líderes partidistas, empresarios, entre muchos otros, se acaban al mandatario nacional en los medios con sus declaraciones por su primer año de trabajo.
¿Quién los entiende?
¿Somos o no somos?
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